Las rencillas entre China y Reino Unido por el estatus de Hong Kong que reviven tras las protestas en la isla

La toma del Parlamento local de esta semana coincidió con el 22° aniversario de la devolución del territorio al gigante asiático. La fecha y las masivas manifestaciones parecieron resurgir los roces por el cumplimiento de "un país, dos sistemas".

03 de Julio de 2019 | 13:43 | Redactado por Valentina Salvo U., Emol
Reuters
"Hong Kong no es China", fue la advertencia que pintaron en los muros los manifestantes que irrumpieron en el Parlamento del territorio semi-autónomo, el 1 de julio recién pasado. Los manifestantes ingresaron a la fuerza al Consejo Legislativo y se enfrentaron a las fuerzas de seguridad, que intentaron desalojarlos.

Aquella acción, considerada un desafío directo a la autoridad del régimen comunista, coincidió con el 22º aniversario de la devolución de Hong Kong a China por parte de Reino Unido, haciendo resurgir los antiguos roces diplomáticos entre Beijing y Londres por el sistema especial que rige a este territorio.

"Un país, dos sistemas"

Con 7,3 millones de habitantes, Hong Kong es una Región Administrativa Especial de la República Popular China, un territorio semi-autónomo con su propio sistema legal, múltiples partidos y derechos que incluyen la libertad de expresión y reunión. Esta condición entró en vigencia en 1997, cuando la antigua colonia británica fue devuelta a China bajo el principio de "un país, dos sistemas".

El acuerdo consignaba que Beijing gobernaría Hong Kong pero le garantizaría el derecho de mantener su sistema social, legal y político por un período de 50 años, por lo que los hongkoneses obtuvieron muchas más libertades que sus pares chinos. Por ejemplo, la posibilidad de manifestarse o criticar a sus autoridades.

Sin embargo, el derecho a elegir directamente a su gobernante sigue siendo su pelea histórica. Aunque el documento que consagra sus derechos establece que el "objetivo" al final será que la máxima autoridad sea electa por sufragio universal, hoy el jefe del Ejecutivo es seleccionado por un comité dominado por élites favorables a China continental. Así, de hecho, fue elegida en 2017 la actual titular del Gobierno hongkonés, Carrie Lam, candidata favorita del Partido Comunista Chino (PCCh).

En tanto, el Consejo Legislativo incluye una importante presencia de legisladores simpatizantes de Beijing y solo la mitad es elegida directamente.

A raíz de esta situación, muchos de los habitantes del territorio semi-autónomo ven con preocupación cómo China ha comenzado a intervenir cada vez más en su política interna, especialmente con lineamientos que van en contra de la tradición liberal hongkonesa. Una inquietud que ha provocado varias protestas contra el Gobierno a lo largo de los años y la mirada atenta por parte de Reino Unido.

Viejas rencillas

En 2014, el Gobierno chino anunció que pretendía permitir la elección directa del jefe ejecutivo, pero solo de entre una lista de candidatos pre-aprobados por Beijing. La medida desató una de las más masivas protestas de la historia de Hong Kong, un movimiento conocido como "Revolución de los paraguas" y que estuvo marcado por duros enfrentamientos entre manifestantes y la policía.

Ante la represión policial, Londres reaccionó asegurando estar "preocupado" y exigió a China respetar los derechos de su ex colonia. "Es la posición de larga data de Reino Unido que la prosperidad y la seguridad de Hong Kong estén respaldadas por sus derechos y libertades fundamentales, incluido el derecho a manifestarse”, afirmó la Oficna de Relaciones Exteriores británica.

"Simpatizo mucho con los valientes manifestantes a favor de la democracia que salen a las calles de Hong Kong", escribió por su parte en Twitter el entonces viceprimer ministro de Reino Unido, Nick Clegg.

La respuesta china no tardó en llegar: "Hong Kong es puramente nuestro asunto interno. Nos oponemos firmemente a que cualquier país extranjero utilice cualquier método para interferir en los asuntos internos de China", sentenció un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Hua Chunying.

Hoy, como si fuera un "deja vu", esas rencillas han regresado. El lunes, poco después de la toma del Parlamento en Hong Kong, el ministro de Relaciones Exteriores británico, Jeremy Hunt, amenazó a China con "graves consecuencias" si no se respetaba el acuerdo.

"Hong Kong forma parte de China, y tenemos que aceptarlo. Pero las libertades en Hong Kong están inscritas en una declaración común", dijo. "Esperamos que un acuerdo jurídicamente obligatorio sea respetado y si no es el caso, habrá graves consecuencias", advirtió el jefe de la diplomacia británica.

El Gobierno del Presidente Xi Jinping no lo toleró y catalogó esta y otras críticas internacionales como "groseras interferencias" y "ceguera selectiva". "Que los países relevantes cesen inmediatamente las declaraciones equivocadas que socavan la soberanía de China y la prosperidad y estabilidad de Hong Kong", exigió la oficina del Gobierno de Beijing para la ex colonia británica.

Para el segundo round ingresó la Primera Ministra, Theresa May, quien aseveró haber expresado "directamente" su "preocupación a las autoridades chinas" sobre la situación y la posibilidad de que el Gobierno chino vulnere el pacto que firmó hace 22 años. "Es vital que sean respetados el alto grado de autonomía de Hong Kong, y los derechos y las libertades instauradas por la declaración común chino-británica", enfatizó May.

Este miércoles, China embistió protestando oficialmente contra Reino Unido a raíz de las declaraciones Hunt. "Parece que (Hunt) fantasea con la gloria pasada del colonialismo británico", denunció en una rueda de prensa Geng Shuang, portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores chino. "Reino Unido ya no tiene la más mínima soberanía" sobre este territorio, aclaró.

Hut no se quedó callado y utilizó sus redes sociales para replicar directamente a Beijing. "Mensaje al gobierno chino: las buenas relaciones entre los países se basan en el respeto mutuo y en el cumplimiento de los acuerdos jurídicamente vinculantes entre ellos. Esa es la mejor manera de preservar la gran relación entre el Reino Unido y China", sentenció.
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