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La importancia de separar las finanzas personales del negocio: Una regla clave para la sostenibilidad de las pymes

Expertos coinciden en que mezclar cuentas personales y empresariales reduce la visibilidad financiera, dificulta el acceso al crédito y aumenta la probabilidad de problemas de caja.

20 de Febrero de 2026 | 15:36 | Patricio Gutiérrez
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En las etapas iniciales de una pyme, la línea que separa las finanzas personales de las del negocio suele ser difusa. Emprendedores que utilizan una misma cuenta bancaria, tarjetas compartidas o retiros informales para cubrir gastos cotidianos son prácticas comunes, especialmente cuando los recursos son limitados. Sin embargo, lo que puede parecer una solución práctica en el corto plazo, con el tiempo se transforma en uno de los principales riesgos para la estabilidad financiera y la continuidad del negocio.

Especialistas concuerdan en que la falta de separación entre ambos ámbitos no solo dificulta la gestión diaria, sino que también impide conocer con claridad la real situación económica de la empresa. Esta confusión afecta la toma de decisiones, debilita el control de caja y aumenta la probabilidad de enfrentar problemas de liquidez, una de las causas más frecuentes de quiebra en las pequeñas y medianas empresas.

Pérdida de visibilidad y riesgos de liquidez


Cristian Martínez, CEO de Crece Inmobiliario, explica que mezclar ambos mundos financieros genera una distorsión profunda en la lectura del negocio. “Mezclar los ingresos y gastos personales con los del negocio genera una pérdida importante de visibilidad financiera. Cuando no existe una separación clara, se vuelve difícil entender cuánto está produciendo realmente la empresa, cuánto se gasta y cuál es la situación real de caja”, señala.

Esta falta de claridad, advierte, puede “derivar en problemas de liquidez, que es una de las principales causas de quiebra de las empresas. Es importante recordar que las empresas no quiebran por falta de patrimonio, sino por falta de liquidez. Si no se tiene claridad sobre los ingresos y gastos corrientes, así como sobre los compromisos de corto y largo plazo, se corre el riesgo de no contar con dinero disponible cuando más se necesita”.

A ello se suma el impacto directo de cargar gastos personales al negocio, una práctica habitual cuando no existen reglas claras. “Al mezclar ambos tipos de gastos, es común que los gastos personales terminen cargándose al negocio, afectando directamente su flujo de caja y generando desequilibrios financieros que tarde o temprano impactan en la sostenibilidad de la empresa”, agrega Martínez.

Señales de alerta en la gestión financiera


La falta de separación suele manifestarse a través de señales concretas. Una de las más evidentes es el uso de una única cuenta bancaria para todo tipo de movimientos. También lo es la inexistencia de registros diferenciados o el uso cruzado de tarjetas personales y empresariales, prácticas que distorsionan la contabilidad y dificultan el control real del negocio.

María José Donatucci, gerenta de BDO Pyme en BDO Chile (Consultora), concuerda en que estas situaciones son más comunes de lo que parece. “Algunas señales frecuentes son el uso de una misma cuenta bancaria para gastos personales y del negocio, retiros de dinero sin registro claro, pagos personales realizados con fondos de la empresa o la imposibilidad de determinar con precisión el flujo de caja real”, señala.

Otro punto crítico es la ausencia de una remuneración definida para el dueño. “También es una alerta cuando no existe una remuneración definida para el dueño y se retira dinero ‘cuando alcanza’. Estas prácticas, aunque comunes en etapas iniciales, suelen transformarse en un problema a medida que la pyme crece”, advierte Donatucci.

Desde una mirada más estructural, Dur Montoya, CEO de ZakÜ (plataforma digital que conecta iniciativas sociales con personas comprometidas), plantea que uno de los mayores riesgos es que los efectos de esta mezcla no siempre son inmediatos. “La falta de separación borra la trazabilidad del dinero y normaliza retiros personales que se confunden con gastos operativos, erosionando la liquidez de manera gradual y provocando una descapitalización silenciosa”, explica.

Ordenar las finanzas: prácticas básicas y disciplina


Para los expertos, separar correctamente las finanzas no requiere complejidad, sino disciplina y consistencia. El primer paso es contar con cuentas bancarias exclusivas para la empresa y para el ámbito personal, junto con registros ordenados de todos los movimientos.

Donatucci lo resume de forma práctica: “El primer paso es contar con una cuenta bancaria exclusiva para la empresa y registrar todos los ingresos y egresos de forma sistemática. Definir una remuneración fija o retiros programados para el dueño ayuda a ordenar la caja y evitar improvisaciones”.

Martínez refuerza la importancia de no imputar gastos personales al negocio y de entender con precisión cuánto genera realmente la empresa. “Para una correcta gestión, es fundamental saber con precisión cuánto genera realmente el negocio, ya que esa información es la base para tomar decisiones financieras, definir necesidades de liquidez y evaluar la conveniencia de seguir invirtiendo o expandiéndose”, señala.

Desde una perspectiva más estratégica, Montoya destaca que antes de cualquier herramienta es clave contar con un plan financiero claro. “Antes de cualquier táctica, lo esencial es tener un plan financiero claro y diferenciado para la pyme y para las finanzas personales: definir metas, presupuestos separados y reglas de decisión financiera. Un plan así permite transparencia y evita decisiones impulsivas o mezclas de cuentas que distorsionan la verdadera situación financiera”.

Impacto en decisiones, acceso a crédito y sostenibilidad


La correcta separación de las finanzas no solo mejora el control interno, sino que tiene efectos directos en la proyección del negocio. Con información clara, las decisiones se basan en datos reales y no en percepciones incompletas.

“Cuando existe una separación clara, las decisiones se toman con información real. La pyme puede evaluar su rentabilidad, proyectar inversiones, enfrentar períodos de menor ingreso y acceder a financiamiento con mayor solidez”, destaca Donatucci.

Martínez añade que la mezcla de finanzas también puede traer consecuencias tributarias y dificultar el acceso al crédito. “El Servicio de Impuestos Internos puede cuestionar gastos mal imputados, afectando tanto a la persona natural como a la empresa. A esto se suma el impacto en el acceso al crédito: los bancos evalúan balances, declaraciones de impuestos y ventas para proyectar la capacidad de pago. Si la información no es clara, obtener financiamiento se vuelve mucho más difícil”.

En el largo plazo, la separación financiera se convierte en un pilar de sostenibilidad. Montoya subraya que una gestión ordenada es la base para crecer con gobernanza y resiliencia. “La separación financiera es el primer paso de una gestión ética. Una empresa con cuentas claras es más atractiva para inversores, facilita el acceso a crédito y genera confianza en sus partes interesadas”.

Así, más que una recomendación contable, separar las finanzas personales del negocio se consolida como una decisión estratégica. Una práctica que no solo protege la caja de la empresa, sino que también resguarda la estabilidad personal del emprendedor y fortalece las bases para un crecimiento sostenible en el tiempo.