Conoce la técnica en estos videos |
Ataviada con una extravagante túnica azul, tantas flores sujetas al pelo que parece portar un florero y con un montón de baratijas y amuletos dorados entorno a las muñecas y cuello, Khemmikka cachea y hasta golpea con los puños las carnes de su paciente siguiendo el ritmo marcado por canciones tailandesas o algún tema de Lady Gaga.
"Además de ayudarme a la concentración, la música y mi baile ayuda a que el paciente se relaje", indica la esteticista al tiempo que entre comentario y comentario, alude al dinero que ha ganado con este negocio.
Para evitar malentendidos, los clientes firman un contrato que detalla los resultados que se perseguirán con el tratamiento, como la talla de los pechos, que Khemmikka considera que puede conseguir, siempre y cuando la fisonomía de la clienta lo permita.
"Estoy contenta con el tratamiento, hasta mi madre ha visto que tengo un lado de la cara más bajo que el otro", dice una paciente, tras recibir tratamiento en la mitad izquierda de su rostro y cuando a la espera de recibirlo en la totalidad de la superficie facial.
"Duele bastante, pero merece la pena", agrega.
Pero también esta técnica tiene sus detractoras.
Hace algo más de una década, una clienta que desarrolló un cáncer de mama responsabilizó de ese mal a Khemmikka y a su tratamiento para incrementar el volumen de los pechos.
A raíz de la denuncia, el Ministerio de Sanidad tailandés abrió una investigación y, tras seis meses recabando pruebas, certificó que el tratamiento a base de palmadas no era nocivo para la salud y le concedió en 2003 una licencia para operar como centro de medicina tradicional.
"He enseñado mis secretos a tres personas, todas tailandesas, aunque les hice firmar un contrato para que no puedan enseñar a otros hasta que no hagan méritos en su trabajo", señala Khemmikka, quien presume de tener unos pechos envidiables a sus 54 años.
La propietaria de "Palmea pechos", que cobra precios astronómicos por enseñar su técnica en "diez días", atribuye parte del éxito de su negocio a la devoción que tiene por Chuchok, un siniestro y contradictorio personaje sobre el que la leyenda popular dice que otorga riqueza a aquellos que son sus fieles devotos.
Cientos de figuras de Chuchok, un anciano de pelo largo y canoso y opulenta barriga, así como infinidad de extraños amuletos, ocupan los rincones del establecimiento, con un interior de estilo kitsch y que llama la atención desde lejos por su fachada pintada de color rosa.