La francesa detrás de una viña de mujeres

Llegó hace diez años en búsqueda de un terreno, con tan buen ojo que compró en el valle de Colchagua. Allí Sabine Dauré fundó la viña Las Niñas, donde trabajan sólo mujeres, las mismas que administran sus viñedos en Francia. “Fue una casualidad. Mis hijas, desde chicas, se interesaron por este trabajo”.

14 de Marzo de 2007 | 11:49 |
“Me casé a los 20 años y debo reconocer que no había tomado vino en mi vida, no me gustaba. Mi abuela me decía siempre: Tienes que poner un poco en tu agua, pero yo no quería". Han pasado varios años y esa joven, contra cualquier pronóstico, se convirtió con el tiempo en la fundadora de la viña Las Niñas, la única en Chile manejada enteramente por mujeres.

Más aún, su vino Tacón Alto acaba de ser elegido el mejor chardonnay por el concurso Wines of Chile 2007. Sabine Dauré (71) es propietaria además de otras tres famosas viñas al sur de Francia y presidenta de la Fundación Château de Jau, dedicada a la difusión del arte contemporáneo.

La historia con el vino de esta mujer alta, de tez muy clara y con unos ojos azules vivaces, comenzó el día en que contrajo matrimonio con Bernard Dauré, descendiente de una familia viñatera. "La familia de mi marido vive en una región de viñas desde la época de los romanos. Su padre, su abuelo, todo el mundo hacía vino", comenta Sabine. Sus labios están pintados con un suave color beige y su pelo albo está recogido en un moño barquillo que amenaza con desmoronarse a lo largo de la conversación. A ella le encanta hablar, gesticular, y son pocas las veces en que tiene que detenerse a buscar la traducción de una palabra del francés al español.
Las otras mujeres de la viña
Todas las mujeres que trabajan en la viña Las Niñas son francesas y cada una tiene una función específica: Estelle es hija de Sabine y presidenta y gerenta comercial de las viñas tanto en Chile como Francia; Régine es hija de Sabine y madre de Alix y de Margaux.
Administra los viñedos en Francia; Alix estudia Derecho Internacional en París y todavía no se suma al proyecto, al igual que Margaux, que estudia Biología Ambiental en Australia. En la viña además trabajan Germaine y Emma Florenza, madre e hija y también socias de la viña, y Laurence Real, enóloga y gerenta general de la viña Las Niñas en Chile, y una de las responsables del vino Tacón Alto, que se vende exclusivamente en El Mundo del Vino.

Cruzar las fronteras fue algo que siempre tuvieron en mente los Dauré. Un antiguo amigo, profesor de la Escuela de Agronomía de Montpellier, les dijo que las mejores tierras fuera de Francia estaban en Chile. Por eso atravesaron el Atlántico hace ya 10 años en busca de un nuevo terreno. Y lo encontraron en la zona de Apalta, en el valle de Colchagua, en la VI Región. Sabine afirma que fue amor a primera vista. "La cordillera, el océano Pacífico y el clima (con 30 grados en el día y 15, en la noche), es el lugar ideal para una viña y, además, acá hay muy pocas enfermedades. Puedes producir un poco más sin perder la calidad. Seguimos pensando que aunque haya viñas en el mundo que desaparezcan, las chilenas quedarán".

Plantaron cepas francesas en 1998, construyeron una bodega en 1999 y tuvieron la primera vinificación el año 2000. "El vino no se puede comprender de manera abstracta. Lo vas conociendo más y más cada año. Yo nunca he cuidado las viñas directamente, pero para la gente que vendimia es una experiencia fantástica, única. Si vives en el hemisferio norte lo haces una vez al año. Si has trabajado 40 años, tienes 40 experiencias diferentes, pero imagina si lo repites en el hemisferio sur, puedes vendimiar ¡80 veces!".

Cada una de las etapas de la construcción de la viña en Chile fueron supervisadas por Sabine. Ella fue quien a poco de llegar encontró un artículo sobre el arquitecto Mathias Klotz en una revista. Fue a ver su exposición, quedó fascinada, y convenció a su marido de que él era la persona para diseñar la bodega. Hoy este "galpón" es donde se realizan todos los procesos vitivinícolas y se alza como un ícono de vanguardismo en una zona marcada por la tradición.

El nombre de la viña también fue otra de sus ocurrencias. No podía utilizar los de sus viñedos en Francia - Château de Jau, Clos de Paulilles y Más de Christine- , porque nada tenían que ver con esta nueva aventura. "Veía que trabajábamos sólo mujeres y se me ocurrió Las Niñas; lo encontré simpático. Después supe que puede tener un doble sentido y que 'las niñas' también puede ser entendido como prostitutas. Pero no me molesta esta ambigüedad".

Y es cierto, las que manejan la viña son todas mujeres, desde la enóloga - también francesa, hasta quienes ejercen los cargos gerenciales, entre ellas sus dos hijas. "Fue una casualidad que haya sólo mujeres. Ellas, desde chicas, se interesaron en este trabajo". Incluso sus retratos acompañan cada una de las etiquetas de los vinos reserva. "Vi esa publicidad de las tres mujeres de una empresa de telecomunicaciones y soñé que nuestras fotografías estaban en un cartel en la Panamericana", recuerda Sabine.

Desde su fundación, en 1996, la viña ha crecido - tiene otro fundo en El Huique- y sus vinos son cada día más reconocidos. "Lo más difícil es adaptarlos al mundo en que vivimos, sin perder la identidad. El vino no es una industria o un arte, sino un producto que empuja a la reflexión porque queda ligado al sitio donde se hace, pero que se vende en unos lugares completamente distintos. Entonces hay códigos, una relación con la tierra y la naturaleza muy importantes. Y también con los clientes. Nunca hay que perder de vista que el vino es primero un placer. Si no, no sirve de nada. Y en este placer hay alcohol y aromas distintos, según los países, los lugares; es como un vocabulario. Poco a poco aprendes este lenguaje, y te produce el mismo placer que leer un buen libro".

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