La temporada de huracanes del Atlántico atraviesa un escenario excepcional. Aunque el período se extiende hasta el próximo 30 de noviembre y septiembre suele concentrar la mayor actividad, hasta ahora no se formó ningún huracán en la cuenca, una ausencia que no se registraba a estas alturas desde 1914.
La situación resulta especialmente llamativa debido a las cálidas temperaturas del océano, que normalmente entregan la energía necesaria para el desarrollo de estos sistemas.
La principal explicación está en la influencia de "El Niño", fenómeno que altera los patrones atmosféricos y reduce las condiciones favorables para la formación de huracanes en el Atlántico. A esto se suman una intensa cizalladura vertical del viento y las frecuentes incursiones de polvo sahariano, factores que dificultan que las tormentas tropicales puedan organizarse y fortalecerse.
Sin embargo, los expertos advierten que este inusual período de calma no significa que el peligro haya desaparecido y anticipan que las condiciones podrían cambiar durante octubre.
El Atlántico sin huracanes
En 112 años, el Atlántico no había estado tan tranquilo.
El silencio sorprende a los expertos, pero también cumple con los pronósticos esperados por la influencia de "El Niño".
Este fenómeno suele aparecer entre cada dos y siete años y provoca un aumento de las temperaturas de las zonas central y oriental del Pacífico ecuatorial.
Al mismo tiempo, conlleva Al mismo tiempo, conlleva cambios en la atmósfera situada sobre sus aguas..
"Desde 1914 no llegábamos a estas fechas sin que se haya formado un huracán en la cuenca atlántica", dijo a EFE Samuel Biener, meteorológo del portal español Meteored.
"Es bastante llamativa esta ausencia, este silencio en el Atlántico, pero se está cumpliendo lo que decían los modelos y es un reflejo del "Súperniño" que se está produciendo en el Pacífico", explicó.
Representación satelital del huracán María. | Wikimedia
Eso sí, han habido varias tormentas tropicales, pero ninguna se logró consolidar para establecer un huracán (mínimo vientos de 118 km/h).
Lo anterior, debido a la gran influencia de "El Niño" que acapara toda la actividad ciclónica, altera las corrientes atmosféricas y, por tanto, minimiza la posibilidad de que se formen huracanes.
Las temperaturas del agua en el Atlántico son cálidas, perfectas para la formación de huracanes, pero existen otros factores que complican la liberación de esa energía acumulada en forma de calor bajo el agua.
Porque la presencia de "El Niño" no es lo único que frena la aparición de huracanes: "hubo cizalladura vertical del viento de récord este año y también la presencia de aire muy seco, que son los dos ingredientes que frenan el desarrollo de estos huracanes".
Huracán Erin captado por el NOAA. | Wikimedia
La cizalladura es un sistema de vientos cruzados y muy intensos que impiden que las tormentas tropicales puedan organizarse en la misma dirección hasta alcanzar la categoría de huracán.
"También desde prácticamente el mes de mayo están siendo muy habituales las intrusiones de polvo sahariano donde se suelen formar los gérmenes de los huracanes", especificó Biener.
Este polvo, una masa de aire seco y cargado de partículas, dificulta la formación y el fortalecimiento de las tormentas tropicales.
Los tres factores ("El Niño", cizalladura y polvo sahariano) provocaron una situación inusual en el Atlántico, pero que no permite bajar la guardia ante los huracanes.
Si hay un huracán... puede ser devastador
Biener argumentó que "probablemente" en octubre se den mejores condiciones para la formación de huracanes, como pequeñas fisuras en la cizalladura que puedan favorecer la creación de un huracán.
"Con que solo se forme un huracán que sea intenso y que toque tierra ya puede ser destructivo", advirtió.
La escala Saffir-Simpson contempla cinco niveles para medir la intensidad de los huracanes: los más devastadores, desde el 3 al 5, son los conocidos como "huracanes mayores", apuntó Biener.
Destrozos en Roseau, Dominica, tras el paso del huracán María. | Wikimedia
El 3 agrupa vientos sostenidos de 178 a 210 kilómetros por hora; el 4 de 210 km/h a 250 km por hora: "no hablamos de rachas, hablamos de sostenidos".
El 5, máximo, contempla rachas de viento de más de 250 km por hora que "prácticamente arrasan todo a su paso".
Aunque también existe la posibilidad de un hito histórico: que no se formen huracanes en el Atlántico este año por la influencia de "El Niño".
"Lo que sí que sería más raro, aunque ha pasado dos veces desde que hay registros (1907 y 1914), es que la temporada acabara sin que se formara ni un solo huracán" en el Atlántico, aunque señaló que en aquellos años no existían la tecnología actuales, por lo que no descarta que se formara alguno y no se pudiera medir.
¿Y el Pacífico?
En contraste al tranquilo panorama que se experimenta en el Atlántico, en la costa del Pacífico recientemente recibieron la llegada de un huracán.
Según informó el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el huracán Polo, de categoría 3, llegó este lunes a la península de Baja California con vientos máximos sostenidos de 185 kilómetros por hora y lluvias torrenciales.
Huracán Polo en el Pacífico. | AFP
La circulación de Polo ocasionó lluvias torrenciales, de entre 150 y 250 milímetros, en el centro de Baja California Sur y en el centro y sur de Sonora, además de precipitaciones muy fuertes en el norte de Sinaloa y zonas de Chihuahua.
También se esperan vientos sostenidos de entre 60 y 70 kilómetros por hora, con rachas de 80 a 90 kilómetros por hora, y olas de entre cinco y siete metros en las costas de Baja California Sur.
Las autoridades mantienen zonas de prevención por efectos de huracán en distintos puntos de Baja California Sur y Sonora, además de avisos por tormenta tropical que alcanzan hasta el norte de Sinaloa.
Al mismo tiempo, la tormenta tropical Rachel provoca fuertes lluvias y oleaje en el Pacífico sur mexicano.
Rachel se desplaza hacia el oeste-noroeste a 13 kilómetros por hora y genera lluvias muy fuertes en zonas costeras de Guerrero y Oaxaca, además de rachas de viento de entre 60 y 70 kilómetros por hora y oleaje de dos a tres metros.