"Atracción fatal" narra el romance de fin de semana entre un abogado neoyorquino felizmente casado (Dogulas) y una editora (Close) que, despechada, decide no dejarlo ir.
El Mercurio (archivo)
Casi cuatro décadas después de haber incomodado, fascinado y dividido a la audiencia con
"Atracción fatal", su thriller erótico más recordado, el director Adrian Lyne todavía tiene
anécdotas de rodaje para sorprender. La más reciente involucra a
Michael Douglas, un lavaplatos de cocina y un
fotograma que sobrevivió al montaje final sin que casi nadie lo notara.
Lyne, de 85 años, habló sobre el film durante una proyección de otro de sus clásicos, "Infidelidad", y terminó revelando un detalle que hasta ahora había quedado en la intimidad del set:
hay un solo cuadro, uno solo, en el que se ven los genitales de Douglas. La escena en cuestión es la del
primer encuentro sexual entre Dan Gallagher y Alex Forrest, el personaje que consagró a Glenn Close como una de las villanas más temidas del cine de los '80.
Estrenada en 1987 y basada en un guion de James Dearden, "Atracción fatal" narra el romance de fin de semana entre un abogado neoyorquino felizmente casado y una editora que, despechada, decide no dejarlo ir. La película fue un fenómeno de taquilla -recaudó más de 320 millones de dólares en todo el mundo- y también un fenómeno cultural: instaló en el imaginario colectivo el término "hirvió el conejo" y reabrió, en plena era del sida, el debate sobre el castigo narrativo al deseo femenino.
Pero antes de convertirse en manifiesto cultural, la película tuvo que resolver un problema mucho más terrenal:
cómo filmar una escena de sexo sin caer en el golpe fácil de la cama. Lyne fue claro sobre su método: "Intento evitar la cama porque es un poco aburrida".
La alternativa fue la cocina del departamento de Alex, con Douglas y Close apoyados contra el lavaplatos.
El director reconstruyó, con el detalle de quien todavía disfruta contar la escena, cómo fue sumando elementos hasta darle al momento su textura particular: "Estaba encima del lavavajillas de la mesada, y lo bueno es que piensas: 'Bueno, habrá vajilla o platos ahí dentro, y chocarán entre sí, ¿sabes?, y eso es gracioso, potencialmente gracioso. Y podría haber agua, también'. Es bonito cómo vas añadiendo más y más detalles para que ella pudiera meter la mano [en el agua] y salpicarla sobre sus pechos".
Para Lyne, ese tipo de detalles cumplen una función muy concreta: bajarle la tensión a una escena que, de otro modo, corre el riesgo de incomodar antes que seducir. El director sostiene que
el humor le permite al espectador soportar mejor la exposición de los cuerpos en pantalla, algo que explica buena parte de las decisiones de puesta en escena que tomó a lo largo de su carrera, de "9 semanas y 1/2" a "Infidelidad".
Si en la memoria colectiva la escena de la cocina quedó asociada casi exclusivamente a Close -a su ferocidad, a la ambigüedad de su deseo-, Lyne quiso reivindicar también el trabajo de
Douglas, que según el director
aportó algo que el guion no pedía explícitamente: comedia física.
"Michael tiene un sentido del humor encantador", dijo Lyne. "Es muy bueno con la comedia, y cuando intentaba quitarse los pantalones al final, y no podía, y ella se reía un poco. Y
antes de rodar la escena, me dijo: '¿Estás seguro de que quieres grabarla así?'", recordó.
La pregunta de Douglas no era un capricho de actor incómodo, sino una
advertencia bastante literal sobre lo que iba a suceder frente a cámara. El actor, que entonces tenía 42 años y venía de consolidarse como estrella con "En busca de la esmeralda perdida" y "Wall Street" -esta última le valió el Oscar ese mismo 1987-, resolvió la torpeza de Gallagher al desvestirse sin la ayuda de un detalle de vestuario que hoy parece impensado en un set:
no llevaba ropa interior.
La consecuencia de esa decisión quedó registrada, literalmente, en la película que millones de espectadores vieron en cines y después en VHS durante años.
"Solo hay un fotograma, uno solo, de sus testículos", explicó Lyne, y aclaró que la producción decidió conservarlo en el corte final en lugar de eliminarlo en la sala de edición:
"Lo dejamos. Es tan rápido que ni se ve", aseguró.
El dato, que Lyne compartió públicamente funciona casi como una curiosidad de culto: una prueba más de que la película, pensada por un director obsesionado con el detalle, guarda todavía secretos que ni el ojo más entrenado logra captar a velocidad normal.
La revelación de Lyne llega apenas unos meses después de que su film volviera a estar en el centro de la escena por otro motivo. En 2025, Close se reencontró con sus compañeros de elenco de "Todo vale", la serie de Ryan Murphy, para organizar una proyección especial de la película en la casa de la madre de Kim Kardashian, Kris Jenner, después de que la propia Kardashian confesara que nunca la había visto.
Consultada por la revista People sobre esa experiencia, Close admitió que hacía "muchísimo tiempo" que no volvía a ver su trabajo más recordado. Lo que encontró la sorprendió: "Me quedé asombrada. Fue maravilloso darme cuenta de que la película se mantiene increíblemente bien. De hecho, creo que ha habido casi un cambio cultural completo desde que se estrenó. Fue una noche muy especial".