Uno se tomó revancha y la otra volvió del retiro: La historia de los judocas que acabaron con una sequía de 36 años en JJ.PP.

Thomas Briceño consiguió el oro y Mary Dee Vargas el bronce. Ahora ambos van por la clasificación a los Olímpicos de Tokio.

24 de Agosto de 2019 | 12:03 | Redactado por Felipe Santibáñez, Emol
Agencias/Emol
Otra vez lo mismo, pensó Thomas Briceño. El judoca llevaba meses preparándose con rigor espartano para los Panamericanos, pero una nueva lesión colocaba un manto de duda sobre su participación. Problemas físicos ya lo habían lastrado en los Sudamericanos de 2014 y en los Panamericanos de 2015. La misma frustración lo comenzaba a carcomer.


"Me corté el ligamento interno de la rodilla, me tuvieron que infiltrar. Estuve todo junio sin poder hacer judo, solamente recuperando la rodilla. En un segundo, vi lejana la medalla. Me decía a mí mismo: 'Estoy pasando por lo mismo nuevamente, ¿qué voy a hacer'", le cuenta a Emol.

Le dieron el alta en julio. El tic tac del reloj apremiaba y el miedo a una recaída pasaba como un fogonazo que alumbraba sus recuerdos más oscuros. Sin embargo, ese temores colisionaban con su deseo de revancha.

"En el minuto en que el doctor me da el alta, me enfoqué en entrenar, sin parar, sin permitirme pensar en la lesión. Fue ese entrenamiento que me hizo sacar lo mejor de mí e ir a Lima sin el temor de que estaba retrasado en la preparación por la lesión", comenta.

En la capital peruana, Briceño asegura que en ningún momento sintió dolor. Era como si llevase unas anteojeras que le impidiesen mirar hacia atrás. "Tenía tanta obsesión, tantas ganas. Si me dolía algo, no lo pensaba", apunta.

No tuvo mayores problemas para sacar del camino al colombiano Carlos Garzón. Le costó un poco más con el cubano Liestar Cardona, pero pudo sacarlo adelante. Así, se metió en la final ante el estadounidense L.A. Smith III.

No empezó bien el atleta nacional. A los dos minutos sufrió un wazari y después le marcaron una falta. Quedaba un minuto con 20 segundos para el desenlace.

Pese a la posición en la que estaba, Briceño no sintió angustia. Miró a su entrenador y él le recordó la táctica. Con un rápido movimiento, logró poner su pierna izquierda por detrás de su rival y empujó con todas sus fuerzas hasta hacerlo de espaldas y conseguir el ippon. Se acabó, la medalla de oro en la categoría 100 kilos era suya.

Un hondo grito reverberó en la arena, mientras el entrenador del norteamericano movía la cabeza para expresar su molestia. Briceño estaba atrapado en un remolino de emociones.

"Posterior a la falta hago el ippon, el equivalente a un knock-out, y gano. Se me vienen todas las emociones encima. Salto de alegría, me pongo a llorar y abrazo a mi entrenador. Le di las gracias, porque él también fue el que creyó en mí. Cuando me veía bajoneado, me decía que podía, que me lo creyera", expresa.

Briceño hizo historia. Tal como en Río 2016, cuando fue el primer judoca chileno en ganar un combate en los Olímpicos. Nunca su disciplina había conseguido un oro en unos Panamericanos, pero antes que él, hubo otra deportista que rompió una marca: Mary Dee Vargas.

La mujer que prefirió el Judo a la Escuela Naval y que volvió del retiro


Fue un combate de larguísimo aliento. Un esfuerzo colosal que exigió al máximo cabeza y músculos. Trece minutos de brega que acabaron con Vargas (categoría 48 kg.) obteniendo el bronce ante la brasileña Larissa Farias.


Esa imagen de Vargas con las manos cubriéndose el rostro y con lágrimas en los ojos pudo nunca haber ocurrido. Su papá practicó judo y desde que era una niña de cinco años la llevaba al dojo. Los logros no tardaron en llegar, pero en plena adolescencia la deportista lo dejó.

"Tuve lesiones. Llevar estudios y deportes, además, es súper complicado, sobre todo en una etapa de colegio, en la que no recibí mucho apoyo", declara.

Vargas se sentía perdida. Una buena PSU le abrió el abanico de opciones y finalmente se decantó por arquitectura en la Universidad Católica. Si bien también pensó en la Escuela Naval, a esa altura había tomado otra decisión importante.

"Cuando me salí de la enseñanza media, decidí volver al alto rendimiento. Ir a la Escuela Naval implicaba irme a Valparaíso, por ende me era imposible entrenar en el Centro de Alto Rendimiento en Santigo y estudiar en Santiago", apunta.

Le costó, y mucho, recuperar el tiempo perdido. Los casi cinco años sin entrenar se sentían en el cuerpo y en la memoria.

"Partí de la nada la verdad, casi no recordaba el deporte. Me puse de cabeza a entrenar. Yo me salté varios niveles y estuvo bastante complicado tratar de igualar a mis compañeros y después tratar de igualar un nivel mundial que existe afuera. Han sido años de mucha eficiencia, con metas bastante grandes", afirma.

Con ese tercer lugar, Vargas devolvió al judo a un podio panamericano luego de 36 años. La última en obtener una medalla había sido Vilma Cianelli (66 kg.) en los Juegos de Caracas 1983.

Ahora el desafío para ella y para Briceño es el Mundial de Tokio. Con la confianza a tope, buscan abrochar su clasificación a los Olímpicos del próximo año.

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