El proyecto petrolero Sea Lion avanza hacia la producción de crudo en las aguas que rodean las islas Malvinas, en un desarrollo liderado por la compañía israelí Navitas y en el que también participa la británica Rockhopper.
La iniciativa, que contempla una inversión cercana a los US$4.000 millones, busca comenzar a extraer petróleo en marzo de 2028 y convertirse en el primer proyecto de producción de crudo a gran escala del archipiélago.
Pero el millonario desarrollo se encuentra en el centro de una disputa que trasciende lo energético. Argentina reclama la soberanía de las Malvinas, bajo control británico desde 1833, y cuestiona la legalidad de las licencias otorgadas para explotar recursos en la zona.
A ello se suma una demanda presentada en tribunales argentinos contra Sea Lion, que plantea tanto argumentos vinculados al conflicto territorial como eventuales riesgos ambientales, mientras las empresas aceleran las obras y preparativos para iniciar la explotación.
El proyecto Sea Lion
El proyecto petrolero Sea Lion, blanco de una demanda judicial presentada este martes en Argentina, es una iniciativa de la empresa israelí Navitas y la británica Rockhopper.
Se propone ser el primero en producir crudo en las islas Malvinas, archipiélago que es eje de una disputa de soberanía entre el país suramericano y Reino Unido.
Ubicado a 450 metros de profundidad en el Atlántico sur, a unos 220 kilómetros al norte de las Malvinas, Sea Lion es el primer yacimiento de petróleo descubierto en las aguas que circundan las islas, un hallazgo anunciado por Rockhopper en mayo de 2010.
Imagen satelital de las islas Malvinas. | Wikimedia
Navitas, cuyas acciones cotizan en la Bolsa de Tel Aviv, ingresó a este proyecto "offshore" (costas afuera) a principios de 2020, cuando adquirió un 30% de Sea Lion.
La petrolera israelí es operadora del proyecto y posee una participación del 65%, mientras que Rockhopper tiene el restante 35%.
En diciembre de 2025 ambas compañías anunciaron la decisión de inversión, un paso clave porque eso implica que las evaluaciones técnicas, económicas y financieras se completaron y que la iniciativa es considerada un negocio viable.
Según el más reciente estudio de la consultora Netherland, Sewell & Associates (NSAI), Sea Lion contaba al 31 de julio pasado con 314 millones de barriles de petróleo de reservas probadas y probables.
Mientras que los recursos contingentes (potencialmente recuperables) se calculan en 626 millones de barriles.
Navitas reveló hace unas semanas planes para acelerar el desarrollo del proyecto y lograr una producción de 150.000 barriles diarios en 2030.
Para Luciano Codeseira, director ejecutivo de la firma Gas Transition Consultant, Sea Lion "puede ser bastante más importante" para la cuenca petrolera Malvinas Norte de lo que sugiere el objetivo inicial de producción de entre 50.000 y 55.000 barriles diarios en 2028.
Promisorio nodo petrolero
Más allá de ese objetivo, Codeseira considera que el "verdadero impacto" de Sea Lion estará en su capacidad futura de sumar a la infraestructura del diseño original del proyecto otras áreas petroleras adyacentes con un enorme potencial de recursos.
"Si ese desarrollo avanza, Sea Lion dejaría de ser un proyecto aislado para convertirse en la infraestructura base de un verdadero "offshore cluster" (nodo de producción costas afuera)", dijo a EFE Codeseira, codirector del Instituto de Energía de la Universidad Austral.
Imagen referencial de barriles de petróleo. | Wikimedia
Navitas y Rockhopper señalaron su intención de conectar otras áreas bajo su licencia a la infraestructura de Sea Lion.
El proyecto, que demandará inversiones cercanas a los 4.000 millones de dólares, también entusiasma a otras petroleras presentes en Malvinas bajo licencias concedidas por el gobierno isleño, dependiente de Reino Unido: la británica Borders & Southern, que opera en la cuenca Malvinas sur, y la canadiense JHI, que se asoció recientemente con Navitas en un área adyacente a Sea Lion.
El proyecto prevé una inversión de 1.800 millones de dólares hasta la obtención del primer crudo, previsto para marzo de 2028.
Avance a paso firme
En un contexto geopolítico global convulsionado y con precios del crudo al alza, Navitas y Rockhopper avanzan a paso firme.
Informaron que ya tienen acuerdos con proveedores y contratistas, incluidas dos empresas comercializadoras.
La unidad FPSO para la fase 1 se llama Aoka Mizu y este mismo mes llegará a un astillero del Sudeste Asiático para su modernización antes de ser enviada a Malvinas.
Unidad flotante de producción, almacenamiento y descarga (FPSO), Aoka Mizu | Navitas
Además, el pasado 17 de agosto Navitas ejerció una opción de compra por 125 millones de dólares del buque OSX1, que se utilizará como la segunda unidad FPSO para Sea Lion.
Esta adquisición permitiría acelerar y aumentar el volumen de producción hasta alcanzar 180.000 barriles diarios a finales de 2030.
"El plan establecido por Navitas es utilizar el OSX-1 para desarrollar los recursos en CDA de Sea Lion, acelerando así la producción", informó la semana pasada Rockhopper, que opera en Malvinas desde 2004 y cuyas acciones cotizan en la Bolsa de Londres.
Mientras tanto, las tareas avanzan en las islas con la preparación del muelle y la base costera que dará servicio al proyecto.
Junto a ellos, se lleva a cabo la construcción de alojamientos para los trabajadores y la realización de trabajos de infraestructura adicionales antes de la llegada de la plataforma que comenzará a perforar a principios de 2027.
Las empresas aseguran que su proyecto tiene un potencial de crecimiento "significativo", incluido Isobel-Elaine, un yacimiento petrolero descubierto al sur de Sea Lion, y otras licencias cercanas.
Riesgo geopolítico
Los ambiciosos planes de las petroleras y el gobierno isleño no están exentos de riesgos geopolíticos asociados con el reclamo de soberanía de Argentina.
El país trasandino tacha de ilegales las licencias otorgadas sobre recursos que considera propios.
De hecho, el pasado martes, abogados ambientalistas, junto con excombatientes argentinos de la guerra de 1982 por las Malvinas, denunciaron el proyecto Sea Lion en tribunales argentinos, en una demanda que no solo se centra en la cuestión de la soberanía sino también en los potenciales daños ambientales.
Desfile de veteranos de la guerra de las Malvinas. | La Nación, GDA
A ellos piden, en principio, alertar a los mercados donde operan las petroleras (Londres y Tel Aviv) de la existencia de un conflicto legal e identificar a los posibles financiadores de la iniciativa.
"La idea es hacerles inviable el proyecto, que sepan que hay un reclamo de soberanía y ambiental y que no va ser gratuita cualquier intervención en ese área", dijeron a EFE los demandantes, que, a futuro, podrían reclamar el embargo de fondos.
Aunque hasta ahora Sea Lion no ha tenido problemas para obtener financiación, la realidad es que este proyecto está expuesto a una controversia entre Estados sin resolver, un factor que todo inversor, de mínima, sopesa.
"Por eso veo 2028 como un hito realmente trascendente. Sea Lion no transformará automáticamente a Malvinas Norte en una nueva Guyana, pero sí podría demostrar por primera vez que la cuenca es técnica, financiera y comercialmente desarrollable aún bajo un elevado riesgo geopolítico, por un lado, e iniciar una nueva fase de tensión en la región, por el otro", apuntó Codeseira.
Argentina, que reclama la soberanía sobre las Malvinas -ocupadas por Reino Unido desde 1833-, expresó su rechazo al proyecto al alegar que los permisos fueron otorgados de forma ilegal y unilateral por el Gobierno local isleño.
La demanda presentada este martes por abogados ambientalistas y excombatientes argentinos de la guerra por las Malvinas (1982) no solo se centra en la cuestión de la soberanía sino también en los potenciales daños ambientales.