Europa endurece las reglas para la IA: Estos son los cambios que comienzan a regir desde agosto
La nueva etapa del reglamento activa obligaciones de transparencia para empresas y desarrolladores y mantiene prohibidos usos considerados de riesgo inaceptable.
La Unión Europea (UE) dio este 2 de agosto un nuevo paso en la implementación de la primera legislación integral del mundo para regular la Inteligencia Artificial (IA).
La entrada en vigor de un amplio paquete de obligaciones marca un punto de inflexión para empresas, proveedores y usuarios de estas tecnologías, con el objetivo de garantizar un desarrollo seguro, transparente y respetuoso de los derechos fundamentales.
Aunque la normativa incorpora nuevas exigencias y contempla multas de hasta 35 millones de euros para las infracciones más graves, Bruselas también decidió aplazar algunos de los requisitos más complejos para los sistemas de alto riesgo y el etiquetado obligatorio de ciertos contenidos generados con IA.
El desafío, coinciden expertos, será encontrar un equilibrio entre la innovación tecnológica y una regulación capaz de reducir los riesgos sin frenar la competitividad europea.
Normas y sanciones
La norma europea, que se aprobó en 2024 y prevé una implementación escalonada hasta 2028, establece un marco común para que la IA se utilice en la UE de forma segura, transparente y respetuosa con los derechos fundamentales.
Además, exige un control técnico y ético de todas estas herramientas para mitigar los riesgos.
AFP
El régimen sancionador prevé multas millonarias: hasta 35 millones de euros en el caso de las muy graves, por utilizar por ejemplo sistemas de IA prohibidos.
Asimismo, existen multas de hasta 15 millones en el caso de las graves, por incumplimientos relacionados con los sistemas catalogados como "de alto riesgo".
Los sistemas de inteligencia artificial considerados de riesgo inaceptable están prohibidos en la UE desde el año pasado.
Entre ellos figuran aquellos que emplean técnicas subliminales, manipuladoras o engañosas, así como los que buscan explotar la vulnerabilidad de personas menores de edad, adultos mayores o personas con discapacidad.
EFE
También están vetados los sistemas que utilizan la clasificación biométrica para inferir características como la raza, la religión o la orientación sexual, además de aquellos que aplican mecanismos de "puntuación social" para evaluar o calificar la conducta de las personas.
Están también ya prohibidos en la UE los sistemas de IA que infieren emociones en los centros laborales o educativos; la recolección de imágenes de internet para crear bases de datos faciales; o la identificación biométrica remota y en tiempo real en lugares públicos con fines policiales.
“Deepfakes” sexuales y pornografía infantil
Estas herramientas “inaceptables” se acaban de incorporar como sistemas prohibidos -aunque no entrarán en vigor hasta el próximo mes de diciembre.
Algunos de los peores usos de esta IA generativa, incluye la creación o manipulación sin consentimiento de contenidos íntimos (“deepfakes sexuales”) o cualquiera capaz de generar pornografía infantil.
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Marcado como el punto de inflexión del Reglamento, el 2 de agosto se comenzó a aplicar el grueso de la norma: todas las obligaciones de transparencia, las reglas que regulan la mayoría de los sistemas de IA y las obligaciones de los proveedores y de los usuarios.
Pero la Comisión Europea aprobó una norma (Omnibus Digital) para simplificar el complejo ecosistema de leyes digitales e intentar que su aplicación sea más gradual y coordinada.
Y aplaza, hasta diciembre de 2027, algunos de los puntos más trascendentes de la ley, entre ellos las exigentes obligaciones que tienen que cumplir los sistemas de IA catalogados como “de alto riesgo”.
Por ejemplo, los que se usen para evaluar o calificar a estudiantes, para filtrar currículums, para evaluar la solvencia económica de las personas o para fijar el precio de un seguro de vida o de salud.
AFP
Lo que sí entró en vigor es la obligación de informar a cualquier usuario de que está interactuando con un sistema de IA.
Sin embargo, aún no entre en vigencia el etiquetado obligatorio de los contenidos que se generen con herramientas de IA (con una marca de agua con las siglas AI), que se pospuso hasta el próximo 2 de diciembre.
Dos años más (agosto de 2028) tardarán en entrar en vigor todas las obligaciones referidas a los sistemas de inteligencia artificial, clasificados también “de alto riesgo” pero que estén integrados en productos o en servicios ya regulados (como los dispositivos médicos, los asistentes de conducción, los juguetes o los asistentes de la navegación aérea).
¿Regulación versus innovación?
Especialistas en derecho y transformación digital analizaron con EFE el entramado jurídico y el complejo calendario de aplicación del Reglamento Europeo de IA.
El director general de la empresa BIP Iberia, consultora especializada en adaptación a los mercados digitales, Giovanni Alessandrello, apuntó a que el mayor riesgo es que las empresas interpreten las prórrogas "como una invitación a esperar".
En declaraciones a EFE, Alesandrello valoró el reglamento como "una prueba de madurez" porque cualquier sistema de IA se debe poder "explicar, gobernar y auditar".
De igual forma, rechazó la "falsa" dicotomía que a su juicio existe de que Estados Unidos eligió la innovación y Europa la regulación o que este tipo de normas frenen la innovación y competitividad europeas.
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"La cuestión no es si debemos regular la IA; el reto es cómo gobernarla sin frenar la innovación, porque sin control puede generar riesgos sistémicos, pero una regulación excesivamente rígida puede impedir que Europa compita. El desafío es encontrar el equilibrio", manifestó.
El abogado especializado en tecnología y derechos digitales Guillermo Hidalgo, de la firma Maio Legal, percibe que el Reglamento aporta reglas claras, porque no es lo mismo regular un chatbot de atención al cliente que un sistema que decide si te conceden un crédito.
Se mostró convencido de que la norma puede ser "un sello de calidad para la IA europea".
Hidalgo, en declaraciones a EFE, advirtió que la tecnología avanza más rápido que la regulación y es previsible que aparezcan sistemas con un impacto real sobre las personas que queden fuera de los que ya están catalogados “de alto riesgo”, o de la confusión y la complicación que pueden suponer para muchas empresas el calendario de aplicación o el solapamiento con otras normativas (como las de protección de datos) ya vigentes.