Con solo 25 años, Matías Payá ya lleva más de siete temporadas construyendo su carrera lejos de casa. Desde Santiago a Alemania, España y Eslovaquia, el central chileno se ha convertido en uno de los rostros del recambio de la selección nacional de balonmano, combinando experiencia europea, liderazgo y una ambición clara: llevar a Chile a un nuevo Mundial y pelear por el oro continental.
Hoy, Payá milita en el Club Balonmano Sinfín de Santander, en España, mientras integra la nómina de la selección chilena que disputa el torneo Sur Centro Americano de Asunción, el cual se jugará hasta el 24 de enero. El certamen no solo definirá al campeón regional, sino que entrega cuatro cupos al próximo Mundial, un objetivo prioritario para la Roja del handball.
De Santiago a Europa: una decisión temprana
Payá nació en Santiago y dio sus primeros pasos en el balonmano en el Colegio San Rose, siguiendo los pasos de su hermano mayor. Desde muy joven tuvo claro que si quería dedicarse profesionalmente al deporte, el camino pasaba inevitablemente por Europa.
“A los 15 o 16 años ya sabía que quería ser handbolista profesional. Eso significaba irse de Chile”, recuerda. Apenas cumplió 18 años, terminó la educación media y en cuestión de semanas estaba viajando a Alemania, su primer destino.
La adaptación no fue sencilla. Idioma, soledad, frío y una exigencia deportiva desconocida marcaron sus primeros pasos en Europa. “Los primeros años son durísimos. Estás solo, entrenando, sin entender nada, aprendiendo inglés y tratando de sobrevivir”, relata. Durante ese período, Payá combinó el handball con trabajos paralelos para sostenerse económicamente, una realidad habitual para muchos jugadores latinoamericanos en el viejo contitente.
En Alemania pasó por divisiones formativas y semiprofesionales, escalando poco a poco en nivel competitivo. Cada ascenso de categoría era una meta cumplida y el inicio de otra más ambiciosa. Sin embargo, su carrera dio un giro cuando decidió mudarse a España, motivado tanto por razones deportivas como personales.
“El handball en España se vive distinto. La vida social, el idioma, la forma de entrenar… todo era un plus”, explica. Su paso por clubes en Alicante, Málaga y Almería le produjo ganar rodaje, liderazgo y confianza. Incluso, tuvo un breve paso por Eslovaquía, donde también sacó cosas positivas como el trabajo en equipo.
Actualmente representa a Sinfín, club de la segunda división española que le está brindando la básico que busca. “Ahora puedo decir que vivo del handball. Eso no fue así al principio, pero todo ese proceso te hace madurar muy rápido”, afirma.
La Roja: de los ídolos al vestuario compartido
Paralelamente a su carrera en clubes, Payá fue creciendo dentro de la selección chilena. Debutó en categorías menores y, con apenas 18 años, dio el salto a la selección adulta, compartiendo camarín con quienes habían sido sus referentes de infancia. Entre ellos los hermanos Feutchmann, históticos jugadores de Chile.
Está la anécdota que tras llegar a Alemania, estos hermanos recibieron los dos primeros meses a lo que era en aquel entonces un joven jugador de balonmano.
“Estar con mis ídolos, con la gente que me hizo creer que esto era posible, fue una locura. Pasaron de ser referentes a compañeros que te aconsejaban”, recuerda.
Ha sido parte de dos Mundiales adultos, experiencias que marcaron su carrera. El primero, en particular, significó un punto de inflexión. “Venía de un momento donde no estaba jugando mucho. Me dieron la oportunidad, hice un buen partido contra España y sentí que ahí empezó de verdad mi carrera”.
Hoy, con más experiencia y estabilidad, asume su rol dentro del equipo con mayor madurez, entendiendo que es parte de una generación que debe sostener el crecimiento del balonmano chileno.
Asunción: el desafío inmediato
La selección chilena entrenó intensamente estas última semanas en el Centro de Entrenamiento Olímpico (CEO) de cara al Sur Centro Americano de Asunción. El primer paso ya se dio, derrotaron este 19 enero a su similar de Uruguay por 40-22. Sin embargo, el objetivo es claro: superar el bronce habitual y pelear por el oro.
“Queremos mejorar nuestras marcas. Vamos por el oro. Ganarle a Brasil y Argentina sería un logro enorme, sobre todo a Argentina, que nunca le hemos ganado un partido oficial”, señala.
El torneo entregará cuatro cupos al Mundial, y Chile aspira a asegurar uno de ellos con autoridad, ratificando su condición de selección habitual en la cita planetaria, con un total de ocho.
Payá también es crítico respecto a la falta de visibilidad del balonmano en Chile, pese a ser uno de los deportes colectivos con más clasificaciones mundialistas. “Nos cuesta ser mediáticos, nos cuesta tener espacio. Y cualquier instancia se valora mucho”, afirma.
Sin embargo, hay algo que hoy lo motiva especialmente: sentirse referente para las nuevas generaciones. “Ver que hay niños a los que puedes inspirar es algo nuevo y muy bonito. Te das cuenta de que tienes una responsabilidad”.
El próximo desafio de "Roja", es este martes 20 de enero contra Perú a las 18:00 horas.