"Son las primeras vacaciones que me tomo en 7 años". Ese fue el motivo del aterrizaje en Chile por unas semanas de Ivo Günter Simon, hoy radicado en Ludwigshafen, región del Rin-Palatinado, al suroeste de Alemania.
En junio, Emol dio a conocer a este empresario chileno que en 2017 fundó Dronivo, una compañía que hoy provee de drones militares a Alemania y a otros países de la OTAN. Después de casi dos meses, conversó con Emol para relatar su historia, recorrido y sus próximos pasos.
Simon regresó a Chile después de 11 años fuera del país. El motivo principal era familiar: quería mostrarles a sus hijos, algunos nacidos en el extranjero, el país donde creció.
Pero las vacaciones terminaron incluyendo reuniones con representantes de instituciones vinculadas a la seguridad y la defensa chilena. El empresario recalcó eso sí, que fueron encuentros iniciales, orientados principalmente a conocerse y comprender el punto en que se encuentra el país.
Su evaluación, pese a haber sido construida en apenas un par de días de reuniones, es positiva. "Yo quedé impresionado de cómo se ha analizado la situación", comentó. Según detalló, una de las fortalezas está precisamente en reconocer que Chile todavía se encuentra en una etapa inicial y que el proceso para incorporar plenamente estas tecnologías será largo.
También advirtió que todavía existe una tarea pendiente: probar los equipos en las condiciones específicas del territorio nacional. "Nadie puede decir a certeza que es el dron que funciona en Chile, porque nunca se han testeado a ese nivel", afirmó.
Para Simon, esa falta de certezas no necesariamente representa una debilidad. Al contrario, considera positivo que exista conciencia respecto del camino que queda por recorrer. "El tener esa capacidad autocrítica y la voluntad para mejorar me tiene impresionado y me encantaría poder ayudar y acompañar ese proceso", acotó.
Con todo, antes de convertirse en fundador de Dronivo y participar en una industria que hoy es considerada estratégica para Europa, el ingeniero industrial chileno pasaba horas mirando autos y aviones a control remoto y desarmando los motores del bote de su padre.
"Desde muy chico me gustó el tema de motores, todo lo que se movía, funcionaba", recordó. Cuando tenía entre seis y ocho años, relató, tomaba los juguetes y objetos que encontraba para modificarlos. Años después, ya instalado en Alemania, aquella fascinación volvió a aparecer con fuerza, aunque esta vez con máquinas mucho más grandes.
Su trayectoria profesional, sin embargo, apuntaba originalmente hacia otro lugar. Egresado de Ingeniería Industrial de la Universidad Técnica Federico Santa María, desarrolló su carrera en Chile y posteriormente en Europa en áreas vinculadas con las finanzas, el control de gestión, las compras y la planificación. El mundo de los drones aparecería casi por accidente, aunque Simon prefiere no describirlo como "un salto".
El hobby que terminó convertido en negocio
La llegada a Alemania le permitió cumplir, ya adulto, una vieja aspiración: comenzar a comprar y operar vehículos a control remoto. El problema fue que no tenía demasiada experiencia pilotándolos. El resultado fueron varios drones destruidos y la necesidad de conseguir repuestos.
Ahí apareció la oportunidad empresarial.
"Y con eso empecé a romper muchos y tener una gran necesidad de repuesto", relató. Al analizar el mercado, detectó que existía una oferta insuficiente tanto de piezas como de servicios de reparación para estos equipos. Decidió entonces explorar el negocio paralelamente a su trabajo.
La idea comenzó a crecer lentamente. En 2016 llegaron sus primeras ventas a Estados Unidos mediante plataformas como eBay y Amazon. También apareció una preocupación que terminaría empujándolo a formalizar el proyecto: qué ocurriría si alguno de los drones cuyos repuestos vendía sufría un accidente.
"Y por eso de ahí formamos la empresa, o formé la empresa, por un tema de resquicio de seguridad legal", explicó.
La compañía comenzó a ampliar sus operaciones y Simon pasó de vender repuestos a desarmar drones completos para comercializar sus componentes. La demanda creció al punto de convertir a Dronivo en uno de los principales vendedores o revendedores de varias marcas en Alemania.
Del repuesto a la defensa
El verdadero punto de inflexión llegó cuando el mercado militar comenzó a abrirse a los drones pequeños. En 2016, el Pentágono realizó una licitación y una de las empresas adjudicatarias fue la francesa Parrot, una destacada empresa fundada en 1994 por Henri Seydoux, Christine de Tourvel y Jean-Pierre Talvard, con sede central en París. Aunque en sus inicios fue pionera mundial en dispositivos manos libres Bluetooth para automóviles, hace unos años se reestructuró por completo para enfocarse exclusivamente en el mercado de los drones.
Simon recibió entonces una propuesta para involucrarse en la venta de drones destinados a policías y fuerzas militares. La respuesta fue intentarlo.
"Yo sin experiencia, viniendo de parte de finanzas, dije, bueno, intentémoslo", recordó.
A partir de ahí, Dronivo comenzó a ampliar su negocio hacia el ámbito de la seguridad y la defensa, incorporando también sistemas antidrones y representaciones de compañías vinculadas con tecnologías de defensa.
La experiencia acumulada permitió que la empresa desarrollara una característica que Simon considera fundamental. Que era conocer el dron desde sus componentes y no únicamente como un producto terminado. Esa mirada también llevó a la compañía a analizar los riesgos asociados al uso de determinadas tecnologías y los componentes presentes en los distintos equipos.
La guerra en Ucrania terminó acelerando ese proceso. El conflicto convirtió a los drones en una herramienta central del campo de batalla y, al mismo tiempo, hizo más evidente la necesidad de desarrollar sistemas capaces de detectarlos y neutralizarlos.
"Obviamente la Ucrania nos dio al final el impulso más grande, demostrando el uso, el potencial uso de, por un lado el uso y por el otro lado el tema de la amenaza que se puede dar de estos drones", remarcó.
El dron no es el producto: "Es la herramienta"
Para Simon, uno de los principales errores que cometen los países al incorporar esta tecnología es pensar primero en qué dron comprar. Su enfoque es el contrario: primero hay que determinar qué problema se quiere resolver y después escoger la herramienta.
"El verdadero valor está cuando se suma el conocimiento del uso de la herramienta con una buena herramienta", aseveró.
Para explicarlo recurrió a una comparación cotidiana: la cocina. Tener un buen cuchillo no convierte automáticamente a una persona en un buen cocinero. Lo mismo ocurre con un dron.
"Si yo a alguien no bien experimentado le doy el mejor cuchillo, no significa que vaya a saber cortar una cebolla extremadamente rápido y eficiente", ejemplificó.
Por eso Dronivo acompaña a los países en distintas etapas: desde la capacitación básica y el entrenamiento táctico hasta la mantención de los equipos. La lógica es probar, aprender y posteriormente determinar qué tecnología se adapta mejor a cada necesidad.
"No existe un dron que sirva para todo", enfatizó Simon.
La comparación que utiliza esta vez es con los vehículos. Un automóvil adecuado para la nieve no necesariamente sirve para el desierto. Con los drones ocurre algo similar: las necesidades de una fuerza, una misión o un territorio pueden ser completamente diferentes a las de otra.
Y existe otro problema: la velocidad con que cambia la tecnología. Según Simon, un proceso tradicional de adquisición puede tardar tanto que, cuando el producto finalmente llega, ya está varias generaciones atrás.
"Cuando me piden armar un producto, (con el tiempo de demora) el producto ya tiene tres años, lo cual en el mundo del dron es una obsolescencia de casi seis generaciones", advirtió.
Alemania, Ucrania y el "Grupo Pájaros"
Esa filosofía también explica la participación de Dronivo en el proceso de modernización de las capacidades de defensa alemanas. Simon describe cómo Alemania comenzó primero a probar diferentes tipos de drones en sus unidades para entender qué servía para cada función.
El proceso permitió recoger experiencias durante años antes de avanzar hacia adquisiciones más específicas. En ese contexto aparece el denominado "Grupo Pájaros", una iniciativa del Ejército alemán destinada a profundizar la incorporación de estas tecnologías.
Según Simon, el aprendizaje fue fundamental. Una unidad de artillería requiere un tipo de dron distinto al de una unidad logística, las fuerzas especiales tienen otras necesidades y las funciones de vigilancia o ataque también demandan equipos diferentes.
La idea, en definitiva, según explicó, no consiste en comprar masivamente antes de saber qué funciona, sino en experimentar, recopilar información y luego definir las necesidades.
Una frontera marcada por la tecnología
La experiencia internacional de Dronivo también ha obligado a Simon a establecer límites respecto de quiénes pueden convertirse en sus clientes.
En una industria donde drones y sistemas antidrones tienen aplicaciones militares, policiales y también criminales, conocer al comprador se transforma en una parte central del negocio.
"En cualquier caso de duda, no hacemos el negocio"
Ivo Simon
La empresa realiza controles sobre los clientes y el destino final de los equipos. Simon cuenta que incluso determinadas preguntas pueden activar alertas.
Una de ellas ocurrió cuando alguien solicitó un sistema de detección de drones con una cobertura de 14 kilómetros. La cifra llamó su atención porque no correspondía a una necesidad expresada habitualmente de esa manera. Era una solicitud del crimen organizado.
Al investigar descubrieron que los 14 kilómetros correspondían al ancho aproximado del estrecho de Gibraltar.
"Entonces, cuando alguien me pregunta quiero un sistema, y ahí ni siquiera tenemos que buscar en el background, pero quiero un sistema de detección de drones, y tengo una cobertura de 14 kilómetros, sabemos claramente que es una empresa pequeña, o más grande, o on muy creativos", relató.
Para Simon, la posibilidad de que tecnologías de este tipo terminen en manos equivocadas es un riesgo permanente.
"En cualquier caso de duda, no hacemos el negocio", aseguró.
Europa como elección
La expansión de Dronivo también ha llevado a Simon a tomar decisiones que van más allá de lo comercial. La empresa opera en un mercado marcado por alianzas militares, conflictos internacionales y restricciones a determinados países.
"Nosotros ya tomamos nuestra decisión, como empresa. Y ayudamos en primer lugar a Europa, los países de la OTAN"
Ivo Simon
El empresario reconoce que su compañía ha debido discutir internamente qué posición adoptar frente a ese escenario. La decisión fue apostar por Europa y sus aliados.
"Nosotros ya tomamos nuestra decisión, como empresa. Y ayudamos en primer lugar a Europa, los países de la OTAN", afirmó. "No tenemos doble moral", subrayó.
Simon aseguró que no están dispuestos a poner en riesgo el negocio ni la región donde viven por obtener mayores ganancias. "Y no vamos a arriesgar el negocio que tenemos, ni el país, ni la región donde vivimos, por hacer un poco más de dinero", sentenció.
Chile como posible puente hacia Europa
Aunque actualmente proyecta su vida en Europa, Simon no descarta que el futuro pueda llevarlo nuevamente a Chile. "Nunca digas nunca", respondió cuando se le pregunta por la posibilidad de regresar.
Por ahora, su vínculo con el país también tiene una dimensión empresarial. Durante su estadía ha sostenido conversaciones con compañías chilenas que podrían incorporarse al portafolio de Dronivo y utilizar su red para intentar ingresar al mercado europeo.
La idea no necesariamente pasa por los drones. El punto en común, explica, es que esas empresas tienen productos que podrían interesar a los mismos clientes con los que ya trabaja.
"Y con ello estamos ahora cerrando, evaluando la cooperación y para nosotros ayudarles a dar el salto desde Chile, Sudamérica, que tiene poco cliente a conquistar el mercado europeo", señaló.