SANTIAGO.- La lectura inicial de lo ocurrido ayer en el Congreso por la negociación del reajuste para los funcionarios del sector público, fue que el Gobierno y el ministro de Hacienda Rodrigo Valdés sufrieron una inédita y dura derrota, tras ser rechazada la propuesta.
Sin embargo, la "tozudez" con la que el secretario de Estado fue acusado por no mover ni una décima el guarismo de 3,2%, es una clara señal del empoderamiento que tiene el ministro y que la doctrina Valdés por cuidar las finanzas públicas se instaló definitivamente en el Ejecutivo.
"Aquí no se trata de voluntad de ceder, se trata de ser responsables con las finanzas públicas (...) los recursos del Estado no son una caja infinita, tienen límites y hacemos el mayor esfuerzo que podemos, siendo responsables también con otros compromisos que tenemos que satisfacer", decía el vocero de Gobierno, Marcelo Díaz, la semana pasada cuadrándose con el jefe de Teatinos 120.
Otra muestra de lo respaldado que está Valdés por La Moneda se vio con la elaboración del Presupuesto 2017, que fue criticado por muchos sectores de la Nueva Mayoría, al considerarlo austero.
"Sigue una lógica de respeto completo a nuestra regla fiscal", dejaba en claro el ministro al entregar mayores detalles del proyecto y añadía que "nuestra meta es disminuir el déficit estructural gradualmente en torno a 0,25 puntos del PIB por año a parámetros comparables".
Ya con esa victoria, diversos analistas estimaban que el economista sumó bonos y consolidó una posición, que muchas veces se vio doblegada en la reforma laboral.
"Es un tema técnicamente muy complejo en el que se juegan muchas cosas para la economía en general y, por lo tanto, dar pasos en falso en esto es una posibilidad que tenemos que tomar todos los resguardos para no hacerlo", indicaba Valdés en medio del debate previsional.
Precisamente, en este tema el Ministerio de Hacienda tomó el control en el debate por cambios al sistema de pensiones para coordinar y buscar acuerdos entre el Gobierno y diferentes actores de la sociedad, cuya tarea hasta la semana pasada, la estaba liderando el ministro del Interior, Mario Fernández.
Pero no sólo en proyectos que tienen un carácter más económico se ha notado la mano de Valdés. Su influencia también se notó en el proyecto de Educación Superior, especialmente en la fórmula que se estableció para la gratuidad universitaria, cuyo avance quedó supeditado al crecimiento económico del país.
"Estamos destinando muchísimo (a educación), entonces ir más rápido sin tener más recursos implica al final del día comprimir otros gastos de una manera que puede ser ineficiente o políticamente imposible, cualquiera de las dos cosas lleva a pensar que esto tiene que ser un tema de gradualidad atado a esta capacidad de ingresos que tiene el Fisco", sostenía Valdés.