Warren Edward Buffett, que vendía chicles y Coca-Cola puerta a puerta durante su infancia, se retiró ayer, en el último día de 2025, como director ejecutivo de Berkshire Hathaway, con una fortuna estimada en US$150.000 millones.
Deja atrás seis décadas en las que transformó una textil quebrada en un conglomerado valorado en US$1,16 billones.
Si bien el empresario permanecerá como presidente de la junta directiva, su salida operativa marca el cierre definitivo de una era en el capitalismo estadounidense.
Buffett no solo batió al mercado, lo reescribió. Desde 1965 hasta 2024, las acciones clase A de Berkshire Hathaway crecieron a una tasa compuesta anual del 19,9%, frente al 10,4% del S&P 500, incluyendo dividendos.
Esa diferencia, sostenida por casi seis décadas, equivale a una ganancia acumulada superior al 5.500.000%, frente al 39.000% del S&P 500. Para los analistas, se trata de una revolución silenciosa en la asignación de capital.
"Warren logró esto aplicando un enfoque de sentido común a la construcción de negocios y manteniéndose racional a través de eventos geopolíticos, recesiones, entornos políticos y diversas burbujas financieras", afirmó Jeremy Saltzberg, vicepresidente de inversiones de Check Capital, citado por Bloomberg.
Trayectoria
Buffett comenzó su carrera como inversionista siguiendo los principios de Benjamin Graham, su profesor en Columbia y mentor en el fondo Graham-Newman. Tal como se describe en el libro Value Investing: From Graham to Buffett and Beyond, internalizó el análisis fundamental como núcleo de su filosofía.
Sin embargo, fue con la influencia de Charlie Munger que incorporó un nuevo eje: la calidad del negocio. Esa combinación de valor y calidad le permitió adaptar su enfoque a medida que crecía el volumen de activos bajo su administración.
Nir Kaissar, analista de Bloomberg Opinion, considera que el desempeño que le permitió batir al S&P 500 es inigualable. "Su historial se sostiene por sí solo, como testimonio de su habilidad inusual y su enfoque", escribió. "Ni su estilo de inversión ni el apalancamiento explican completamente su rendimiento. Buffett fue el ingrediente secreto".
Esa filosofía se reflejó en Berkshire Hathaway, que en sus primeros años se apalancó en el negocio de seguros, generando liquidez constante a través del denominado float. Esa caja sin costo se utilizó para invertir en acciones y adquirir cerca de 180 negocios que reflejaban —como él mismo decía— la economía estadounidense.
De See’s Candies a BNSF Railway, de Geico a Dairy Queen, el portafolio se diversificó sin abandonar el criterio de comprar compañías sólidas, dirigidas por personas íntegras y a precios razonables.
Actualmente, Berkshire cuenta con cerca de 392.000 empleados, genera ingresos anuales por aproximadamente US$400.000 millones y, en 2024, pagó cerca de US$27.000 millones en impuestos corporativos, la cifra más alta de su historia y, según el propio Buffett, una de las mayores jamás registradas en Estados Unidos.
En sus cartas a los accionistas —recopiladas en The Essays of Warren Buffett— el empresario definió su rol como asignador de capital. No buscó dirigir operativamente los negocios, sino asegurar que el capital fluyera hacia donde generara el mayor retorno ajustado por riesgo. Como escribió en su carta de 1987: "La asignación de capital es la tarea más importante de un CEO".
Ese enfoque se sostuvo incluso en momentos de euforia. Como señaló Ignacio Mieres, head of research de XTB Latam, "la lección más perdurable del legado de Warren Buffett es la disciplina de la valoración como ancla del retorno de largo plazo".
"la lección más perdurable del legado de Warren Buffett es la disciplina de la valoración como ancla del retorno de largo plazo"
Ignacio Mieres head of research de XTB Latam
Para el analista, ese principio mantiene plena vigencia incluso cuando el mercado gira hacia narrativas o tendencias temáticas. "La paciencia no es pasividad; es la capacidad de sostener decisiones bien fundamentadas cuando el mercado recompensa temporalmente lo contrario", destacó.
A lo largo de los años, Buffett demostró una notable capacidad para leer el ciclo económico, como cuando invirtió US$5.000 millones en Goldman Sachs en 2008 o adquirió BNSF Railway por US$26.000 millones en 2009.
Esa intuición contracíclica se resume en una de sus máximas más conocidas: "Ser temeroso cuando otros son codiciosos y codicioso cuando otros son temerosos".
Mieres agrega que "el énfasis de Buffett en la paciencia y la concentración no solo sigue aplicándose, sino que resulta aún más valioso en un mercado dominado por narrativas de corto plazo".
Esa coherencia metodológica implicó aceptar años de bajo rendimiento relativo cuando las condiciones no fueron propicias. Buffett tuvo 11 años negativos en su trayectoria, incluida una caída del 49% en 1974.
Su respuesta fue siempre la misma: esperar. En sus cartas advirtió que "la regla número uno es no perder dinero, y la regla número dos es no olvidar la regla número uno".
"la regla número uno es no perder dinero, y la regla número dos es no olvidar la regla número uno"
Warrren Buffett
Lo que se pone a prueba ahora es si ese estándar de conducta —basado en la transparencia, la humildad intelectual y la rendición de cuentas— puede mantenerse bajo una nueva gestión.
Coca-Cola, Apple y la lectura del ciclo
Entre sus inversiones más icónicas figura Coca-Cola, donde Buffett invirtió a fines de los años 80 cerca de US$1.300 millones, consolidando su fama como inversor de largo plazo al mantener la posición por más de tres décadas y multiplicar su valor vía dividendos.
Años después, volvió a sorprender al mercado con una fuerte apuesta por Apple, decisión que, en palabras del propio Berkshire Hathaway, representó "otra forma de participar en las ganancias de negocios que no eran de su propiedad".
Al cierre de septiembre de 2025, el portafolio accionario del holding estaba compuesto por 41 activos, con un valor de mercado estimado en US$267.300 millones.
Apple seguía siendo la principal posición, con un 22,69% de la cartera, pese a una reciente venta de más de 41 millones de acciones que redujo la exposición en cerca de 15%.
En contraste, el único movimiento neto de compra fue la incorporación de una nueva posición en Alphabet, con una inversión de US$4.338 millones, equivalente al 1,62% del portafolio total.
La sucesión
Greg Abel, vicepresidente de operaciones no aseguradoras desde 2018, asumirá la dirección del holding. La sucesión fue planificada durante más de una década y Abel —con más de 20 años en la organización— se perfila como custodio de la filosofía Berkshire en un contexto más desafiante para los grandes conglomerados.
El paso al costado de Buffett no implica solo un cambio de nombre. La clave para los inversionistas será evaluar si la cultura y el proceso decisorio de Berkshire se mantienen intactos en un escenario donde el tamaño mismo del holding actúa como restricción.
En palabras de Mieres, "frente a la sucesión, un inversor de largo plazo debería pensar menos en el nombre y más en la continuidad del proceso de asignación de capital".
Abel hereda una compañía con cerca de US$382.000 millones en liquidez, pero con menos oportunidades atractivas para invertir. En el último trimestre, Berkshire vendió más de US$6.000 millones en acciones y no recompró sus propios títulos por quinto trimestre consecutivo.
Pese a un aumento de 34% interanual en las ganancias operativas del tercer trimestre, la acción acumulaba una caída del 12% desde el anuncio de la salida de Buffett.
Ejecutivo de bajo perfil y con una trayectoria de más de dos décadas en Berkshire Hathaway Energy, Abel representa una apuesta por la continuidad más que por la ruptura.
Aunque su patrimonio se estima en más de US$1.000 millones, su participación accionaria directa en la compañía alcanza solo US$175 millones, cifra inferior a la de otros CEOs de empresas comparables.
Cathy Seifert, analista de CFRA Research, comentó a Bloomberg que "si no están recomprando sus acciones, ¿por qué deberías hacerlo tú?". El desafío de Abel será demostrar que puede sostener los principios de prudencia, selectividad y visión de largo plazo sin la presencia diaria del fundador.
En tanto, según estimaciones de Bloomberg, si Buffett no hubiese donado parte de sus acciones, su fortuna hoy superaría los US$400.000 millones. Aun así, en su última participación como CEO, el niño que vendía chicles en Omaha se despidió sin estridencias. Dijo simplemente: "Ese es el titular del día. Gracias por venir".
La era Buffett termina, pero las lecciones que deja seguirán siendo estudiadas, debatidas y aplicadas por quienes entienden que invertir no es adivinar el futuro, sino contar con un marco robusto para enfrentarlo. En palabras de Kaissar, "no es el mejor inversor de todos los tiempos a pesar de su filosofía, sino por ella".