SANTIAGO.- Tras casi cuatro meses en prisión preventiva luego de ser formalizados por violación y abuso sexual impropio, la pareja de auxiliares del Colegio Apoquindo rompió su silencio para contar a Emol las razones que, a su juicio, terminaron con ellos tras las rejas.
Esteban Moya (41) y Margarita Villegas (42) alcanzaron a vivir ocho años en la casa que está al interior del establecimiento y que, según los relatos de los menores agredidos, habría sido el lugar donde ocurrieron los hechos. Allí, junto a sus dos hijos, permanecieron hasta la mañana del 1 de julio, cuando ambos fueron detenidos por la PDI por orden del Ministerio Público.
"Cuando llegó la policía a decirme que estaba acusada de abuso, pensé que era una broma, se me vino el mundo abajo. Le abrí las puertas de par en par, ellos entraron en mi casa, sacaron fotografías porque según las acusaciones, tenía imágenes de niños en todas partes, no encontraron nada, y se llevaron todo lo que se tenían que llevar", cuenta Villegas en uno de los patios de la cárcel de mujeres de San Joaquín.
Desde ahí agrega que incluso ni siquiera pudo asimilar los nombres de los niños presuntamente abusados sino hasta ver fotos de las víctimas que le fueron exhibidas posteriormente por los investigadores.
Moya –quien permanece en el centro penitenciario Santiago Uno- también comparte las declaraciones de su esposa, a quien sólo ha vistos en las audiencias de la causa. "Nunca había ocurrido nada en el colegio en los 20 años que llevo trabajando allí", asegura, enfatizando que desde que él y su señora se desempeñan como auxiliares del recinto "jamás hemos tenido problemas con nadie".
"Me parece extraño que me culpen por algo que no he hecho, somos inocentes", continúa.
Y recuerda un episodio con uno de los apoderados de PlayGroup que le llamó la atención: "Me tocó presenciar que le pegó a su hijo en la entrada principal del colegio, varias bofetadas (...) El me vio, pero no me quise meter porque era una problema de ellos. Lo comenté después con una secretaria y hace poco tiempo atrás me tocó hablarlo con la mamá de ese menor que me dijo que el papá era un poco violento en la casa".
Tras las denuncias estampadas en la Fiscalía Metropolitana Oriente, la fiscal Liada Secchi se hizo cargo de las indagatorias. De acuerdo a sus antecedentes, la pareja de trabajadores aprovechaba sus atribuciones para llevar a los niños hasta la casa y allí cometer los abusos.
Sin embargo tanto Moya como Villegas insisten en que los niños jamás entraron y que sólo lo hicieron en una oportunidad junto a sus profesoras, durante un acto solidario. "Una vez fue todo el preescolar con las tías porque mi señora (Margarita) estuvo con licencia. Fue en medio de una actividad que el colegio realiza hace muchos años que es el Sagrado Corazón y donde todos los alumnos salen a distintos hogares de menores o de ancianos para compartir con ellos", detalla el auxiliar.
Villegas, por su parte, se defiende argumentando que todo el personal del recinto ubicado en Lo Barnechea los conoce y los apoya.
"Ellos saben que esto (los abusos) nunca ha pasado aquí (...) Si los niños fueron agredidos, viene de otra parte, pero en el colegio no", insiste categórica, coincidiendo con la versión de su marido, quien apunta a que los niños no están diciendo la verdad.
"Han mentido porque pienso que están influenciados por sus padres, le están haciendo un gran daño a sus propios hijos al decir esas mentiras para culparme a mí", afirma Moya, confiado en que la justicia logrará probar la inocencia de ambos en los delitos que se les imputa.
"Creo que a la Fiscalía se le va a caer el caso porque la verdad siempre sale a flote", concluye.