La publicación de las Cuentas Nacionales del Banco Central volvió a poner sobre la mesa la discusión sobre si Chile entró o no en una recesión técnica.
El organismo informó que el Producto Interno Bruto (PIB) sorprendió y retrocedió 0,2% en términos interanuales durante el segundo trimestre, mientras que el resultado de los primeros tres meses del año fue corregido desde una caída de 0,5% a una de 0,3%. Con ello, la economía acumula dos trimestres consecutivos de contracción respecto de igual período del año anterior, la medición que tradicionalmente se ha utilizado en Chile para establecer una recesión técnica.
Sin embargo, y como no hay un criterio único para medir una recesión técnica, hay quienes prefieren comparar el desempeño de un trimestre con el inmediatamente anterior, ajustado desestacionalizadamente. Bajo este esquema,
el primer trimestre mostró una caída de 0,3%, mientras que el segundo registró una variación de 0%, aunque según expertos, si se amplían los decimales, la cifra del segundo trimestre fue de -0,02%, o sea, también una caída.
Este último fue el criterio por el cual optó Quiroz, aunque solo se quedó con la variación de 0% en el segundo trimestre, sin ampliar los decimales. Por eso, a su juicio, "no hay" recesión técnica.
"No, no hay (recesión)"
Jorge Quiroz
El economista jefe del BCI,
Sergio Lehmann coincidió con esa lectura. A su juicio, el resultado es negativo para la actividad, pero no alcanza a configurar formalmente una recesión técnica si se utiliza la comparación trimestral desestacionalizada.
"La cifra es sin duda una mala noticia, ratificando una dinámica extremadamente débil en el primer semestre. En rigor no tuvimos recesión técnica, aunque estuvimos muy cerca", señaló a Emol.
Aunque no todos los economistas piensan igual.
Nicolás García, economista senior de Coopeuch, utilizó también la medición desestacionalizada para sostener la posición contraria. "Por definición, para que se configure una recesión técnica una economía debe acumular dos trimestres consecutivos con caídas en la serie desestacionalizada. La situación actual de nuestra economía cumple con esta definición", remarcó a Emol.
El expresidente del Banco Central e investigador senior del Centro de Estudios Públicos (CEP), Rodrigo Vergara aseveró que "tuvimos una recesión técnica en el primer semestre del año, coherente con lo que vimos en un semestre que fue malo y bastante peor a lo esperado".
"En rigor no tuvimos recesión técnica, aunque estuvimos muy cerca"
Sergio Lehmann
No obstante, el economista subrayó que "lo importante es que se ven mejores perspectivas hacia adelante".
Valentina Apablaza, investigadora del OCEC UDP, también consideró que los antecedentes permiten hablar de recesión técnica. No solo por las dos caídas interanuales consecutivas, sino porque, al ampliar los decimales del segundo trimestre, la variación desestacionalizada habría sido levemente negativa.
"Lo que sí cambia es que efectivamente se cumplen los requisitos para catalogar este episodio como una recesión técnica, toda vez que se concretan dos trimestres consecutivos donde la actividad económica se contrae en términos anuales", afirmó a Emol.
Apablaza agregó que el resultado del segundo trimestre fue de -0,02% en términos trimestrales desestacionalizados, aunque el registro oficial se expresa como 0,0%. Por ello, sostiene que incluso bajo esa metodología se podría configurar el fenómeno.
El problema es el estancamiento
Para otros especialistas, la discusión sobre la etiqueta no debería ocultar el principal mensaje de las Cuentas Nacionales, que la economía chilena no consiguió crecer durante los primeros seis meses del año.
Apablaza planteó que "más allá de si se cumplen o no los requisitos necesarios para clasificar esto como una recesión técnica", el elemento central es el estancamiento de la actividad durante el primer semestre.
A ello sumó el debilitamiento del mercado laboral como una señal de que el problema excede el resultado puntual del PIB.
"Por definición, para que se configure una recesión técnica una economía debe acumular dos trimestres consecutivos con caídas en la serie desestacionalizada. La situación actual de nuestra economía cumple con esta definición"
Nicolás García
Desde la Universidad Andrés Bello,
Francisco Ormazábal también consideró que técnicamente corresponde hablar de una recesión, aunque advirtió que la fotografía coyuntural es menos negativa de lo que podría sugerir el dato interanual.
"Sí, podría entenderse como un balde de agua fría, porque desde el punto de vista formal -es decir, técnico- la economía registró dos trimestres consecutivos de variación negativa del PIB en cálculo interanual, lo que configura una recesión técnica", explicó a Emol.
Sin embargo, Ormazábal subrayó que la variación trimestral desestacionalizada fue nula y que los antecedentes más recientes apuntan a una posible salida del ciclo de debilidad. "Lo que observamos es un proceso de desaceleración que ya está en fase de salida, más que un deterioro profundo", sostuvo.
La minería explica buena parte del retroceso
La composición del PIB también permite matizar el diagnóstico. Michelle Mieres, académica del Magíster en Desarrollo Económico de la Universidad Autónoma, destacó que el retroceso no fue homogéneo entre sectores.
"La minería cayó 6,4%, principalmente por la menor producción de cobre, mientras el PIB no minero creció 0,7%. El comercio y los servicios personales siguieron creciendo", explicó.
Por eso, para la economista, el resultado responde en buena medida al desempeño de sectores específicos más que a una contracción transversal de toda la economía.
El contraste también ayuda a entender por qué el dato trimestral desestacionalizado adquiere tanta relevancia en el debate. Mientras la comparación anual muestra el deterioro acumulado frente a 2025, la medición respecto del trimestre inmediatamente anterior permite observar si la economía está comenzando a cambiar de dirección.
Ormazábal enfatizó que esta última medición "entrega una mejor fotografía de la situación actual de la economía chilena", precisamente porque permite identificar cambios recientes que pueden quedar ocultos en la comparación interanual.
Un segundo semestre que parte con una vara más alta
Donde sí existe mayor coincidencia entre los expertos es en que las nuevas cifras dificultan las expectativas de crecimiento para el conjunto de 2026.
García proyectó una expansión cercana a 0,9%.
Apablaza es algo más optimista, aunque reconoció que su estimación de 1,3% anual ya se ha transformado en un escenario exigente. "Además, en este contexto vemos prácticamente imposible que se registre una expansión superior al 2% anual al cierre de 2026", afirmó.
Mieres también advirtió que alcanzar una expansión cercana al 2% se volvió bastante más difícil, aunque no descarta un repunte durante la segunda mitad del año si se recupera la minería y comienzan a materializarse proyectos de inversión.
Lehmann, en cambio, mantiene una visión más favorable y espera una expansión anual de 1,2%. Para el economista, los datos de junio podrían marcar un punto de inflexión para la actividad.