Polly valiente 2/7/2004

02 de Julio de 2004 | 00:00 |
Polly valiente

La inglesa Polly Jean Harvey es la autora más importante y personal del rock en la última década. Su nuevo disco, Uh huh her (algo así como “Ajá, ella”), lo confirma: uno nunca sabe qué va a hacer PJ. Píllala si puedes.


David Ponce 2/7/2004


El día después de que el futbolista David Beckham erró un penal frente a Portugal y eliminó de la Eurocopa a su natal Inglaterra, en Inglaterra misma había mejores noticias de las que ocuparse. Bastaba con largarse a la campiña. En el festival de rock de Glastonbury tocaban ese mismo día Oasis, para los nostálgicos de los ’90; Kings of Leon, para los amantes del rock retro; Franz Ferdinand, para los entusiastas del nuevo grupo retro del momento, y una invitada estrella, para los que iban por algo más que retro y nostalgia.

Ajá: ella. Polly Jean Harvey. La cantante inglesa salió ese día al escenario con una inesperada polera de las Spice Girls y cantó desde inesperadas canciones de su primer disco, como “Dress”, de hace doce años, hasta las novedades del año: las canciones de su más reciente disco, Uh huh her, inesperadas como todas las anteriores. Tocó una llamada “Who the fuck?”, por ejemplo. Como “¿Quién demonios?”, pero más rudo.

“Who the fuck?” no es un exabrupto. Polly Jean Harvey, a quien el mundo conoce más simplemente como PJ Harvey, ya había anunciado cómo venía su nuevo disco: feo y perturbador, dijo. “Una fea y ruidosa serie de canciones. Bastante perturbadora, bastante oscura, bastante blusera”, detalló en una emisión de la inglesa Radio 1. Lejos del disco anterior, el amable Stories from the city, stories from the sea (2000).

“Para cada disco tengo un objetivo distinto. En Stories era hacer uno muy melódico, muy lujoso, con muchas capas sonoras, usando muchos instrumentos, muchas melodías, y quería que sonara muy claro, limpio, brillante”, dijo hace poco a la revista francesa “Les Inrockuptibles”. Uh huh her es muy por el contrario. “Son como las caras opuestas de una misma moneda. Aquí está la desnudez, la simplicidad, este lado en bruto, para dejar salir las canciones del modo más simple posible. Quería ir al extremo opuesto. Para tratar de producir cosas nuevas y no repetirme. Que es lo que me obsesiona”.

PJ Harvey tiene claro qué espera cuando compra un disco o va a un concierto. “Por favor, sólo denme algo que vaya a excitarme, a confundirme, a cuestionarme”, dice. Y es lo que espera de sí misma, sobre todo.


Me cortaron mal el pelo

Los dos padres de Polly Jean Harvey trabajaban fabricando cosas. Su padre es un albañil. Su madre, una escultora. Ambos eran hippies en su juventud, y ella además organizaba conciertos de blues en su región natal de Dorset, donde aún toca con su grupo, llamado Rocket 88.

Allí nació Polly, hace 34 años, en el pueblo de Yeovil. Desde niña era “el muchachito” entre sus amigos. Flaca rayana en la anorexia, estudió canto lírico, de donde viene ese vibrato desolado que hasta hoy sacude a retazos sus canciones. Poco después de los veinte años se cambió a Londres, a comienzos de los ’90, donde empezó a grabar discos. Y a pasarlo mal. Al punto de que debió volver al campo, a Dorset, cinco años después.

“No fue una época saludable ni emotiva, ni mental ni físicamente. Estaba en un vacío. Es como si hubiera perdido de vista por qué estaba haciendo esto, y no creo que hubiera ocurrido si hubiera estado más fuerte”, confesó al diario británico The Guardian. Y en esos cinco años hizo además sus primeros discos.

En Dry (1992) golpeó con una nueva forma de femineidad, brusca, salvaje y violenta. Rid of me (1993) es pura crudeza. 4-track demos (1994), más aún, es incendiario. Era la época en que Christina Rosenvinge en España tiraba al tacho su aura angelical y se declaraba fan de PJ Harvey. El mundo estaba ocupado oyendo grunge y rock alternativo, pero PJ estaba a años luz más lanzada que Pearl Jam, por ejemplo.

Luego, en To bring you my love (1995), descolocó a todos al mostrarse sugerente, blusera e irresistible en canciones como “Down by the water”. De ahí saltó a las reflexiones íntimas sobre el amor y la pérdida en Is this desire? (1998). Luego, las canciones claras y limpias de Stories from the city, stories from the sea (2000). Y hoy, ajá, otro contraste: ella de nuevo.

Esta vez está sola. “Desde que empecé a hacer discos mi ambición fue siempre sentir suficiente confianza para hacerlo sin ayuda de nadie. Y por primera vez siento que alcancé esa etapa”, dijo a “Les Inrockuptibles”. No le han faltado buenas escoltas. En Rid of me contó con Steve Albini, el padrino del rock alternativo, un año antes de que él grabara con Nirvana. En Is this desire? tuvo a Flood, sensación del momento, por sus trabajos con U2, Nine Inch Nails o Nick Cave. En medio se juntó con Tricky, el genio de Bristol; con Pascal Comelade, adelantado de la nueva canción francesa, o con Thom Yorke, el cerebro de Radiohead.

Y con el propio Nick Cave, por cierto. El ángel de la oscuridad australiano la invitó a cantar en su disco Murder ballads, fueron novios unos meses de 1995 y luego la historia ha dado para diversas conjeturas de los ‘Pollytólogos’: supuestamente Cave le dedicó la canción “West country girl” de su siguiente disco, The boatman’s call (1997). Tal vez por cosas así a menudo PJ Harvey ha sido llamada la Nick Cave mujer. O la Tom Waits mujer. Y con ellos comparte el carácter, pero tiene tanto o más que ver con el trío Morphine, por ejemplo, al que ella dedicó el mejor piropo de su historia. “Creo que uno de los grupos más sexies es Morphine, porque es sólo bajo, saxo y batería”.

Sexo más que sufrimiento. PJ Harvey sostiene no creer mucho en la idea del rockero maldito que a veces le cuelgan. Lo acaba de decir a la revista estadounidense “Filter”. “Descreo firmemente que uno deba ser un alma torturada para escribir buena música. Del mismo modo en que no compro el mito de que para ser un gran rocanrolero tienes que estar jodido a punta de drogas o alcohol. Escribo algunas de mis mejores canciones en las etapas más felices de mi vida”. Ella también escribe poesía, esculpe - como su madre- y toma clases de flamenco para sentirse mejor en los fríos meses de invierno. Ni siquiera “Who the fuck?”, esa canción nueva, es tan nihilista: en realidad está dedicada al peluquero. “¿Quién ch... te crees? Saca tu peineta de aquí. Quita tus sucios dedos de mi pelo. No soy como otras mujeres: no puedes alisar mis rizos”, exclama Polly Jean Harvey. La vida está en esos pequeños detalles.

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