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Religión en tiempos de coronavirus: ¿Cómo conviven las comunidades de fieles tras la llegada del brote epidémico?

Contagios masivos producto de las reuniones de los feligreses en diferentes lugares de culto han activado las alarmas en todo el mundo, creando una nueva preocupación para las autoridades.

04 de Abril de 2020 | 18:50 | Redactado por Pía Larrondo, Emol
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Un hombre hindú usa una máscara protectora mientras reza durante una ceremonia de limpieza llamada "Melasti" en una playa en Denpasar, Bali, Indonesia, el 22 de marzo de 2020.

EFE
Hace pocos días se conoció una denuncia del gobierno de Nueva Delhi, capital de India, contra una mezquita que se convirtió en un foco de coronavirus para el país y que por el momento ha dejado a decenas de contagiados y siete muertos.

Pese al confinamiento decretado por la India días antes, peregrinos de distintos países concurrieron a un evento organizado por el movimiento islámico suní Tablighi Jamaat en el complejo religioso de Markaz, en el barrio de Nizamuddin. Pero tras activarse las alarmas de posibles contagiados, miles de personas fueron evacuadas y otras 300 trasladadas a hospitales con síntomas compatibles al covid-19, reportó EFE.

Desde que comenzó la expansión del virus por el mundo, a mediados de enero pasado, casos como el sucedido en India se han reportado alrededor de todo el globo. Y Chile no ha quedado exento de esto: el 28 de marzo pasado el ministro de Salud, Jaime Mañalich, expuso su preocupación por la ciudad de Osorno, debido a un supuesto brote de coronavirus al interior de un culto evangélico, a pesar de que las actividades que congregan a más de 50 personas "están absolutamente prohibidas".

"Estamos mirando con mucho cuidado lo que está ocurriendo en la ciudad de Osorno en torno a una comunidad religiosa que generó un brote y que hizo aumentar un tercio los contagiados", advirtió el secretario de Estado, que también hizo un llamado a respetar las medidas tomadas por las autoridades y a abstenerse de las reuniones mientras dure la emergencia.

Pero la religión es el consuelo para miles de millones de personas que se ven enfrentadas a la pandemia y también es el motivo de varios para no enterarse de lo que pasa en el exterior, como comunidades que viven aisladas del mundo y que no se exponen a medios de comunicación.

Comunidades ultraortodoxas

Este es el caso de algunos miembros de comunidades ultraortodoxas judías, donde muchos de ellos no leen diarios generalistas, no ven televisión y evitan utilizar internet. Además, muchas familias numerosas rezan en congregaciones tres veces al día y otras personas viven hacinadas en barrios que son regidos por las leyes de la Torá y las indicaciones de los rabinos. Esta forma de vivir los podría poner en peligro si es que el coronavirus se masifica en sus comunidades.

"La expansión (del virus) se debe en parte a que no cumplimos las reglas lo suficiente, porque la gente no las entendía. Además, tenemos mucha interacción social"

Tzipi Yarom, periodista haredí
Tal y como reportó EFE, el aislamiento en que viven y el regirse por las leyes religiosas antes que las civiles ha generado cierto rechazo en Israel y otras partes del mundo en donde viven.

En Londres han fallecido dos miembros de esta comunidad por covid-19 y en Nueva York se ha detectado cientos de contagiados entre sus seguidores, lo que ha provocado denuncias de violación al aislamiento e incidentes antisemitas.

En Israel, gran parte de estos fieles se han demorado más de dos semanas en aplicar las medidas entregadas por el Gobierno, y muchos de ellos las han aplicado luego de una serie de amenazas de intervención de fuerzas policiales. Los colegios y centros de estudios cerraron el 13 de marzo pasado, pero las "yeshivás" (escuelas talmúdicas) y sinagogas hasta hace pocos días atrás continuaban con sus clases, rezos y estudios de la Torá.

El lunes, la Policía realizó una redada en Mea Shearim, un céntrico barrio ultraortodoxo de Jerusalén, donde sacaron a fieles de las sinagogas a la fuerza y sancionaron con multas a los asistentes. Tras esto, la Facción Jerusalén –una de las más radicales- convocó a manifestaciones esta semana.

"La expansión (del virus) se debe en parte a que no cumplimos las reglas lo suficiente, porque la gente no las entendía. Además, tenemos mucha interacción social. En una familia europea, una persona tal vez pasa tiempo con otras diez en un día, pero nosotros, con familias tan numerosas, tres rezos diarios en sinagogas y todas las ceremonias, tenemos cientos de contactos cada día. La probabilidad de que todos en la comunidad estén infectados es, yo creo, cercana al 100%", detalló Tzipi Yarom, periodista haredí.

La influencia de la desconexión

La desconexión en la que viven estas comunidades con el resto de la sociedad también es una posible causa del aumento de contagios en los peregrinos.

Nechemia Melinovitz vive con su esposa y sus nueve hijos en un departamento de tres piezas en la ciudad de Jerusalén. Pero recién esta semana llegó una carta del Ministerio de Salud por correo a su casa con información y medidas tomadas por la pandemia. Esta es la forma en la que el Estado puede informar a los fieles, que utilizan unas pocas aplicaciones de mensajería o redes sociales. Su forma de comunicarse es, por sobre todo, boca a boca, con pasquines y escuchando a los rabinos.

Nechemia lamentó que las normas de confinamiento las hayan sabido tarde, ya que en esa comunidad hay un promedio de siete hijos por familia y justo hace dos semanas celebraron masivamente la festividad de Purim, bebiendo y bailando de las manos, mientras los demás israelitas cancelaban las celebraciones de la festividad por la propagación de la pandemia

Los haredim representan el 12% de la población de Israel (más de un millón de personas), y poblan casi un tercio de Jerusalén. Las ciudades en donde viven calzan con las zonas de mayor porcentaje de infectados del país, donde ya cuentan más de 4.000 infectados y 16 fallecidos.

Moti Ravid, director del centro médico Maynei Hayeshua, en la ciudad ultraortodoxa de Bnei Brak, expresó que la infección es "de cuatro a ocho veces mayor en estas comunidades que en otras partes de Israel" y advirtió que no se puede hacer mucho para controlarlo. "Si tienes familias de 10 o 12 personas en un departamento de dos piezas de 50 o 60 metros cuadrados, si uno está infectado, casi toda la familia lo está".

En las ciudades, los carteles del Ministerio de Salud que informan sobre el coronavirus son acompañados por otros sobrepuestos en los que se lee: "La verdadera solución a la pandemia es rezar y confiar en Dios".

7 feligreses murieron por coronavirus tras acudir a un culto religioso islamista en Nueva Delhi, India
Guilad Malach, director del programa sobre ultraortodoxos del Instituto de la Democracia Israelí, manifestó que la situación es sumamente compleja para estos fieles ya que "estudiar la Torá y rezar en la sinagoga es lo más importante en su vida y cambiar ese comportamiento es muy difícil". La opción de no rezar en "minián"(grupos de diez fieles) es "impensable". El aislamiento de estas comunidades, su distancia del resto de la sociedad, a la que consideran muchas veces impura y su falta de información hacen que ni siquiera sepan lo que ha pasado en China, o lo que ocurre en Italia, España o EE.UU..

Como la situación con estos fieles ha impactado también en Nueva York, uno de los centros de la pandemia, el gobernador del estado, Andrew Cuomo, prometió investigar las tasas de contagios en esas comunidades.

Según algunos analistas, estos temores han derivado en un aumento de ataques antisemitas. "Desde decir que los judíos han creado el coronavirus para vender vacunas hasta animar a infectar a las comunidades judías. Los supremacistas blancos, neonazis y otros utilizan el coronavirus para impulsar teorías de la conspiración, desinformar e incitar a la violencia", denunció Michael Masters, de la Red de Comunidades Seguras, en Estados Unidos.

Situación que se replica en otras religiones del mundo

Según The New York Times, en la ciudad siciliana de Palermo, el santuario montañés de Santa Rosalía, que se cree que salvó a Palermo de una plaga en 1625, continuaba abierto al público a fines de marzo cuando la crisis sanitaria en Italia era una de las más críticas del mundo producto del covid-19.

Según las restricciones del Gobierno, los italianos no pueden salir de sus casas, excepto en casos de emergencia hasta principios de mayo –tal y como se prorrogó el plazo esta semana- pero el reverendo Gaetano Ceravolo, principal encargado del santuario, detalló que unos 40 fieles habían subido al templo durante estos días para rezar y cumpliendo una distancia prudente entre ellos.

"Me entristece mucho que un lugar de oración y consuelo se haya convertido en un lugar de miedo", expresó Kim Jeong-ja, de 58 años, un feligrés sin iglesia en Seúl, Corea del Sur. "Me pregunto cuánto durará esto. Orar online viendo YouTube no es como ir a tu iglesia el domingo".

Mientras que algunos musulmanes egipcios han expresado a través de las redes sociales que "Dios estaba atacando a países no musulmanes" con el virus, a pesar de que en Egipto se contabilizan 200 casos de coronavirus confirmados y muchos más sin contar.

Aunque en gran parte de las comunidades religiosas parecen haber cambiado sus estilos de vida y cedido al confinamiento, el profesor Ravid cree que ya es demasiado tarde para evitar que el contagio siga expandiéndose entre estos fieles.
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