La economía chilena lleva un largo tiempo debilitada en materia de oportunidades laborales, y los impactos del desempleo empiezan a trascender más allá de la situación financiera de los hogares. La salud mental aparece como un factor que está mermando la calidad de vida de los desocupados, donde prácticamente un tercio (32,9%) presenta síntomas de depresión, triplicando la prevalencia entre aquellos que sí tienen un puesto de trabajo (10,7%), de acuerdo a una medición de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS) y el Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales. La elevada exposición a estos síntomas preocupa cuando los datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) muestran que la tasa de desempleo completa un ciclo negativo de más de tres años por sobre el 8%, y el total de desocupados en la economía chilena sumó 925.111 personas en el primer trimestre del año.