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Guerra y "bencinazo": El conflicto en Medio Oriente cumple seis meses y pasa factura a la economía chilena

El PIB acumula dos trimestres consecutivos de caída y economistas aseguran que el alza de los combustibles profundizó el deterioro.

23 de Agosto de 2026 | 09:31 | Por Martín Garretón, Emol.
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El Mercurio
Esta semana, el 28 de agosto, se cumplirán seis meses desde que Estados Unidos e Israel bombardearon Irán, desatando una guerra que ha remecido a la economía mundial, y Chile no ha estado exento de sus efectos.

La fuerte alza del petróleo producto de las interrupciones en el estratégico estrecho de Ormuz, el canal de transporte de energía más importante del mundo, ha golpeado con fuerza a Chile, un país importador de combustibles. El efecto más visible para los hogares y la actividad llegó a fines de marzo, cuando la decisión del Gobierno de José Antonio Kast de traspasar íntegramente los precios internacionales a la realidad local gatilló el denominado "bencinazo", que llevó a las gasolinas y al diésel a registrar alzas históricas.

El shock ocurrió además en medio de un deterioro mayor de la economía. Así lo corroboró esta semana el Banco Central cuando informó que el PIB cayó sorpresivamente 0,2% interanual durante el segundo trimestre, mientras que la cifra del primer trimestre fue revisada desde -0,5% a -0,3%. Con ello, la economía acumuló dos trimestres consecutivos de retroceso, quedando en terreno de recesión técnica.

El escenario abrió el debate sobre hasta qué punto el alza de los combustibles fue solo un problema inflacionario o si también terminó debilitando el consumo, las expectativas y, por esa vía, la propia actividad.

El "bencinazo" que cambió las expectativas


El jueves 26 de marzo se produjo el mayor salto en los precios de los combustibles registrados en Chile: cerca de $372 por litro para la gasolina de 93 octanos y unos $580 para el diésel. Luego de ello han venido vaivenes de alzas y bajas, con precios que se mantienen muy elevados.

Para Rodrigo Vergara, expresidente del Banco Central e investigador senior del Centro de Estudios Públicos (CEP), el episodio tuvo un efecto que fue más allá de llenar el estanque. "El bencinazo fue importante", afirmó en T13 Radio esta semana.

El economista vinculó el fenómeno con el deterioro de las expectativas de los consumidores. "Las expectativas económicas, y en particular las expectativas económicas de los consumidores, se pegan una caída muy fuerte, casi brutal yo diría, a mediados de marzo", sostuvo.

La explicación está, en parte, en el peso que tienen los combustibles en el presupuesto de los hogares. "Los combustibles son una parte importante del gasto de los consumidores", señaló Vergara, agregando que el alza "afecta en forma significativa lo que los economistas llamamos el ingreso a disponible de la gente".

La consecuencia es relevante para una economía que depende del consumo interno: cuando las familias destinan más recursos a combustibles y perciben un escenario económico más incierto, disponen de menos margen para otros gastos.

De la bencina a la inflación


Los datos entregados por Juan Ortiz, economista sénior del OCEC-UDP, permiten dimensionar el impacto sobre los precios. Antes del shock, las expectativas estaban relativamente alineadas con la meta de inflación de 3% del Banco Central. Para diciembre de 2025, por ejemplo, se proyectaba una inflación promedio de 2,9% para 2026.

Eso cambió después del fuerte incremento de fines de marzo. "Las expectativas de inflación para diciembre se han ubicado persistentemente en torno a un 4%, mientras que IPoM del mes de marzo y junio estiman una inflación promedio para el año 2026 de un 3,6% y un 3,7% respectivamente", explicó Ortiz.

"Casi una cuarta parte de la inflación acumulada del año 2026 corresponde al incremento que se generó abrupto en cuanto a la gasolina y el diésel"

Juan Ortiz
Según el economista, la inflación acumulada durante 2026 llegó a 2,9% hasta julio y gasolina y diésel explicaron cerca de un 23% de ese incremento.

"Por lo tanto, casi una cuarta parte de la inflación acumulada del año 2026 corresponde al incremento que se generó abrupto en cuanto a la gasolina y el diésel", afirmó.

Abril fue especialmente relevante. El IPC avanzó 1,3% durante ese mes, luego de registrar un alza de 1% en marzo. Para Ortiz, ese movimiento también generó efectos secundarios a través de la UF, afectando precios y obligaciones indexadas a ella.

"Hay impactos indirectos y si bien pareciera ser que el traspaso del alza del precio de los combustibles ha sido bastante acotado en cuanto a impactos, por ejemplo, en el caso de los alimentos, en otro tipo de servicios ha sido mucho más evidente", sostuvo.

Un shock que también golpeó el consumo


El problema, sin embargo, no termina en el IPC. El aumento de los combustibles se produjo en un momento en que las expectativas económicas se deterioraban y terminó afectando las decisiones de hogares y empresas.

El exministro de Hacienda Mario Marcel apuntó precisamente en esa dirección. A su juicio, durante los meses posteriores al alza de los combustibles el principal efecto no habría sido únicamente el aumento directo de los precios.

"En abril, mayo, quizás junio, me parece que lo que ha estado operando fundamentalmente es un impacto del deterioro de las expectativas económicas que se produjo a partir del shock de los precios de los combustibles"

Mario Marcel
"En abril, mayo, quizás junio, me parece que lo que ha estado operando fundamentalmente es un impacto del deterioro de las expectativas económicas que se produjo a partir del shock de los precios de los combustibles", afirmó en Radio 13C hace un mes.

Marcel añadió que "si uno ve cualquier encuesta en los últimos meses, se da cuenta de que en marzo, principios de abril, se produjo ahí una caída que retrotrajo las expectativas a por lo menos dos años para atrás".

La lectura coincide con parte de los antecedentes recogidos por el Banco Central en su Informe de Percepciones de Negocios de agosto. Las empresas describen un desempeño moderado y menor al esperado, mientras continúan enfrentando mayores costos derivados de los combustibles, el transporte y otros insumos.

Al mismo tiempo, reportan una demanda más débil y consumidores más cautelosos. La combinación es especialmente compleja: las empresas enfrentan mayores costos, pero la menor demanda les dificulta traspasarlos completamente a sus precios, reduciendo sus márgenes.

La economía entra en terreno recesivo


El PIB cayó 0,3% en el primer semestre del año y las expectativas del mercado para 2026 a penas superan una expansión de 1%. La debilidad, no se explica por un único sector. En el segundo trimestre, según el Banco Central, la minería cayó 6,4%, mientras también registraron retrocesos pesca, construcción, transporte, agropecuario-silvícola, industria manufacturera, servicios empresariales y administración pública.


La demanda interna tampoco mostró fuerza: apenas aumentó 0,1% interanual, mientras el consumo de los hogares creció 1,2%.

En este escenario, el "bencinazo" aparece como uno de los factores que pudieron profundizar un deterioro que también tiene otras causas. El Informe de Percepciones de Negocios identifica el conflicto en Medio Oriente y su shock de costos como uno de los elementos que continúan afectando a las empresas.

Nicolás Grau, exministro de Hacienda, puso el foco en la respuesta de la política económica frente al shock externo. A su juicio, la economía enfrenta un escenario "bastante peor del que se esperaba", aunque reconoce que parte importante de las dificultades proviene de factores externos.

Su crítica apunta a que no se amortiguó el golpe. "Si uno tiene un shock malo de afuera, el rol principal de la política macroeconómica es suavizar el impacto de ese shock para la actividad, protegiendo a las personas más vulnerables, pero también protegiendo la actividad económica, protegiendo los empleos y yo creo que eso no se realizó", sostuvo.

¿Cuánto más puede subir el combustible?


El problema tampoco está completamente cerrado.

Esta semana, Enap informó una nueva alza de $34,8 por litro para las gasolinas de 93 y 97 octanos y de $97,4 para el diésel. Según Tomás Bunster, coordinador de Regulación Económica y jefe de Coordinadores de Hacienda, todavía existe una brecha cercana a $250 por litro entre el precio del diésel en Chile y su referencia internacional.

Eso abre la posibilidad de nuevas alzas si las condiciones internacionales se mantienen.

El Gobierno, sin embargo, relativiza el impacto inflacionario que han tenido hasta ahora los combustibles. "Si hay algo que ha quedado más o menos en evidencia de los cinco meses desde el primer alza de los combustibles, que fue en el mes de marzo, es que el impacto inflacionario ha sido considerablemente más pequeño de lo que se previó originalmente", explicó Bunster a Emol.

A su juicio, el traslado hacia otros precios también ha sido limitado. "Ha existido un traspaso de precios, por supuesto, pero el impacto en la canasta básica y en los precios de los alimentos ha sido considerablemente menor a lo que en algún minuto se advirtió que podía ser".

Por eso, concluyó: "Reconociendo que esto puede tener obviamente un impacto en la inflación, nos parece que es bastante de baja cuantía y no nos preocupa tanto".

Óscar Monett, economista y profesor e investigador de Faro UDD, introduce otro elemento en el debate: el mecanismo mediante el cual el precio internacional termina llegando al consumidor chileno.

"Esto sumado a dos trimestres con crecimiento negativo nos dice que las empresas no tienen a quién traspasarle este aumento en costos".

Óscar Monett
"Efectivamente la guerra por el Estrecho de Ormuz subió fuertemente los precios del petróleo, y como consecuencia, de los combustibles a nivel internacional. Pero en Chile el principal impacto no viene derechamente de ahí, sino del cambio en el Mepco que traspasa esos precios al consumidor con más volatilidad hoy", señaló.

Su evaluación es que el impacto inflacionario ha sido acotado y que el escenario actual combina presión de costos con una economía debilitada.

"Esto sumado a dos trimestres con crecimiento negativo nos dice que las empresas no tienen a quién traspasarle este aumento en costos", afirmó.

Así, el dilema para Chile se vuelve más complejo. El shock internacional elevó el costo de los combustibles y presionó la inflación, además de generar consumidores más cautelosos, empresas con menores márgenes y una actividad que terminó acumulando dos trimestres de contracción.

Para Juan Ortiz, los efectos se han extendido incluso al mercado cambiario. Antes del conflicto, el dólar se ubicaba en torno a $870 en promedio, mientras posteriormente pasó a moverse persistentemente sobre los $900.

"Por lo tanto, eso también es un impacto eventualmente que se da, o que se deriva de este proceso de ajuste a la alza", concluyó.