Cuando Tim Cook subió al escenario como CEO de Apple el 24 de agosto de 2011, la pregunta que rondaba Cupertino y Wall Street no era si haría un buen trabajo, sino si la compañía sobreviviría sin su fundador. Steve Jobs, el visionario que había reinventado la música, el teléfono y la computación personal, moriría menos de dos meses después.
Cook, el ingeniero industrial de Alabama que había construido silenciosamente la cadena de suministro más eficiente del mundo tecnológico, heredaba no solo un cargo, sino una sombra que muchos consideraban imposible de igualar.
Este lunes, casi 15 años después, Cook se despidió del puesto con un mensaje breve mostrando su cariño por la comunidad Apple. "Les mando mucho cariño a la comunidad de Apple en mi último día como CEO. Mi cargo cambia mañana, pero el amor que siento por la comunidad de Apple nunca lo hará", escribió en X.
Agregó su gratitud "por ser una fuente constante de inspiración" y cerró: "Mi gratitud es infinita, ¡y me entusiasma el próximo capítulo!".
La respuesta a aquella duda de 2011 llegó, finalmente, en números. Según el análisis de Ignacio Mieres, head of research de la app de inversiones XTB, la acción de Apple acumula un alza cercana al 2.874% desde que Cook asumió el mando, los ingresos de la compañía se cuadruplicaron y la capitalización de mercado llegó a tocar los US$5 billones, convirtiendo a Apple en la segunda empresa en la historia en alcanzar esa cifra.
La misma compañía que Cook recibió con un valor bursátil de US$350.000 millones se transformó, bajo su liderazgo, en un gigante de US$4 billones.
Cook nunca fue el creador de un producto con la magnitud disruptiva del iPhone. Su aporte fue distinto, convirtiendo ese dispositivo en el eje de la vida diaria de miles de millones de personas y edificó, a su alrededor, un negocio de servicios que hoy factura más que toda la compañía cuando él llegó al mando. Fue el arquitecto operacional que expandió la producción del iPhone a una escala sin precedentes, diversificó parte de la manufactura fuera de China sin perder al consumidor de ese mercado, y navegó con habilidad la tensión comercial entre Washington y Beijing.
Su promesa de invertir US$600.000 millones en Estados Unidos le permitió esquivar los aranceles más duros de la administración Trump, con quien cultivó una relación personal poco habitual entre líderes corporativos.
No todas las apuestas de la era Cook resultaron ganadoras. El Apple Watch y los AirPods se consolidaron como aciertos que ampliaron el ecosistema de la marca, pero el proyecto de vehículo autónomo terminó cancelado en 2024 tras años de inversión, y el Vision Pro enfrenta hoy un futuro comercial incierto. El punto más débil de su legado, coinciden los analistas, es la inteligencia artificial: Apple llegó tarde a la carrera, tropezó con el lanzamiento de Apple Intelligence y hoy reconstruye Siri apoyándose en la tecnología Gemini de Google, de su archirrival.
Ese es el desafío que hereda su sucesor.
Este martes 1 de septiembre, John Ternus —actual vicepresidente senior de Ingeniería de Hardware y con 25 años en la compañía— tomará las riendas de Apple con la misión de acelerar el despliegue de la inteligencia artificial y sostener el complejo equilibrio geopolítico que Cook supo administrar.
La transición, sin embargo, será gradual, y es que Cook permanecerá como presidente ejecutivo del consejo de administración y seguirá manejando personalmente las relaciones políticas de la compañía.
El despliegue de la nueva Siri en septiembre será su primera gran prueba de fuego, y con ella, la primera señal de si Apple puede extender su racha de éxito a la era de la inteligencia artificial.