"En Marruecos me robaron": Las aventuras de Luis Eguiguren, uno de los pocos chilenos que corrió el Dakar en África

El piloto nacional disputó la carrera en suelo africano en 2002, pero sobre una moto, lo que recuerda junto a Emol con mucho entusiasmo. Hoy afronta la competencia en un UTV, donde asegura que "son las manos las que mandan y no el billete".

10 de Enero de 2019 | 23:00 | Por Fabrizio Belmar, enviado especial a Perú
El Mercurio
AREQUIPA.- Actualmente, en Perú se respira Dakar. De forma inédita, la extrema carrera pasará de manera íntegra por un solo país, y en suelo incaico todos están al tanto de la carrera.

Y los chilenos no están ajenos a ello. La armada nacional llegó en buen número (18) a buscar la gloria en la prueba tuerca que antaño vivía sus días por el salvaje territorio africano. En aquellos tiempos, pocos eran los criollos que pudieron vivir la experiencia de competir en África.

De hecho, sólo seis nacionales lo hicieron: Enrique Pinochet (aunque lo hizo por un equipo venezolano), Pedro Palacios, Carlo de Gavardo, Luis Eguiguren, Pablo Levalle y Francisco "Chaleco" López. De ellos, dos están hoy en Perú para volver a la competencia.

Uno de ellos es "Lucho" Eguiguren, quien a bordo de un UTV se motivó para volver después de cinco años a la competencia off road más extrema del orbe. Y tal como en 2002 en África hoy sigue corriendo la prueba.

Al piloto de 62 años se le ve tranquilo. Camina sin prisa por el campamento ubicado en San Juan de Marcona, a la vez que observa detenidamente los autos, motos y quads que circulan a su alrededor. Se detiene en el sector donde está ubicado su vehículo. Mira el espectáculo que lo rodea. El ajetreo y fuerte ruido del lugar contrasta con la serenidad de su mirada, la que se pierde recordando episodios anteriores de su experiencia como piloto.

"Yo fui a África en 2002, cuando la tecnología no era la misma que la de hoy", rememora. De manera instantánea los recuerdos de aquel pasaje de su vida comienzan a bombardearlo de manera casi automática. Y su semblante cambia. Se le ve feliz al rememorar aquello.

"Tengo una anécdota muy buena de allá", dice y una sonrisa se dibuja inmediatamente en su rostro. "En Marruecos, el primer día de dunas, me robaron", recuerda.

Luego integra más datos. "Unos cabros ahí me metieron las manos atrás en la moto. Yo tenía un estuche donde llevaba la baliza y mi Leatherman, mi herramienta. Mientras hacía partir la moto, porque me había pegado un porrazo en una duna, vi que los cabros se robaron la baliza y mi herramienta, que me había regalado un amigo, así que era muy especial para mí".

Pero la historia no quedó ahí. "Un año después, Giorgio de Gavardo, el papá de Carlo, andaba dando vueltas en un pueblo en Marruecos y encontró mi Leatherman. La compró en 40 euros y me la mandó de regalo. Tenía mis iniciales y supo que era la mía", recuerda.

Su experiencia vuelve a él con nostalgia. Era una época diferente para vivir el Dakar, una aventura, como le gusta recordar. Las condiciones tampoco eran las mismas, y aquello le aportaba una dificultad mucho mayor a la competencia, y les daba un valor agregado a los competidores. "Había más camaradería. Las estrellas dormían y comían con los que no éramos estrellas".

-¿Qué lo motivó para ser parte de este extremo desafío en África?

"Un día conversando con un grupo de amigos dijeron que Carlo (de Gavardo) era Superman por correr el Dakar. Yo dije que no era Superman. Que sí era súper bueno, pero que nosotros también lo podemos hacer. Yo dije que organizaba todo y empecé".

-¿Y cómo fue el proceso para llegar al Dakar en África?

"Traje a Chile a Hubert Auriol que era el director de la ASO y a la directora de operaciones de ese tiempo. Estuvieron dos días en Chile, hicimos un cocktail para los pilotos, los llevé a diferentes canales de televisión, almorzamos en El Mercurio. Hice una comida en mi casa con los posibles corredores que iban. Y empezaron a arrugar de a poco y yo dije 'no pienso arrugar, todavía puedo'".

"Lucho" no se detiene. Ordena sus cosas, monta su carpa, revisa que todo lo de su auto esté en perfectas condiciones. Así lo exige el nivel de la competencia, la que requiere de un máximo de concentración y cuidado día a día. Pero su cabeza tampoco para.

Mientras observa cómo en su equipo revisan su vehículo, el experimentado piloto vuelve atrás. Vuelve a recordar y nuevamente su mente emprende un viaje relámpago a África. Cuando estuvo allá corriendo, pero debió abandonar la competencia por una durísima caída, la que lo dejó inconsciente por más de una hora en el desierto por seguir la pista del también motociclista Jean Brucy.

"Desperté y estaba Giniel de Villiers, quien después ganó el primer Dakar en Sudamérica en autos, al lado mío haciéndome cariñito en la cara -dice entre risas-. Y cuando abrí un ojo me dice: 'Ya, no te preocupes, ya vienen los helicópteros'. Me dejó su caramayola con agua y se fue. Él me vio desde su auto cuando me caí y quedé inconsciente".

Se pone en pie y vuelve a caminar. Acompañado a veces por otros chilenos, en otros momentos solo, su mente está cien por ciento puesta en el Dakar. Pero no sólo en éste, no sólo en Perú. Eguiguren no sólo sobrevivió a las inclemencias del rally en África, sino que también se sumó a la experiencia de correrlo en Sudamérica, cuando éste pasó por Chile, "por la puerta de la casa".

Sus aventuras en Sudamérica


"Con mi amigo Jorge Latrach y con Gabriel Peschiera nos conseguimos que Toyota nos vendiera unos autos baratos y los armamos aquí en Chile. Trajimos a un argentino para que viniera a revisar cómo estábamos armando las jaulas y todo. Corrimos el Dakar, dimos la vuelta y llegamos. Pasaron cosas increíbles", afirma. Su cara vuelve a adquirir ese gesto nostálgico.

Recuerda cuando tuvo desperfectos mecánicos y su mujer cruzó la cordillera con repuestos para permitirle retomar la carrera. "No sé cómo entró al bivouac, pero nos salvó la vida para poder terminar". O incluso, cuando en plena carrera una pareja de señoritas se levantaba la polera al paso de cualquier competidor. Situaciones que, asegura, sólo las entrega y sólo se viven en el Dakar.

Pero a pesar de los miles de recuerdos que vuelven a la mente de Luis al pensar en la carrera, su mente también está fija en el presente, aquí en Perú. Si bien le gusta la aventura, también le gusta competir. A sus 62 años, asegura, no está para pelear la punta, pero sí lo motiva la idea de correr de tú a tú con los mejores. Aunque recalca que "esto no es ir a África, no es ir al sur de Argentina".

"Las oportunidades hay que tomarlas, porque uno no sabe cuándo se van a repetir. He tomado hartas oportunidades en mi vida y no me arrepiento", recuerda "Lucho". Y aquí está en Perú, tomando esta nueva oportunidad, ahora a con más años encima, pero mucha más experiencia también. No es África, como mencionó, pero este piloto chileno ciertamente buscará seguir viviendo la aventura en el Dakar, la carrera más extrema del mundo, y así seguir sumando recuerdos a su ya amplia bitácora personal.
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