Tras casi un año de ajustes y una fuerte polémica por las dificultades que la medida podía generar entre adultos mayores y personas con menor acceso a herramientas digitales, finalmente, este sábado entra plenamente en vigencia la nueva normativa de seguridad y autenticación para operaciones bancarias.
En concreto, la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) confirmó que desde hoy comienza a regir completamente la Norma de Carácter General N° 538, que eleva los estándares mínimos de seguridad para pagos y transacciones electrónicas.
Con ello, comenzarán a ser obligatorios los mecanismos de
Autenticación Reforzada de Clientes (ARC), principalmente para realizar transferencias electrónicas de fondos y completar procesos de enrolamiento digital.
La ARC exige comprobar la identidad del cliente mediante al menos dos de tres elementos, algo que la persona conoce, como una contraseña; algo que posee, como un teléfono o dispositivo; o una característica inherente, como la huella dactilar.
La entrada en vigencia de la regulación implica, en términos generales, dejar atrás mecanismos basados únicamente en datos impresos, como las conocidas tarjetas de coordenadas.
La polémica por los adultos mayores
Originalmente, la eliminación de estas tarjetas debía comenzar a regir el 1 de agosto de 2025. Sin embargo, la CMF aplazó su implementación por un año, en medio de cuestionamientos por el impacto que podía tener sobre adultos mayores y clientes con dificultades para utilizar teléfonos inteligentes o aplicaciones bancarias.
La medida generó críticas de usuarios, organizaciones vinculadas a personas mayores y de la propia industria bancaria, que advirtieron que una digitalización obligatoria podía terminar excluyendo del sistema financiero a quienes no cuentan con las capacidades, los dispositivos o la conectividad necesarios.
Por ejemplo, desde Conecta Mayor UC apuntaron en ese momento a que la regulación debía compatibilizar la seguridad de las transacciones con la inclusión digital, mientras que la Asociación de Bancos pidió avanzar hacia mayores grados de flexibilidad para situaciones particulares.
Ante estos reparos, la CMF modificó la regulación y abrió la posibilidad de que las propias instituciones financieras definan grupos de clientes que puedan continuar utilizando mecanismos con datos impresos, como la tarjeta de coordenadas.
Las excepciones
Según explicó este viernes el regulador, estas excepciones podrán aplicarse a clientes que enfrenten problemas de accesibilidad, desplazamiento u otras limitaciones que dificulten el reemplazo de sus actuales métodos de autenticación.
En esos casos, la utilización de la tarjeta de coordenadas podrá mantenerse, aunque el procedimiento no será considerado como Autenticación Reforzada de Clientes.
La CMF precisó que serán las propias entidades financieras las responsables de identificar a los usuarios que podrán acogerse a esta alternativa y de informarles los riesgos asociados al uso de mecanismos impresos.