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El calor extremo afectará a casi la mitad de la población mundial para el 2050 y golpeará con fuerza a América Latina

Los 20 países que enfrentarán los cambios más severos en la demanda de refrigeración se concentran en África, América Latina y el Sudeste Asiático.

29 de Enero de 2026 | 10:14 | Redactado por Martina Parant, La Nación GDA
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Calor extremo

AP
Casi la mitad de la población mundial, unos 3.790 millones de personas, vivirá bajo condiciones de calor extremo en 2050 si el planeta alcanza un aumento de 2 °C respecto de los niveles preindustriales, un escenario que los científicos consideran cada vez más probable.

Así lo advierte un estudio de la Universidad de Oxford publicado en Nature Sustainability, que proyecta un fuerte agravamiento de los impactos sanitarios, sociales y económicos, especialmente en los países en desarrollo.

Según La Nación, el informe muestra que la exposición al calor extremo se acelerará de manera significativa: mientras en 2010 el 23% de la población mundial vivía bajo estas condiciones, en las próximas décadas ese porcentaje escalará hasta el 41%.

"El aumento del calor tendrá impactos negativos muy fuertes en todos los ámbitos del desarrollo", señaló Radhika Khosla, académica de Oxford y líder del Programa Future of Cooling, quien advirtió que el fenómeno afecta desde la salud y la educación hasta la igualdad de género y los sistemas alimentarios.

En América Latina, los efectos ya son visibles. Según el estudio, el calor le costó a la región unos 855 millones de dólares anuales entre 2015 y 2024, lo que representa un aumento del 229% en comparación con la década anterior. Además, solo en 2024 las pérdidas laborales asociadas a las altas temperaturas alcanzaron los 52.000 millones de dólares, equivalentes al 0,81% del PIB regional, con un impacto particularmente fuerte en sectores como la agricultura y la construcción.

Brasil, Venezuela y Paraguay figuran entre los países sudamericanos más perjudicados, mientras que en Centroamérica destacan Honduras, Guatemala y Nicaragua.

A nivel global, los 20 países que enfrentarán los cambios más severos en la demanda de refrigeración se concentran en África, América Latina y el Sudeste Asiático, regiones con climas tropicales y subtropicales y con mayores niveles de vulnerabilidad social. "Las naciones de bajos ingresos suelen estar peor preparadas para enfrentar el calor extremo y, al mismo tiempo, registran los aumentos más pronunciados", explicó Luke Parsons, de The Nature Conservancy.

El impacto del calor también presiona con fuerza a los sistemas sanitarios. Un informe reciente de The Lancet Countdown reveló que la mortalidad asociada al calor aumentó un 103% en América Latina y el Caribe, con un crecimiento sostenido desde 1990 y un alza especialmente marcada a partir de 2008. A esto se suma lo que los especialistas denominan "pobreza sistémica de refrigeración": millones de personas que no pueden costear aire acondicionado ni acceder a espacios públicos frescos para proteger su salud.

Simultáneamente el calor extremo también afecta a los países tradicionalmente más fríos. El estudio de Oxford proyecta que, con un calentamiento de 2 °C, la cantidad de días incómodamente calurosos se duplicará en países como Canadá y Austria, y aumentará hasta un 230% en Irlanda. "Las ciudades y viviendas están diseñadas para retener el calor, no para disiparlo, lo que hace que incluso aumentos moderados se sientan con mayor intensidad", explicó Jesús Lizana, autor principal del informe.

Frente a este escenario, los expertos coinciden en que la clave está en una transformación estructural. La transición hacia energías limpias, la mejora de la eficiencia energética, el uso de soluciones pasivas como ventilación natural, sombra y arbolado urbano, y la eliminación gradual de refrigerantes contaminantes aparecen como medidas centrales para evitar un círculo vicioso de mayor consumo energético y más emisiones.

"Acelerar la transición energética y aumentar el financiamiento para la adaptación climática podría mitigar los peores impactos", concluyó Khosla. Según estimaciones de la ONU, adoptar opciones de refrigeración sostenibles permitiría ahorrar hasta 17 billones de dólares entre 2025 y 2050, además de proteger a las poblaciones más vulnerables frente a un futuro cada vez más caluroso.
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