Familiares de víctimas de Beslan aún no saben cómo comenzó el ataque

Centenares de personas, reunidas en la plaza central del pueblo, aguardan noticias y, mientras, recuerdan una y otra vez los sucesos de ayer, cuando la muerte, el caos y el desconcierto inundaron la ciudad, y miran a la izquierda, donde a escasas decenas de metros está el lugar donde empezó todo.

04 de Septiembre de 2004 | 08:14 | EFE

El dolor de los familiares aumenta por la escasa información que han tenido sobre el ataque. Foto: Reuters.
BESLAN.- Un día después del trágico desenlace de la crisis de los rehenes del colegio de la ciudad de Beslán nadie tiene claro cómo sucedió, mientras los equipos de rescate recuperan cadáveres del recinto escolar.

Centenares de personas, reunidas en la plaza central del pueblo, aguardan noticias y, mientras, recuerdan una y otra vez los sucesos de ayer, cuando la muerte, el caos y el desconcierto inundaron la ciudad, y miran a la izquierda, donde a escasas decenas de metros está el lugar donde empezó todo.

Allí, los cordones policiales cierran el paso hacia las humeantes ruinas de la escuela, donde los zapadores desactivan explosivos y los equipos de rescate sacan cadáveres de entre los escombros.

De lo que nadie duda en esta plaza es de que el presidente ruso, Vladímir Putin, no ha mentido, cuando esta mañana aseguró que no se planeaba el empleo de la fuerza".

"La situación cambió de forma muy rápida y brusca" dijo Putin, a quien poco antes, aquí mismo, en Beslán, un oficial de Seguridad informaba de que aún se estaba investigando cómo comenzó todo.

"Estamos tratando de investigar cómo comenzó todo, si las primeras explosiones fueron fortuitas o premeditadas", le dijo.

Entre los rehenes hay quienes aseguran haber visto como del techo se desprendió una de las granadas que los terroristas habían pegado con cinta adhesiva.

Otros, como Alexandr Pógrebov, de 9 años, afirman que fueron los terroristas mismos quienes lanzaron una granada a la multitud, provocando el pánico.

Decenas de rehenes saltaron por las ventanas y se dieron a la fuga, los terroristas abrieron fuego contra ellos y desde fuera les respondieron las ráfagas de los policías osetas que mantenían el cerco del edificio.

Algunos policías se lanzaron al encuentro de los retenidos que huían, para ayudar a los menores o recoger a los heridos, otros irrumpieron por las ventanas en la sala del gimnasio.

Fue entonces cuando sonaron otras detonaciones, cuando una de las explosiones hundió el techo sobre el gimnasio sepultando a decenas de personas bajo sus escombros.

Todos coinciden en que durante casi media hora fueron los policías locales quienes combatieron contra los terroristas hasta que entraron en acción los destacamentos de asalto.

Mientras, parte de los terroristas intentaba huir de la escuela, con lo cual los rehenes que huían se veían bajo el fuego cruzado de los que seguían atrincherados en el edificio por un lado y las fuerzas del orden y paisanos armados con escopetas por el otro.

Confirman semejantes afirmaciones las palabras del jefe del Servicio Federal de Seguridad de Osetia del Norte, Valeri Andréyev, quien indicó que "el fuego de locales, en cierta etapa, impidió la actuación eficaz de las tropas de asalto".

En unos 20 minutos los profesionales habían tomado casi todo el edificio y solo un reducido número de terroristas seguía disparando en el interior.

Pero también en la ciudad continuaban los tiroteos y las explosiones.

Un grupo de terroristas se abría camino barriendo las calles con sus ráfagas y explosiones de granadas.

Contra ellos fueron lanzados helicópteros y carros de combate, que, al final, lograron bloquearlos en una casa y reducirlos.

Mientras, otros terroristas sembraban el pánico en los alrededores de la escuela, a escasos metros de la cual, junto al café Irbis, una de las terroristas disfrazada de enfermera activó en medio de la multitud una bomba que llevaba encima.

Varios de los presentes dicen haber visto cómo "la mujer vestida de blanco desapareció en una columna de humo" y un instante después oyeron la detonación.

La situación se agravaba aún más por la incertidumbre, pues nadie sabía a ciencia cierta cuántos centenares de rehenes había.

Incluso hoy, un día después, en Beslán siguen sin saberlo. Simplemente se limitan a contar los cadáveres que aparecen bajo los escombros.

Hacia las tres de la tarde hora local (11.00 GMT) los equipos de socorro habían recuperado 322 cadáveres, 155 de ellos pertenecientes a menores.
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