Con un consumo global de vino a la baja y con las exportaciones en caída libre, la industria vitivinícola chilena ha adoptado como parte central de sus estrategias de negocios las experiencias de enoturismo, especialmente en las bodegas de tamaño mediano y más pequeño. El negocio turístico ganó terreno entre las empresas dedicadas al rubro del vino, lo que se ha reflejado en un fuerte crecimiento en los últimos años: el número de viñas abiertas al público pasó de 94 en 2015 a 219 en 2023. Según el último catastro realizado por Enoturismo Chile (programa impulsado por Corfo) en 2024, las ventas asociadas a la actividad enoturística alcanzaron los $45.000 millones en 2024, lo que implica un avance respecto de los $38.239 millones reportados en 2020. En la industria chilena apuntan a aprovechar el creciente interés de turistas internacionales y público local por recorrer sus viñedos.