La impresión 3D parecía, en 2019, una apuesta difícil de justificar en Chile: máquinas caras, un mercado reducido y dudas sobre quiénes serían sus usuarios. Eso fue precisamente lo que Arie Saúl vio durante un viaje a China, donde encontró una industria que avanzaba a gran velocidad y que contrastaba con el incipiente desarrollo que tenía esta tecnología en el país.
De regreso en Chile, la idea de llevar ese negocio adelante no convenció a muchos. Rafael, su hermano y socio, tenía dudas; su padre, fundador de la empresa familiar dedicada por décadas a los insumos de impresión tradicional, también le recomendó no entrar. Arie, sin embargo, decidió asumir personalmente el riesgo financiero si la apuesta fracasaba y transformó una advertencia en el punto de partida de una nueva etapa para TodoToner.
Siete años después, aquella apuesta los llevó a posicionarse con cerca del 35% del mercado chileno de impresión 3D. Pero los hermanos Saúl no quieren quedarse en la venta de impresoras: buscan ampliar el acceso a la fabricación digital mediante capacitaciones, soporte y trabajo con universidades, más de 70 colegios y una red de hubs municipales. Incluso participan en proyectos como el cohete experimental Minerva I, desarrollado por estudiantes de Ingeniería de la Universidad de Chile.
Ahora, el desafío apunta a crecer fuera de Santiago, con nuevas tiendas y una futura expansión a regiones, mientras exploran también oportunidades internacionales. En una nueva edición de Lo pensó/ lo hizo de Emol, Arie Saúl cuenta cómo una apuesta que parecía tener poco futuro terminó transformándose en el principal negocio de impresión 3D de la empresa familiar.