Durante casi dos siglos sobrevivió a guerras, crisis económicas, cambios de siglo y vaivenes políticos. Fundada en 1841, la histórica fábrica de loza La Cartuja Pickman fue durante generaciones uno de los grandes emblemas productivos de Sevilla, en España.
No obstante, ni su peso histórico ni su valor patrimonial lograron frenar el deterioro financiero que terminó por empujarla al borde del cierre.
Sin embargo, el Juzgado de lo Mercantil Nº3 de Sevilla adjudicó la unidad productiva de la histórica fábrica a un grupo inversor integrado por las empresarias chilenas y hermanas Gabriela y Paola Luksic, junto al presidente de Atlantic Copper, Javier Targhetta, poniendo fin al proceso de liquidación de la sociedad Ultralta, hasta ahora titular de los activos de la centenaria firma sevillana.
La resolución judicial confirma la adquisición por 225.000 euros (US$264.301) y destaca que la oferta presentada "permite el mantenimiento de la mayor parte del empleo existente", además de acreditar "solvencia" económica y profesional, junto con un proyecto empresarial razonable orientado a asegurar la continuidad de la actividad y su viabilidad futura.
El fallo dejó fuera del proceso a la propuesta presentada por Porcelanas de Levante Siglo XXI, S.L., al constatar que no fue ratificada ni mejorada dentro del plazo fijado.
Según informó el grupo de Luksic y Targhetta, la inversión inicial comprometida supera los 1,6 millones de euros (US$1,8 millones), considerando no solo el precio de la unidad productiva, sino también la asunción de cerca de 550.000 euros (US$646.070) en deudas con la Seguridad Social asociadas a los trabajadores que serán subrogados, además de la compra de las marcas históricas y otros costos operativos.
En paralelo, se cerraron acuerdos para la adquisición de todas las marcas vinculadas a la empresa —entre ellas La Cartuja de Sevilla y La Cartuja Pickman, propiedad de Nox Industrial—, así como el arriendo de la nave industrial donde actualmente se desarrolla la producción, perteneciente a International Crane.
Un nuevo ciclo
Fundada en 1841, La Cartuja Pickman fue durante casi dos siglos uno de los principales símbolos de la industria cerámica de Sevilla.
De acuerdo con su sitio web, su fundador fue el Marqués Charles de Pickman, quien llegó a Sevilla en 1841 con la idea de establecer una nueva fábrica de loza fina de la más alta calidad, con el objetivo de competir con el dominio de las marcas inglesas.
*La Cartuja de Sevilla*
Aprovechando la desamortización decretada por Mendizábal, exministro de Hacienda de España, adquirió el Monasterio Cartujo de Santa María de las Cuevas, donde encontró las condiciones idóneas para desarrollar su proyecto.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, La Cartuja de Sevilla recibió numerosos premios de primera clase y medallas de oro en exposiciones internacionales. Este reconocimiento comenzó a reflejarse en los sellos que identificaban la producción de la fábrica.
Todas las piezas de La Cartuja de Sevilla poseen un sello que acredita su procedencia. A lo largo de su historia, la compañía fue modificando los motivos formales de estos distintivos, contabilizándose hoy más de 80 sellos distintos pertenecientes a esta casa.
Pese a su legado, la empresa arrastraba severos problemas financieros desde hacía años.
En 2019, Ultralta ingresó en concurso de acreedores por deudas heredadas, situación que se agravó con la pandemia, el alza de los costos energéticos y la falta de acceso a financiamiento.
A ello se sumaron embargos de Hacienda por más de 700.000 euros (US$822.271) y reclamaciones adicionales del Fondo de Garantía Salarial y de la Seguridad Social, elevando el pasivo total por sobre los 2 millones de euros (US$2,3 millones). La compañía contaba con poco más de 30 trabajadores, varios de ellos bajo un ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo), y enfrentaba un despido colectivo tras no lograr cumplir los acuerdos de pago exigidos.
El grupo inversor informó en un comunicado que ha destacado el apoyo de la Junta de Andalucía "para acelerar la toma de decisiones y reforzar la ambición del proyecto".
*La Cartuja de Sevilla*
Según el informe del administrador concursal, la propuesta de este grupo fue la mejor en todos los ámbitos —económico, social y laboral— y se sustentó en un análisis riguroso de la situación de la compañía y de su potencial de futuro, subrayó el grupo inversor.
En el comunicado, Javier Targhetta señaló que el margen temporal para presentar una oferta era reducido y que la situación jurídica de un activo en proceso de liquidación es compleja, reconociendo que la labor de la Junta de Andalucía "ha sido determinante para atraer a un grupo inversor de primer nivel internacional".
Con ello, se evitó "el riesgo de deslocalización y se relanza una actividad histórica en Sevilla mediante un proyecto moderno y generador de empleo cualificado", destacó.
El grupo inversor ya se encuentra diseñando un plan integral de relanzamiento que contempla la incorporación de perfiles directivos en áreas estratégicas, la inversión en una infraestructura industrial moderna, eficiente y sostenible para incrementar la capacidad productiva, así como la creación de un departamento de marketing e internacionalización que potencie el valor de los diseños de La Cartuja Pickman.
Asimismo, Targhetta valoró la implicación y la ilusión de los empleados de La Cartuja, quienes —según afirmó— "aportan un conocimiento esencial para revitalizar la empresa y han demostrado una gran motivación por devolver a esta emblemática compañía al lugar que merece".