Desde la frontera con Colombia, sigue un clima marcado por la estupefacción tras la caída de Nicolás Maduro. Tres días después, desertores de las fuerzas de seguridad de Venezuela temen que nada cambie mientras se mantenga la cúpula militar que acompañó al derrocado presidente y no se instale un "nuevo mando".
Considerados traidores por el chavismo luego de renunciar a sus uniformes hace unos siete años, exsoldados y policías partieron al exilio. Pero el arresto de Maduro por parte de Estados Unidos barajó las cartas y hoy consideran regresar.
Ahora que el país está sin Maduro, "la cúpula" militar "debería hacerse a un lado", dice a la agencia AFP un coronel que pidió mantener su identidad anónima.
Durante una entrevista de espaldas a las cámaras para evitar revelar su rostro, el hombre asegura que estuvo a punto de ser nombrado general del Ejército pero pidió la baja en 2018 por desacuerdos con sus superiores.
El problema es que "los altos mandos son totalmente leales al régimen", lamenta Williams Cancino, un exagente del comando de operaciones especiales de la policía.
En contacto permanente con sus excompañeros y partícipes de la fuga masiva de desertores, los antiguos uniformados no descartan regresar a Venezuela y contribuir a la instauración de una nueva estructura militar de la mano de un nuevo gobierno.
"Actualmente la cúpula de las fuerzas armadas no es más que un apéndice" de "un régimen dictatorial", acusado de violaciones a los derechos humanos y otros delitos, dice Cancino.
"Se necesita un nuevo alto mando", insiste desde una ubicación secreta cerca de la frontera.
La esperanza de la libertad en Venezuela
Cancino llegó en 2019 con un grupo de uniformados hasta el límite fronterizo, caminó hasta suelo colombiano y entregó su arma a las autoridades.
Asegura que entonces su plan era consolidar un comando capaz de derrocar a Maduro luego de que el opositor Juan Guaidó se proclamó como presidente en medio de presiones contra el chavismo de la primera administración de Donald Trump.
Esta vez la esperanza es "completa", sostiene: "Ahora sí inició la libertad en Venezuela".
Si bien Estados Unidos asegura que ahora controla a la potencia petrolera, no ha anunciado un despliegue de tropas ni apoyo a comandos ajenos a las fuerzas militares venezolanas.
"Esperamos el momento adecuado para apoyar al nuevo gobierno" que sea elegido en las urnas "y la restitución de las instituciones en el país" para "colocar orden", explica Cancino.
La estructura actual
Maduro se declaró no culpable por narcotráfico y terrorismo en una corte de Nueva York, mientras los militares en Venezuela reconocieron como su sucesora a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, investida el lunes como gobernante encargada.
Rodríguez abogó por una relación respetuosa con el presidente Donald Trump, que ha dicho estar "a cargo" de Venezuela y quien le advirtió a Rodríguez que "si no hace lo correcto va a pagar un precio muy alto".
De momento, siguen en sus cargos los ministros del Interior, Diosdado Cabello, y Defensa, Vladimir Padrino López, ambos requeridos por la justicia estadounidense.
Cleberth Delgado, un exdetective, es escéptico de una transición en Venezuela mientras se mantengan los antiguos mandos. Estimaciones independientes calculan que en ese país hay una elevada cifra de por lo menos 2.000 generales que se benefician de diversss privilegios.
Delgado afirma que fue colaborador de Óscar Pérez, un piloto de la policía que en 2017 adquirió reconocimiento tras sublevarse contra Maduro y que en 2018 fue asesinado en medio de un operativo.
Hoy los desertores quieren "proponerle al gobierno (de Rodríguez) una nueva institución" de la fuerza pública, dice.
De no lograr un acuerdo, "las armas siempre han sido una opción", advierte Delgado desde una de las casas clandestinas en las que se esconde, ubicada en una barriada a pocos minutos del río que separa a los dos países.
Pero Cancino matiza: "No queremos conflicto y mucho menos queremos una guerra civil, no queremos enfrentarnos entre hermanos".
Sin Guaidó, que vive en Estados Unidos, esta vez el expolicía ve a la opositora y Nobel de Paz María Corina Machado como líder, pese a que en sus primeras declaraciones Trump pareció dejarla a un lado.