El abogado de la familia de Tomasso explicó que la idea es eliminar posibles dolores que sufra el pequeño.
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Los
padres de Tomasso, el niño italiano de dos años y medio que ha tenido a toda Italia pendiente tras recibir un
corazón dañado en diciembre por presuntamente graves deficiencias en el transporte del órgano,
autorizaron los tratamientos paliativos "porque lamentablemente no hay esperanza".
El abogado de la familia, Francesco Petruzzi, explicó a los medios que se solicitó al hospital de Nápoles donde está ingresado el pequeño, que comiencen los tratamientos paliativos para
eliminar posibles dolores y subrayó que "
no es eutanasia, sino un procedimiento que sirve para evitar un tratamiento agresivo, porque lamentablemente no hay esperanza".
Tras una exhaustiva evaluación médica y el estudio de los últimos exámenes por un equipo de especialistas de los principales hospitales italianos especializados en trasplantes pediátricos,
se concluyó que las condiciones actuales del niño no son compatibles con una nueva intervención quirúrgica, a pesar de que este martes se había notificado la posible disponibilidad de un órgano compatible.
Según las primeras investigaciones sobre el trasplante del corazón dañado en el Hospital Monaldi de Nápoles,
el órgano que viajó desde Bolzano (norte) se dañó por el uso de hielo seco durante su transporte dentro de un contenedor médico de plástico el pasado 23 de diciembre.
Del caso se están ocupando tanto las fiscalías de Bolzano como de Nápoles, ya que se cree que el hielo seco que se usó en la primera localidad fue uno de los factores clave en el caso, pero el corazón del bebé se implantó en la segunda ciudad a pesar de que ya estaba dañado.
El niño permanece ingresado en estado crítico en la unidad de cuidados intensivos del Monaldi,
conectado a un sistema ECMO (oxigenación por membrana extracorpórea), que reemplaza temporalmente las funciones del corazón y los pulmones.
La madre de Tomasso, Patrizia Mercolino, luchó hasta el final para poder conseguir un corazón para su hijo y la noche del jueves participó a una procesión organizada en Nola, donde vive, en la que participaron cerca de 300 vecinos para darle apoyo con numerosos globos rojos en forma de corazón, decenas de velas encendidas y una pancarta que decía "Por nuestro guerrero".