Como cada 14 de febrero, mientras la mayoría de las parejas celebra el Día de los Enamorados con una comida, una escapada aprovechando la temporada estival o simplemente compartiendo tiempo juntos, hay un protagonista que nunca falta: el ramo de flores.
Sin embargo, detrás de ese gesto romántico se esconde una industria que en Chile combina tradición, estacionalidad, pequeños productores y un creciente foco exportador.
En el VIII Censo Agropecuario realizado en 2021,
en el país existen 1.562 unidades productivas —equivalentes a cerca de 939 hectáreas destinadas al cultivo de flores—, superficie trabajada por 1.563 productores a lo largo del territorio nacional.
De ese total, 272 operan bajo estructuras empresariales, mientras que el resto corresponde a personas naturales. La actividad se concentra principalmente entre las regiones de Coquimbo y Los Lagos.
En el caso de la Región Metropolitana, el abastecimiento de flores proviene mayoritariamente de la Región de Valparaíso —con polos productivos en Hijuelas, Ocoa, Limache, Longotoma, La Ligua y La Cruz—, que concentra el 40% de las unidades productivas del país.
También destacan la Región de Coquimbo, particularmente en Ovalle y el Valle del Limarí, y la Región de Arica y Parinacota, especialmente en el Valle de Azapa.
Para algunos, este negocio es considerado un nicho, debido al predominio de pequeños y medianos productores —muchos ligados a la agricultura familiar campesina— y a una oferta altamente estacional. Sin embargo, el rubro ha mostrado un dinamismo relevante en el comercio exterior.
Según el informe Análisis del Subsector Flores de Corte, período 2014–2024, elaborado por la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa) del Ministerio de Agricultura, en 2024 las exportaciones chilenas de flores frescas alcanzaron un récord histórico de US$17,3 millones, lo que representa un crecimiento de 47% respecto del año anterior.
La gran protagonista es la peonía, que concentra el 92,5% del valor exportado. Su producción —principalmente entre octubre y enero— ha permitido a Chile posicionarse como proveedor "contra estación" para el hemisferio norte.
El mercado de flores chilenas evidencia una alta dependencia de un solo destino comercial. Estados Unidos concentra el 76% de las exportaciones, seguido por Países Bajos con un 22%. Este último funciona como un nodo logístico para redistribuir flores hacia otros países europeos.
EFE
En contraste, otros destinos como Brasil, China, Perú, Rusia y Emiratos Árabes Unidos presentan una participación marginal, todos por debajo del 0,5%, lo que revela una escasa diversificación geográfica.
Aun así, en la última década Chile ha escalado 16 posiciones en el ranking mundial de exportadores de flores frescas, pasando del lugar 46 en 2014 al 30 en 2024. Aunque todavía representa apenas el 0,1% del mercado global, el país se perfila como un actor emergente en el segmento de flores "specialty" o de alto valor.
A nivel global, el 76,9% de las exportaciones mundiales de flores se concentra en tres países: Países Bajos, Colombia y Ecuador, que en conjunto alcanzaron US$8.652 millones en 2024. En los últimos 10 años, estos mercados han registrado variaciones de 13%, 71% y 11%, respectivamente.
El lado importador chileno
En fechas clave como San Valentín, el Día de la Madre o Todos los Santos, el mercado interno no logra cubrir la demanda con producción propia, por lo que Chile es un importador neto de flores.
En 2024, las importaciones alcanzaron US$23,6 millones, principalmente desde Colombia y Ecuador, países que dominan la oferta de especies tradicionales como rosas, crisantemos y claveles. De hecho, los volúmenes importados han crecido 94% en la última década, reflejando un mayor consumo interno.
Si bien Chile es considerado un buen productor de crisantemo, el país se ve obligado a importar esta flor, cuya participación representa el 49% del total importado. Esto se explica porque la calidad del crisantemo extranjero es superior —ya que proviene mayoritariamente de producción bajo invernadero—, mientras que en Chile predomina el cultivo al aire libre. Además, la producción nacional es estacional, concentrándose entre otoño e inicios de invierno.
En cuanto a la rosa —la flor emblemática de esta fecha—, el análisis de Odepa indica que Chile no es un productor relevante, por lo que debe importar para cubrir la alta demanda.
El efecto San Valentín
En el comercio minorista, el impacto del 14 de febrero es contundente. De acuerdo con datos entregados por Eandres Gomes, director de marketing de Tottus a Emol, durante la semana de San Valentín las ventas de flores aumentan en torno a 652%, concentrándose principalmente en los días previos.
El 66% de las compras se realiza el mismo 14 de febrero y un 19% el día 13.
Entre las opciones preferidas por los consumidores destacan la rosa unitaria y el ramo de cinco unidades, seguidas del bouquet de margaritas. Además, es habitual que las flores se complementen con chocolates y espumantes, categorías que también registran fuertes alzas en esta fecha.
En el mercado mayorista, según el análisis de Odepa, especies como la rosa y el girasol suelen duplicar su precio en las semanas previas a estas festividades.