La simpatía recíproca siempre reinó entre la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pero los últimos pulsos y ataques de este a los aliados europeos han acabado situándola en una posición incómoda, plantándose por primera vez ante algunas de sus proclamas.
"El resto de países europeos recelan más de Trump, y
Meloni lo ha visto como una oportunidad para ejercer de puente. Esto conlleva beneficios pero también riesgos", explica a EFE Gianluca Pastori, experto en Relaciones Transatlánticas del Instituto de Estudios de Política Internacional (ISPI).
La italiana dejó clara su simpatía por el magnate desde el inicio, siendo la única jefa de Gobierno en la Unión Europea (UE) en asistir a la investidura que, en enero de 2025, lo llevó por segunda vez a la Casa Blanca. Toda una declaración de intenciones.
Equilibrio diplomático
La relación entre Italia y Estados Unidos ha sido muy sólida desde el final de la II Guerra Mundial y todos los gobernantes italianos han tratado de ganarse a sus pares estadounidenses para apuntalar esta "special relationship" a la mediterránea.
La líder europea no ha sido menos y por eso, durante el último año, avalada por sus afinidades ideológicas con el republicano, se ha erigido como puente diplomático entre Bruselas y Washington.
No obstante, los vaivenes, acciones y hasta ofensas del magnate con Europa han tensado estas intenciones,
obligándola a cuestionar algunas de las afirmaciones y medidas de Trump, aunque siempre con cautela.
"Corre el riesgo de verse aislada entre las partes, ser vista muy filoestadounidense por los europeos y demasiado europea para que Washington la considere una verdadera amiga", apunta Pastori.
Su cercanía con Trump hizo, por ejemplo, que en abril pasado la Comisión Europea la encargara volar a Estados Unidos para tratar de apaciguar los vientos de guerra arancelaria que empezaban a soplar.
El "no" cauto
La relación parecía funcionar pero en los últimos tiempos la primera ministra no ha tenido más remedio que rechazar las ideas o ataques a Europa que llegaban desde Washington.
Esta nueva y delicada posición la confesó en la rueda de prensa de inicio de año, revelando que "hay muchas cosas" en las que difiere de Trump pero que su intención es afianzar el vínculo "occidental" entre la UE, Estados Unidos y la Alianza Atlántica.
"¿Estoy equivocada? ¿Qué hacemos? ¿Salimos de la OTAN? ¿Cerramos las bases militares? ¿Asaltamos McDonalds?", inquiría con su ya conocido tono sarcástico.
La Mandataria italiana, por lo tanto, aplica una estrategia cauta, a veces algo ambigua, defendiendo los intereses italianos y europeos ante las arremetidas "trumpianas", pero sin exagerar en el tono de su respuesta e imponiéndose pero tampoco demasiado.
Así, en estos días han llegado sus primeras negativas. Por ejemplo ha tildado de "inaceptable" que Trump minimizara el papel de la OTAN en Afganistán, habida cuenta de que en la misión murieron 53 soldados italianos. Su respuesta, eso sí, tardó cuatro días.
El politólogo Oreste Massari cree que la relación entre ambos está caracterizada por "un difícil equilibrismo" por "las locuras" del presidente norteamericano. "Ante el crecimiento de la distancia entre Estados Unidos y Europa, su rol de mediadora tiende a evaporarse", sostiene.
Otra divergencia ha surgido por las pretensiones de Trump de anexar Groenlandia, llegando incluso a tachar públicamente de "error" la idea de imponer aranceles a los países europeos contrarios.
Entre otras cosas, Meloni tampoco se ha sumado a la Junta de Paz de Gaza porque no cabe en la Constitución italiana, pero ha pedido más tiempo para analizar cómo involucrarse. Otra vez, portazo a medias.
Cal y arena
En este juego de la "cal y la arena", la italiana sigue tendiendo la mano al presidente, aplaudiendo otras de sus acciones.
Así, ha sido la primera en avalar la captura del ya expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por considerarla "legítima" dada su "naturaleza defensiva" ante el narcotráfico.
Su último guiño al republicano ha sido la promesa de respaldar un eventual Nobel de la Paz para él en caso de que pacifique Ucrania, secundando uno de sus más proclamados anhelos.
"Creo que Meloni hará todo lo posible por conservar esta relación y que hay muchas posibilidades de que siga siendo fuerte. No llegará a romperse aunque Trump exaspere su retórica", augura el politólogo de la Universidad LUISS de Roma, Giovanni Orsina.