El duro camino recorrido por las futbolistas que le abrieron las puertas a la actual "Roja" Femenina

La primera selección de mujeres se armó a principios de los noventa. Las jugadoras tenían que lidiar con el machismo y se les "pagaba" con una colación..

19 de Junio de 2019 | 23:59 | Por Felipe Santibáñez, Emol
Cedida por Rodrigo Retamal
En el Roazhon Park de Rennes, Francia, empieza a sonar el himno de Chile. Es la primera vez que una selección femenina de fútbol escucha esa música en una Copa del Mundo. Desde distintas partes, otras mujeres las miran con especial atención, no solo como hinchas. Todas se sienten parecido. El duelo contra Suecia arranca, pero les cuesta abstraerse en los primeros minutos. Para muchas es mirarse en un espejo con un desfase de 20 o 30 años. Se les mezcla una alegría honesta con una sensación de que ese momento también pudo ser suyo.

Ellas también jugaban fútbol hace más de dos décadas. Se curtieron en la precariedad y pasarían varios años para ver cambios modestos. No les gustaba perder, pero no podían hacer más. Su triunfo vendría con el tiempo.

Preparación y prejuicios


En 1991 a la Federación chilena se le notificó que se iba a realizar un Sudamericano femenino en Brasil, específicamente en las localidades de Maringá y Cascavel, y que otorgaría un cupo al Mundial de China, el primero de la historia. Se designó como técnico a Bernardo Bello, ex goleador de Colo Colo, y se hizo un llamado masivo para reclutar jugadoras a través de la prensa. Llegaron 400 y quedaron 18.

"Las chicas muchas veces no tenían cómo almorzar"

María Henríquez

"El principal déficit era táctico. En general, las jugadoras de esa época eran técnicamente muy dotadas, talentosas, buenas para la pelota. Pero faltaba la táctica", comenta Rodrigo Retamal, periodista y autor de "La batalla de las pioneras", libro que narra la historia de esa selección.

No existía liga profesional ni divisiones inferiores. Las chicas que querían jugar aprendían mirando la tele o con algún primo o hermano, no sin antes ganarse el respeto a la brava en el barrio. Así lo recuerda Isabel Berríos. Creció pateando la pelota en las polvorientas canchas de Pudahuel y decidió ir a probarse a la selección. Saltó a la cancha acomodándose a la carrera el peto que le habían pasado. En eso, viene una pelota alta y larga. Como si nada, la amortiguó y la dejó quieta. Ahí se acabó la prueba para ella.

"A mí me habían puesto la 'Maradona chilena', un periodista de ese entonces. Jugaba de volante de creación. Fue difícil para nosotras. No había nada, no había camarines, no había instrucción. No había claridad de lo que se podía hacer y lo que no podía hacerse, cómo trabajar", le dice a Emol.

María Henríquez, la "Paloma", concuerda con su compañera. Es de Lota, hija de mineros del carbón y empezó en el fútbol después de que la vieran dominar con facilidad una pelota de tenis. Se enroló en Lota Schwager y Deportes Concepción. En un duelo que se disputó en Santiago, la vio el DT Bernardo Bello y le pidió que se quedara.

"Teníamos cero apoyo, afortunadamente mi familia me ayudó a costear mis gastos y me pude quedar en la casa de unos tíos. No nos daban para la micro, no teníamos zapatos de fútbol, no teníamos camisetas. Sufrimos bastante, pasamos hartos momentos agridulces. Las chicas muchas veces no tenían cómo almorzar y lo poco y nada que teníamos lo repartíamos entre nosotras. Fue una selección de amor propio, queríamos hacer historia", cuenta.

La "Roja" en el Sudamericano (Libro "La Batalla de las Pioneras")

El viaje y la estadía corrían por cuenta del organizador. Sin embargo, las pellejerías aparecían una tras otra en Chile. El equipo solo pudo jugar amistosos a nivel local ante elencos locales y el "pago" por ir a entrenar era una colación. Tampoco habían camisetas y les tuvieron que pasar unas de hombre que luego debían devolver. "Lo único que nos dieron fueron tres pares de calcetas", apunta María Henríquez.

"Las camisetas eran unos sacos para nosotros, que éramos bajitas y delgadas. Nunca nos dieron un juego de camisetas nuevas. Éramos talla S y lo que nos pasaban era L de hombre. Parecíamos payasas. Cada uno tuvo que arreglarlas en su casa. A las brasileñas las auspiciaba Nike, tenían tremendos zapatos. Nosotros las molestábamos y les decíamos que cambiáramos. 'Chacoteábamos', si no nos íbamos a poner a llorar", apunta Ximena Albuquerque.

Para ella, además, había una complicación extra. "Para poder viajar tuve que encontrar a alguien que me cuidara a mi niña de cuatro años. No había ningún apoyo para las que teníamos hijos", expresa.



Chile perdió por 6-1 con Brasil y le ganó 1-0 a Venezuela. Pero más allá del rendimiento, lo que llamaba la atención en el país era lo "raro" de ver a mujeres practicando fútbol.

La participación internacional no ayudó a desmitificar los prejuicios. Varios futbolistas hombres decían que no era deporte para mujeres y los humoristas contaban repetidamente el chiste del cambio de camisetas o se burlaban del corte de pelo o el peso de algunas jugadoras.

"Era cruel. Y lamentablemente era una visión hegemónica. Es cosa de recordar el refrán de que 'el fútbol es para hombres' o el 'pégale como hombre'", dice Rodrigo Retamal.

"En ese tiempo era muy mal mirado. La gente que jugaba era lesbiana, era marimacha. Las mujeres teníamos que estar en la cocina haciendo otro tipo de actividades, según los hombres. Fuimos muy criticadas por la sociedad”, añade "Paloma" Henríquez.

Lo que no podía saber ese grupo es que habría eco. En marzo pasado, Daniela Pardo, actual seleccionada chilena, llegó a la marcha por los derechos de la mujer con una enorme pancarta en que se leía: "Miren dónde llegó 'Juana tres cocos'".

Un campeonato con mucha buena voluntad


"A la vuelta de Brasil, queríamos que la ANFP se hiciera cargo del diseño de un campeonato profesional", expresa Isabel Berríos. Pero nada de eso ocurrió. Terminaron jugando bajo el alero de la Asociación de Fútbol Amateur (ANFA) en un campeonato de doce equipos y que casi siempre era peleado por Universidad de Chile, Unión Española o Santiago Morning.

Carmen Gloria Arce está sentada en el living de su departamento y por sus dedos se deslizan recortes de prensa algo amarillentos por el paso de los años. En la mesa tiene la camiseta de la selección chilena junto a los pasajes para viajar al Mundial de Francia. De fondo suena el relato de un partido de fútbol y echa a rodar la memoria. Por su cabeza desfilan nombres, imágenes, anécdotas.

"Una tenía que ser profesional, aunque no la viera nadie"

Carmen Gloria Arce

Recuerda que partió jugando a mediados de los noventa en Deportivo Renca, ya con 24 años de edad. Su carrera la hizo entre Universidad de Chile y Santiago Morning, terminando varias veces como goleadora del torneo. Le tocó jugar en canchas de tierra con alguna que otra champa de pasto y no olvida lo difícil que era conseguir árbitro o entrenador. Todos los domingos al final de los encuentros, además, se turnaba con sus compañeras para llevarse las camisetas y lavarlas en la casa.

"Era como un club de barrio, aunque pertenecíamos a la Universidad de Chile. No conocíamos otra cosa. Creíamos que era lo correcto y con que tan solo nos pasaran la indumentaria éramos felices. De repente teníamos el apoyo de jugar de preliminar de los clásicos", manifiesta Carmen Gloria, y se apura en tomar su celular y reproducir un gol de chilena que le anotó a Colo Colo en el arco sur del Estadio Nacional.

Pese a las penurias, Arce vivía con una disciplina monacal. Se enojaba cuando veía a colegas fumando en la cancha o destapando botellas de cerveza al finalizar los encuentros. "Una tenía que ser profesional, aunque no nos viera nadie", acota. Ella trabajaba como tecnóloga médica y después de su jornada laboral corría para ir a entrenar. Ninguna de sus compañeras vivía del fútbol, sobrevivían a pesar de él.

Campeonando con S. Morning (Cedida por C.G. Arce)

"Nunca teníamos estadio fijo para entrenar. Si era el de Ferroviario, por ejemplo, no había luz. Nosotras nos teníamos que conseguir focos prestados o comprar focos grandes para iluminarnos", rememora.

"O entrenábamos en Cerrillos o en el estadio de San Bernardo. Yo vivía en Renca. Trabajaba en Plaza Italia, tenía que llegar al centro, tomar una micro e irme a San Bernardo. Cuando había proceso de selección era toda la semana entrenando. Llegaba a las 12 más o menos a mi casa, en pleno invierno, no se veía un alma con la neblina. Y me ponía a desarmar el bolso y volver a armarlo para el otro día. Nunca pensé en retirarme", añade.

A Verónica Banda, que compartió equipo con Carmen Gloria y que estuvo en a preselección del 91', le tocó la suerte en esta vida. En 2004 se ganó el Kino y trece años antes River Plate se la llevó a Argentina luego de pasar por la U. Allá encontró otro mundo.

"En River teníamos utilero, concentrábamos los viernes ante de los partidos, teníamos buses a los estadios, nos llevaban, nos traían. Entrenábamos de lunes a jueves. Teníamos gimnasios, médicos, kinesiológos, preparador físico. Era profesional. Jugábamos en los estadios de Boca, Racing, Independiente. Acá ni siquiera éramos futbolistas, éramos mujeres que jugaban a la pelota no más", cuenta.

Regresó en el '97, y la realidad la golpeó. "Los dirigentes ponían mucha resistencia. Ellos preferían el primer equipo o los cadetes, para mujeres no había dineros. Fue difícil para nosotras. Si una jugadora se lesionaba, había que organizar bingos y rifas ", se lamenta.

La selección en 1998 (Cedida por C.G. Arce)


En la sede de la ANFA había voluntad y poco más. Por años, no hubo una oficina en la sede para el fútbol femenino. Tampoco secretaria, con suerte una libreta y un papel.

Carmen Gloria cuenta que ellas pagaban entradas en los estadios cuando salían de visita y cobraban cuando eran locales. Le pedían ayuda a amigos o familiares para cortar los boletos. Con eso generaban sus propios recursos y, entre otras cosas, podían costear los trofeos que se repartían al final del campeonato.

Derribando muros


Los resultados en la selección no mejoraron. Brasil y Argentina se repartían el cupo y medio que se le daba a Sudamérica para los Mundiales. Chile nunca estuvo cerca de clasificar y acumuló goleadas.

"Por fin la mujer está en el sitial que merece"

Isabel Berríos

"Los procesos se empezaban tres meses del campeonato y con un montón de deficiencias. No había un trabajo sistémico y los resultados lo demuestran", afirma Verónica Banda.

Recién en 2008, con Harold Mayne-Nicholls en la testera de la ANFP, mejoraron un poco las cosas. Se diseñó un proyecto serio a nivel de selecciones y, por fin, se profesionalizó el campeonato.


Parecía que todo se iba a perder con la llegada de Sergio Jadue al poder, que incluso hizo construir un ascensor que iba directo a su oficina en Quilín con 250 mil dólares destinados al fútbol femenino. Pero, al igual que 28 años atrás, se resistió por la voluntad de las mujeres, muchas sin contrato y desde hace poco con seguro médico. No sin sufrir, por primera vez la "Roja" se clasificó a una Copa del Mundo

Isabel Berrios, pionera del '91, se hizo entrenadora profesional y formó a varias de las que hoy están en Francia. La movía el deseo por mejorar las cosas y, cómo no, la pasión. "Siento mucha alegría, mucha felicidad Por fin la mujer está en el sitial que merece y que tanto hemos buscado. Es un orgullo", opina.

Carmen Gloria Arce, que disputó los Sudamericanos de 1998 y 2004, ya llegó a Francia para ver el Mundial. Allá entendió cuál había sido su victoria. "Me hubiese gustado jugar algo así. Yo por más que me esforcé nunca pude llegar a eso. Alcancé a jugar con varias de las chiquillas. Pero nosotras, especialmente las más antiguas que yo, pusimos un granito de arena. Le gritamos al mundo que existimos".
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