EMOLTV

Presidente de Ópticas de Chile: "Hay indicios muy grandes de que el crimen organizado está"

Francisco Javier Vargas sostiene que el explosivo crecimiento de las ópticas no responde únicamente a la Región Metropolitana. El fenómeno también llegó a las regiones.

22 de Julio de 2026 | 17:23 | Por José Tomás Guzmán, Emol.
imagen
El Mercurio
La cantidad de ópticas instaladas en la Región Metropolitana prácticamente se duplicó en cinco años y se multiplicó por cinco durante la última década. De acuerdo con un levantamiento de Colliers, actualmente existen 1.490 establecimientos de este tipo en la capital, de los cuales 579 se concentran en la comuna de Santiago.

La acelerada expansión de este negocio ha levantado múltiples sospechas respecto a posibles vínculos con el crimen organizado. El mismo alcalde de Santiago, Mario Desbordes, ha planteado que se debe investigar si algunos de estos negocios funcionan como fachada para el lavado de dinero. Una preocupación que también ha sido expresada por el presidente de la Cámara Nacional de Comercio (CNC), José Pakomio.

En entrevista con Emol, el presidente ejecutivo del gremio Ópticas de Chile, Francisco Javier Vargas, acoge la tesis de la posible presencia de crimen organizado en la industria, asegurando que hay "indicios muy grandes" de aquello, alertó además que existen establecimientos informales que operan sin profesionales capacitados, sin equipamiento adecuado y fuera de la normativa sanitaria.

Vargas afirmó que el gremio ha entregado antecedentes al Ministerio de Salud, el Servicio de Impuestos Internos, Aduanas, el Sernac, la Dirección del Trabajo, municipalidades y el Ministerio Público.

-¿La multiplicación de ópticas significa que han aumentado los problemas visuales entre las personas?

No necesariamente. Este es un problema multifactorial. La explosión de las ópticas no significa que haya aumentado en la misma proporción la prevalencia de los problemas visuales. Es cierto que durante los últimos años hemos sobredemandado al ojo como órgano. Cada vez lo utilizamos más para mirar de cerca teléfonos, tablets y computadores. Pero una cosa es el aumento de la demanda por atención visual y otra es esta explosión comercial.

-Entonces, ¿cómo explica el crecimiento que ha experimentado el sector?

La regulación de las ópticas data de 1985, específicamente del Decreto N.º 4. Nada de lo que está en ese reglamento tiene que ver plenamente con la realidad actual, ni desde el punto de vista tecnológico ni desde el punto de vista de la demanda. La falta de regulación y fiscalización ha permitido que algunas personas encuentren nichos para empezar a hacer cosas de forma ilegal, sin autorizaciones sanitarias y sin profesionales competentes.

-¿Qué irregularidades han detectado?

Basta pasearse por el centro de Santiago y encontrar lugares donde dice 'consulta oftalmológica gratis'. La primera pregunta es si hay un oftalmólogo adentro. No creo que así sea. También hay que preguntarse si tienen el equipamiento adecuado y los instrumentos que corresponden para hacer un examen visual como debe ser. Nosotros hemos constatado que en muchos casos no es así.

-¿Por qué relacionan la expansión del sector ilegalidades? ¿Funciona como fachada?

Cómo se explica entonces este aumento tan extraño de ópticas, muchas de las cuales durante el día están vacías, tienen una gran cantidad de metros cuadrados y han invadido algunos sectores de Santiago. Por mucho que sea un sector demandado, no hay público para atender todo eso. Pero lo peor es que muchos de esos establecimientos no tienen las competencias ni el equipamiento necesario.

Esta sobrepoblación de ópticas tiene que ver con comercio ilegal y, por qué no decirlo, también puede ser una forma de hacer negocios de fachada para otros delitos. Hay indicios muy grandes de que el crimen organizado está presente. No es algo nuevo en el comercio ni en el manejo de dispositivos de uso médico. Es un problema muy grande y con muchas aristas. Basta recorrer calle Mac-Iver para darse cuenta de que es una especie de barrio Meiggs, pero especializado.

"Hay indicios muy grandes de que el crimen organizado está presente. No es algo nuevo en el comercio ni en el manejo de dispositivos de uso médico. Es un problema muy grande y con muchas aristas".

Francisco Javier Vargas
No es solamente lo que se ve en los locales o caracoles. También hay segundos pisos inundados de este trabajo informal. En muchos casos se están infringiendo las disposiciones sanitarias y se está engañando al paciente.

-¿Qué antecedentes han entregado a las autoridades?

El año pasado manifestamos esta situación en la Comisión de Salud del Senado y, a solicitud nuestra, la comisión ofició a distintas instituciones que tienen un rol en esta materia. Está el Ministerio de Salud; el Servicio de Impuestos Internos; Aduanas, porque también hay un problema de contrabando y falsificación de marcas; el Sernac, porque se ofrecen al usuario cosas que no son ciertas; y la Dirección del Trabajo, por la cantidad de trabajo informal y precario.

-Si las autoridades conocen estos antecedentes, ¿por qué ha sido difícil avanzar?

No es que no se haya hecho nada. Se está haciendo, pero cuesta avanzar porque son muchos los actores involucrados. Es un tema sanitario, tributario, aduanero, laboral y municipal. Requiere tiempo, pero también necesita una respuesta urgente, porque esto es metastásico: se va contaminando todo".

-¿Este fenómeno se limita a la Región Metropolitana?

No. Es una situación que se observa a nivel nacional, principalmente en las capitales regionales. Muchas veces son nuestros propios asociados quienes nos informan de estos casos. Basta entrar a un local y hablar con quienes trabajan ahí para darse cuenta de que, en muchos casos, se están infringiendo las disposiciones sanitarias y se está engañando al paciente.

-¿Existen cifras sobre cuántas ópticas operan irregularmente?

No tenemos datos específicos que podamos compartir. Parte de la dificultad es que algunos fiscalizados entregan información incorrecta, cambian de RUT, modifican sus razones sociales o migran de un local a otro. Las secretarías regionales ministeriales de Salud llevaban el control mediante las solicitudes de autorización sanitaria, pero ese control se perdió por autorizaciones de salas de venta que fueron mal utilizadas por este comercio ilícito.