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Potencia mundial complica a Chile para ser la sede del tratado de biodiversidad marina: La competencia de Valparaíso

Expertos advierten que la disputa podría tener efectos colaterales en la candidatura de Michelle Bachelet a la secretaría general de la ONU.

26 de Enero de 2026 | 22:55 | Por Victoria Simon Delmastro, Emol
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Valparaíso, Chile

El Mercurio
La discusión sobre dónde quedará la secretaría técnica de Acuerdo sibre la Conservación y Uso Sostenible de la Biodiversidad Marina más allá de las Jurisdicciones Nacionales (BBNJ) ha cobrado un nuevo giro, al intensificarse la competencia internacional y mezclarse factores geopolíticos con la postulación de China como sede.

El tratado BBNJ –históricamente instrumento de las Naciones Unidas que regula la protección del océano alto mar fuera de las 200 millas de jurisdicción nacional– entró en vigor oficialmente este 17 de enero tras haber sido ratificado por más de 60 países, entre ellos Chile, que fue uno de los primeros en depositar un instrumento de ratificación ante la ONU.

Desde 2024, Chile ha impulsado oficialmente la postulación de Valparaíso como sede del nuevo organismo internacional que implementará el tratado. La propuesta pone en valor la vinculación histórica del país con el océano, su infraestructura portuaria, su academia marina y la voluntad política de profundizar la gobernanza oceánica desde el hemisferio sur.

Sin embargo, la aparición de China como competidor con la ciudad de Xiamen –y la posible postulación de Bruselas como otra opción europea fuerte– ha cambiado sustantivamente el tablero de fuerzas en esta disputa.

Visión de expertos


Según expertos, por El Mercurio de Valparaíso, el desafío va más allá de lo técnico y se inscribe en un contexto de creciente tensión geopolítica. "Valparaíso sigue siendo viable, pero ya no es un trámite. Chile tiene credenciales técnicas y reputacionales en materia oceánica, además de coherencia geográfica y trayectoria en diplomacia ambiental. Sin embargo, la entrada de China eleva el umbral político de la decisión", advierte el analista político, Marco Moreno.

Asimismo, para el analista internacional José Rodríguez, el interés de China en la sede puede responder a factores estratégicos aludiendo que "temo que la sede propuesta por China sea un punto clave de su conflicto con Taiwán. Mirando el mapa, veo que es una isla que está muy cerca. Ese tipo de islas es geopolíticamente complicado".

Por su parte, el historiador Fernando Wilson, sostiene que la irrupción china “altera por completo el escenario y obliga a Chile a revisar sus costos políticos y estratégicos” y que el caso no puede ser resuelto por una instancia técnica menor.

Explica que “esto es un problema mayor que tiene que ser analizado en su mérito”, señalando que esta decisión debería ser conversado entre el Presidente electo, con asesoría de Cancillería y el Consejo Nacional de Relaciones Internacionales, advirtiendo que “esto es un iceberg que se ve chiquitito en la superficie, pero tiene mucho por debajo”.

El académico también alerta sobre posibles “efectos colaterales” en la política exterior chilena diciendo que “incluso termina de enredar y complicar las opciones de Michelle Bachelet para la Secretaría General de la ONU. Si estamos compitiendo con China y llegáramos a necesitar su voto, o al menos el no veto en el Consejo de Seguridad, esto podría sepultar cualquier opción real que ella pudiese tener”.

Desde la política internacional, el también académico Guillermo Holzmann recuerda que el tratado no es solo ambiental, sino también un instrumento con implicancias geoestratégicas. Sostuvo que “todo lo que es este tratado de la conservación de la biodiversidad, más allá de los espacios oceánicos, representa, primero que nada, un escenario geoestratégico donde se toman decisiones”.

Un tratado que trasciende fronteras


El acuerdo BBNJ —resultado de más de una década de negociaciones multilaterales— crea por primera vez un marco legal para proteger la biodiversidad del océano profundo, establecer áreas marinas protegidas y regular el acceso y reparto de beneficios de recursos genéticos marinos.

Organismos ambientalistas y gobiernos han celebrado esta entrada en vigor como un avance clave del multilateralismo oceánico. Organizaciones como Oceana Chile señalan que la ratificación del tratado da esperanza de que los países puedan ponerse de acuerdo para proteger el océano global.

Este impulso internacional también ha tenido apoyo político: desde la Asamblea General de la ONU hasta foros regionales, legisladores y representantes de América Latina han valorado la participación de Chile y han recordado la importancia de posicionar al Sur global dentro de la gobernanza oceánica.

El futuro de la sede y lo que está en juego


Aunque todavía no hay una fecha definitiva para la decisión sobre la sede, la postulación de Valparaíso se enfrenta a un contexto mucho más competitivo y políticamente cargado de lo que originalmente se esperaba. Además de la infraestructura y credenciales técnicas, factores geopolíticos y diplomáticos están jugando un rol central en esta disputa internacional.

Para Valparaíso, conseguir la sede no solo significaría prestigio internacional y desarrollo económico local, sino también una posición privilegiada para incidir en las políticas globales que definan el uso sostenible y la protección de los océanos en las próximas décadas.