La representó Trump y fue una "decepción": La increíble vida de Monique Viele, la estrella infantil del tenis que nunca ganó un partido profesional
Le decían la "Britney Spears del tenis". Ahora, con 41 años, contó su historia y su verdad.
28 de Agosto de 2026 | 11:34 | Redactado por Felipe Muñoz, Emol
Agencias
Monique Viele hoy tiene 41 años. Su nombre, en la esfera pública, pasa casi inadvertido. No es una estrella ni mucho menos. Pero hace 25 años, sí lo fue. Y de las más importantes del tenis mundial.
Su historia en el deporte y en la vida social estadounidense fue increíble. Desde muy niña se convirtió en el centro de atención. Su capacidad en el tenis era gigantesca y eso le valió desempeñarse también incluso como modelo y cantante. De pequeña fue entrenada por el famosísimo Nick Bolletieri, la representó Donald Trump y hasta fue catalogada como la "Britney Spears del tenis".
Sin embargo, su caída y derrumbe fue tan veloz como su salto a la fama.
La estadounidense se hizo conocida a finales de los 90. Todavía no era adolescente y ya era tildada como una de las mayores promesas del tenis. Según reportes de la época, se decía que sacaba a 180 kilómetros por hora, que cantaba como Britney Spears y que ya había ganado millones de dólares sin siquiera debutar en el circuito de la WTA.
Cuando parecía que su historia ya pasaba definitivamente al olvido, Viele fue contactada por el diario francés L'Équipe y contó su verdad, en un relato en primera persona.
Viele cuenta su historia
"Empecé a jugar al tenis alrededor de los siete años y medio. Mi padre jugaba y yo solía acompañarlo a la cancha. Siempre me decía: 'Puedes venir, pero no hagas ruido'. Un día, después de insistirle mucho, cedió: 'Si consigues dar cien golpes seguidos contra la pared, te enseñaré a jugar al tenis'. Lo logré, no se lo creía, y me apuntó a clases de tenis. Durante los dos primeros años, antes de unirme a la academia de Nick Bollettieri, mi padre fue mi entrenador principal. Era autodidacta. Su modelo a seguir era Jimmy Connors. Yo observaba a Chris Evert; sus golpe eran impecables. Pero mi ídola era Monica Seles. Me encantaba todo de ella. Por eso adopté un revés y una derecha a dos manos", parte contando.
Viele cuenta que desde los ocho años que empezó a ganar muchos torneos y en distinas categorías de edad.
"Podía llevarme a casa diez trofeos en tres semanas. A veces jugaba tres o cuatro partidos al día. Creo que la USTA (Asociación de Tenis de Estados Unidos) ya no lo permite. Me encantaba la competencia, los retos, pero las chicas empezaron a portarse mal conmigo. Me empujaban durante los cambios de lado, me insultaban. Era ingenua. Con el tiempo me di cuenta de que ninguna chica de 18 años quiere jugar contra una de nueve. Mucho menos perder'", explica.
Un contrato con apenas 9 años...
A raíz de sus resultados, la estadounidense cuenta que ahí partió el fervor por ella. Se convirtió en un verdadero fenómeno.
"La gente empezó a interesarse por mi historia. Y luego una cadena de televisión hizo un reportaje sobre mí. Creo que en Colorado Springs no pasaba gran cosa por aquel entonces. Así fue como Bollettieri me contactó y firmé con IMG a los 9 años (de 1993 a 1999). Poco después, mi familia dejó Colorado y se mudó a Florida. Allí, Nick insistía en que jugara mi derecha con una mano. Durante seis meses, mi padre supervisó mi entrenamiento. Le dije a Nick: 'No estoy lista para cambiar, quiero seguir jugando con las dos manos'. Pero mi padre tuvo que volver al trabajo, y Nick aprovechó la situación para forzar el cambio. Yo tenía 10 años, estaba sentado frente a este entrenador de renombre internacional, y se lo dije a mi padre, quien concluyó: 'Debe saber de lo que habla'. Mi juego cambió por completo. Mi amor por el deporte cambió. Mi confianza en los entrenadores cambió", reveló.
Su relato continúa: "Después de tres años con Nick, fui a la academia de Chris Evert en Boca Ratón, Florida. Luego terminé con Rick Macci (ex coach de Andy Roddick, Maria Sharapova, Jennifer Capriati y las hermanas Williams). A los 13 años, ganaba la mayoría de los torneos juveniles del estado. También gané el Abierto de Florida sub 18. Fue entonces cuando mis padres quisieron que me convirtiera en profesional. Tenía siete años de experiencia en tenis, entrenaba seis días a la semana y viajaba constantemente".
Sin embargo, había un problema. Con 14 años no podía competir profesionalmente aún.
"Mi padre investigó la regla (la Regla de Elegibilidad por Edad, que prohibía a las jugadoras menores de 15 años unirse al circuito) y se dio cuenta de que yo no podía jugar partidos profesionales mientras los chicos sí. Entonces contactó a un abogado que inició conversaciones con la WTA. Durante estas negociaciones, mi padre prefirió que me quedara en la academia de Rick Macci, en un entorno más controlado. Había habido un frenesí mediático a mi alrededor durante algún tiempo. IMG había conseguido buenos acuerdos de patrocinio para mí. Canté el himno nacional en la apertura de algunos partidos de béisbol. Aparecí en documentales (The Ultimate Athlete de Discovery Channel, por ejemplo)", cuenta.
Y agrega: "Cuando me preguntaron "¿cuáles son tus objetivos?", respondí que aspiraba al número uno del mundo y que quería vencer a Martina Hingis, Anna Kournikova, a las mejores. Mi respuesta sorprendió a muchos. Pero no creo que haya ningún tenista, totalmente comprometido con su deporte, que se conforme con 'solo quiero estar entre los 500 mejores".
Hasta amenazas de muerte...
"El revuelo mediático empezó a crecer; la gente se presentaba en la academia para entrevistarme, gritando mi nombre. Sufrí acoso, recibí amenazas de muerte y llamadas a nuestro teléfono fijo. Por eso mi padre quería que mantuviera la calma durante la batalla legal con la WTA", revela en su narración.
"Vi a mis padres entrar en pánico. Yo solo tenía 14 años, no conocía a ese tipo, nunca había oído hablar de él; para mí, era solo un viejo (Trump)
Monique Viele
Viele cuenta que ahí viene un momento clave: "Fue por esa época cuando conocí a Donald Trump. Su agencia de modelos, T Management (Trump Model Management), quería incursionar en la representación de atletas, y él había oído hablar de mí. Su abogado, Bernie Diamond, sugirió una reunión con Rick Macci en Mar-a-Lago, Florida (complejo turístico). Llegué allí. De repente, Trump dijo: 'Tráiganle su raqueta y asegúrense de que esté lista para jugar al tenis'. Vi a mis padres entrar en pánico. Yo solo tenía 14 años, no conocía a ese tipo, nunca había oído hablar de él; para mí, era solo un viejo".
El impacto Donald Trump
El relato de Viele continúa...
"Me presentaron al dueño de The National Enquirer y al dueño de Fox News. Las 40 personas en la sala eran multimillonarios famosísimos, directores de importantes corporaciones multinacionales. Trump trajo a una profesora de tenis de Mar-a-Lago y me pidió que juegue un set contra él. Estaba increíblemente nerviosa, ella también, y jugamos un tenis pésimo. A mitad del set, empiezan a llegar las apuestas: 50.000 a Monique, 55.000 a la coach. Me quedo sin aliento. No es un partido bonito, pero termino ganando el set en el tie break. Entonces Trump dice: 'Vamos a comer', y yo respondo: 'Creo que voy a vomitar antes'".
"Después de esa reunión, T Management comenzó a gestionar mi carrera (la agencia me consiguió un contrato de 1,8 millones de dólares con Fila). Fui jurado en el concurso de Miss Teen USA. Hice algunos trabajos de modelaje en Nueva York. Canté en la Nochevieja del 2000 en Mar-a-Lago. Hice apariciones en televisión, incluyendo una en una sitcom venezolana. Muchas cosas fuera del tenis, aunque durante el US Open de 1999 (que me negó una invitación), Trump organizó una rueda de prensa en la Torre Trump. Había muchísimos medios de comunicación; iba de una entrevista a otra, fue un poco caótico", cuenta.
El principio del fin...
Fue tanto el revuelo mediático, que a Viele le llegó la chance de debutar profesionalmente.
"Mientras tanto (junio de 1999), la WTA había cedido y accedido a flexibilizar su regla. Permitió que jugadoras de 14 años participaran en algunos torneos al año. Recibí una invitación para jugar en el torneo de Tokio (septiembre de 1999) con 14 años y 11 meses. Para la inauguración del torneo, incluso me pidieron que sustituyera a una cantante japonesa a última hora (interpretó "Baby One More Time" de Britney Spears)".
"Rick Macci perdió completamente los estribos delante de todos. Me dijo que yo era la mayor decepción del mundo, que le había costado mucho dinero"
Monique Viele
"Es una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer. Y allí estaba yo, un día después (22 de septiembre de 1999), enfrentándome a Jane Chi (69 del mundo), en esa misma pista central. Nunca había jugado en el circuito profesional. Y mucho menos frente a 10.000 espectadores. Pensaba: '¡Dios mío, hay recogepelotas, jueces de línea...!'. Había jugado ante un máximo de cien espectadores, e incluso entonces, yo mismo recogía mis pelotas. Pero estaba feliz de estar allí; pensaba: 'Lo que siempre soñaste con tu padre se está haciendo realidad'".
Viele sigue con su increíble relato: "Jane jugó bien, pero yo no (derrota 6-3, 6-1).Tenía problemas para respirar, no podía mover las piernas. Salí de la cancha diciéndome a mí misma: 'Hice lo mejor que pude, todavía necesito trabajar en mi control emocional'. No fue mi mejor actuación, pero no estaba decepcionada... hasta que entré al vestuario de los jugadores y Rick Macci perdió completamente los estribos delante de todos. Me dijo que yo era la mayor decepción del mundo, que le había costado mucho dinero. Le pedí que me llevara aparte para explicarme las cosas con calma, pero no sirvió de nada".
Viele nunca explotó.
La historia continúa: "Después de esa experiencia, pasé al circuito menor. Todos tienen que demostrar su valía, ¿no? No había razón para que recibiera más invitaciones; tenía que ganármelas. Jugué en torneos más pequeños. La gente me reconocía, pero había menos público. Fue agradable descubrir lugares más íntimos y alejarme del frenesí mediático. Nunca quise estar en el centro de toda esa expectación. Simplemente sucedió... y muy rápido. Yo era solo una niña".
"A esa edad, uno no sabe muy bien cómo expresarse. Uno escucha a los adultos. Piensa: 'Los adultos saben lo que hacen'... Pero en realidad, no. Creo que el tenis ha aprendido mucho de casos como el mío, el de Jennifer Capriati o el de jugadoras que se agotaron rápidamente. En aquel entonces, sucedían cosas turbias. Historias como la de Britney Spears y toda una generación de chicas jóvenes hipersexualizadas. Es un poco triste. Ojalá nuestras voces se hubieran escuchado más. Pero lo positivo es que los organismos rectores aprendieron de nuestras experiencias".
Su final en el tenis
Viele termina su relato en primera persona. Decidió, luego de ni siquiera poder ganar un partido en el circuito profesional de la WTA, alejarse por completo del deporte, aunque luego de unos años, lo retomó, pero desde otra arista.
"Después de Tokio, no recibí mucho apoyo de las demás jugadoras ni de la USTA. Sin embargo, Billie Jean King siempre fue muy amable conmigo. No era precisamente fan —y no se lo reprocho— del equipo que me rodeaba, de la presión que ejercían sobre mí. Pero también vio que era una buena jugadora con potencial. En julio de 2000, me invitó al World Team Tennis (un circuito de equipos no oficial). No jugué muy bien, y mucha gente desaprobó mi trayectoria y el revuelo mediático. El ambiente en el vestuario no era muy amigable. Pero tuve la oportunidad de jugar contra mi ídola, Monica Seles. Estaba tan intimidada que casi me muero", relata.
"A los 16 años, a mi padre le diagnosticaron cáncer de colon en etapa 4. Toda mi adolescencia fue una vorágine emocional. Se sometió a tres cirugías, luchó durante seis meses y medio y falleció a los 47 años en 2002. Cada cirugía costó 250.000 dólares, sin incluir la hospitalización ni los cuidados posteriores. En total, mi madre se quedó con casi un millón de dólares en deudas pendientes cuando mi padre murió. Casi todo el dinero que había ganado se destinó a pagar esas deudas. A veces pienso que las cosas pasan por algo. Si no hubiera pasado por todo eso, si no hubiera ganado todo ese dinero, nunca habríamos podido costear esos cuidados", reflexiona en su narración.
Y de repente, todo cambió...
"No paré inmediatamente después de su muerte. Mi madre regresó a la Costa Oeste. Me quedé en Florida un tiempo. Jugué algunos torneos más (23 derrotas y 12 victorias entre 1999 y septiembre de 2002, fecha de su último partido en el circuito menor. Alcanzó el puesto 817 del ranking mundial, el más alto de su carrera), pero ya no me apasionaba y me lesioné ambas muñecas. Un día, lo dejé todo y me mudé a Arizona. Guardé mis raquetas y no las toqué durante cuatro años. Empecé de cero y no le conté a nadie que había sido jugadora profesional".
"Pero cuatro años después, alguien llamó a mi puerta. Era el alcalde del pueblo, un gran aficionado al tenis. Se había enterado de que me había mudado allí y estaba encantado. Nos hicimos amigos. Me presentó a dos hombres que regentaban un club y una tienda de tenis. Gente encantadora. Fue un cambio radical respecto al mundo del tenis que conocía. Sinceramente, nunca pensé que volvería a pisar una pista, y desde entonces no he dejado de dar clases", revela.
Viele termina su relato con potentes reflexiones. ¿Valió la pena su accidentada historia en el tenis?
"Me gusta pensar en la vida como un libro con muchos capítulos. La intensa etapa de mi adolescencia fue solo uno de ellos. Es curioso porque parece que fue hace mucho tiempo. Pero no me arrepiento de nada, no guardo rencor. Ni siquiera contra Rick Macci. Mis padres no eran perfectos, ¿qué padres lo son? Yo también soy madre (de una hija de 9 años) y estoy segura de que cometo errores a diario".
"Pero creo sinceramente que todos dieron lo mejor de sí. Fui la primera jugadora profesional que entrenó mi padre. El primer atleta que representó Donald Trump, y al finalizar el contrato (1999-2002), cada uno siguió su camino. Fue una experiencia nueva para todos. Caímos varias veces, pero nos levantamos. En un mundo ideal, solo habríamos sido mi padre y yo, recorriendo el circuito de torneos, manteniendo un perfil bajo y dejando que mis resultados hablaran por sí solos. Lo habría preferido, pero si mi historia ayudó a cambiar las cosas, entonces valió la pena", cierra.