Divisiones y cuestionamientos: Lo que dejó la semana más difícil del pontificado de Francisco

Fueron días agitados para el líder católico, en medio de los turbulentos momentos que desde hace tiempo afectan la credibilidad de la Iglesia.

01 de Septiembre de 2018 | 17:13 | Redactado por Ramón Jara A., Emol
AP
SANTIAGO.- Probablemente, desde que tomó el avión de retorno de Irlanda al Vaticano el domingo pasado, el Papa Francisco intuía que se le venían días difíciles, tal vez los más complicados desde que asumió el liderazgo de la Santa Sede en 2013. Las preguntas de los periodistas en ese vuelo lo evidenciaban y el Pontífice ya se preparaba para lo que se vendría.

Primero, el hecho de visitar Irlanda no era una cosa menor. Hablamos de un país clave para el catolicismo en Europa, pero que en los últimos años ha ido distanciándose de la Iglesia, principalmente por los casos de abuso sexual cometidos por sacerdotes, la gran mayoría de ellos encubiertos por las autoridades eclesiásticas. Los ojos del mundo, entonces, estuvieron pendientes todo el fin de semana para ver cómo respondía Francisco.

El tema, claro está, fue el que captó toda la atención de este viaje, en un año principalmente marcado por las críticas al manejo del Vaticano en materia de abusos y justo a pocas semanas de conocerse un nuevo escándalo, esta vez protagonizado por casi 300 sacerdotes del estado de Pennsylvania, en Estados Unidos.

Todo esto hizo que el Papa tocara el tema en todo momento, pidiendo perdón a las víctimas y reuniéndose con algunas de ellas en Dublín, queriendo mostrar una imagen de arrepentimiento y ganas de reconciliarse con una sociedad profundamente herida.

Nadie recuerda, entonces, que el Pontífice viajó a Irlanda a un encuentro de la familia. Todos sólo querían hablar de una cosa, y el líder apostólico así lo entendió, debiendo dar la cara a todos esos cuestionamientos de que no ha hecho lo suficiente para enfrentar los casos de abusos y encubrimientos.

Las acusaciones y la división

Terminada la visita a Irlanda, Francisco debió lidiar con un tema mayor: las acusaciones hechas por el ex nuncio apostólico en Estados Unidos, Carlo Maria Viganò, quien sindicó al Pontífice como responsable de encubrir las denuncias de abusos sexuales que pesaban sobre el cardenal Theodore McCarrick.

En una carta publicada en tres idiomas (inglés, español e italiano) y a través de tres medios de comunicación ligados a la línea más conservadora de la iglesia, el ex representante diplomático aseguró que el Papa conocía desde 2013 las acusaciones contra el ex arzobispo de Washington, pero recién tomó medidas contra él este año.

"Sólo cuando ha sido obligado por la denuncia de un menor, y siempre en función del aplauso de los medios de comunicación, ha tomado medidas para, así, salvaguardar su imagen mediática", dijo Viganò.

Asimismo, culpó a Francisco de ceder ante las presiones del "lobby gay" y encabezar una iglesia reformista. Esta acusación refleja particularmente las diferencias entre el argentino y el ex nuncio, que ya habían tenido problemas en 2015, durante la visita papal a Estados Unidos, según reveló el chileno Juan Carlos Cruz.

Pero con el paso de los días, se pudo entender que esta misiva de 11 páginas traía algo más que una denuncia. El ex nuncio no estaba solo, sino que contó con la ayuda del periodista italiano Marco Tosatti, también vinculado a los sectores ultraconservadores, quien editó el texto para hacerlo "más periodístico y utilizable".

Se trató, entonces, de una acción largamente meditada y que demostró la profunda división que vive la Iglesia entre los sectores más conservadores y los más progresistas, representados por el Papa Francisco, en lo que algunos expertos ya catalogan como una "guerra sucia".

Así, mientras por un lado Viganò se asoma como la cabeza de la arremetida conservadora, desde el otro sector han salido a defender firmemente al Pontífice, como el propio Juan Carlos Cruz y también sus compatriotas, los obispos argentinos, quienes le manifestaron su "fraterna y filial cercanía en este momento en que sufre un ataque despiadado en el que confluyen distintos y mezquinos intereses mundanos".

Por su parte, el máximo representante católico prefiere guardar silencio y hablar en un tiempo más, aunque otras frases dichas en el avión de Irlanda a Roma, como el sugerir a los padres recurrir a la psiquiatría si tienen sospechas de que su hijo es homosexual, lo ponen de nuevo en el ojo de la crítica.

Mientras tanto, él sigue meditando y quizás está esperando que la crisis se agudice y se vengan más días difíciles. Al menos, ahora sabe que todo lo que haga y diga (o no) puede armar una polémica.
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