Las despedidas de Pedro Aguirre Cerda: Cómo viven los vecinos de la comuna con mayor mortalidad por covid-19 en la RM

Hasta el momento han fallecido 146 habitantes de PAC, la proporción más alta a nivel regional con respecto a la población total. Impedidos de participar en ritos mortuorios, los habitantes despiden a sus conocidos con globos blancos y nuevos homenajes.

05 de Julio de 2020 | 08:00 | Por Consuelo Ferrer, Emol

Personas en la entrada del Cesfam de Pedro Aguirre Cerda.

El Mercurio/Archivo.
En la cuadra de Esteban González, en la población La Victoria de Pedro Aguirre Cerda, murió una pareja. Para despedirlos, todos los vecinos pusieron globos blancos en sus puertas para esperar el paso de la carroza. Recuerda también una muerte a pocas calles de su casa y otra de la que se enteró hace poco. "Se sabe que hay", dice.

Según el informe epidemiológico del 1 de julio, la comuna registraba hasta entonces 146 decesos por covid-19. En una población de 107 mil personas, corresponde a una tasa de 135,4 fallecimientos por cada cien mil habitantes. Es la cifra más alta en la Región Metropolitana y la segunda del país después de Camiña.

En los reportes anteriores se evidenció una aceleración de los decesos: en un periodo de cinco días se registraron 45 muertes. Si se comparan las inscritas hasta julio de los últimos cinco años en la comuna, que han sido en promedio 139, la cifra este año se ha elevado considerablemente: ya van 208. Si solamente se analizan los datos de junio, el alza es más drástica: 86 este año, versus 32 en junio pasado.

"Es un duelo colectivo", explica el concejal por la comuna, Rodrigo Lagos (DC). "Da impotencia despedir a tu deudo sin cumplir el rito, solamente verlo pasar por la calle. El ser humano se mueve por la cuestión simbólica, y hoy día no lo estamos teniendo. Eso te va a marcar un antes y un después".

Lagos también ha visto globos blancos en las puertas para acompañar el tránsito de una carroza siempre solitaria. También dice que ha surgido una nueva forma de homenaje: que el vehículo pase con el ataúd por los lugares que fueron significativos para el fallecido cuando estaba en vida.

Es lo que hicieron con Claudio Salinas, el jefe de gabinete del alcalde, que pasó por la municipalidad, por un club de rayuela que fundó y por la parroquia donde trabajaba. Lo último que Lagos le dijo, a través de un mensaje de audio, fue que tenían que compartir un trago cuando se mejorara. "Me dijo: pierda cuidado que nos vamos a ver", cuenta. "Eso fue lo último".

Las cifras de PAC


Este lunes, el ministro de Salud, Enrique Paris, expresó su preocupación por la comuna. "Los determinantes sociales han influido en forma negativa en el aumento de la cantidad de enfermos y en la mortalidad", dijo. En ella, aseguró, hay mayor proporción de adultos mayores y más personas con comorbilidades: diabetes, hipertensión, enfermedades cardiacas y pulmonares.

Las cifras indican que la comuna, con los años, ha ido envejeciendo. Según el Censo 2017, el índice de adultos mayores fue de 79,64 personas con más de 65 años por cada cien niños menores de 14, casi 24 puntos por debajo del promedio regional. De acuerdo al Censo de 2002, en ese momento habían 52,6 adultos mayores por cada cien menores de 14 años.

En PAC hay 79,6 adultos mayores por cada cien niños menores de 14, un envejecimiento que para el abogado Esteban González se explica por el "estigma" asociado a la comuna: "El éxito viene con migrar", dice

"Eso se arrastra principalmente de La Victoria", explica González, abogado e integrante de la Mesa de Unidad Social PAC, que surgió con el estallido social. "La capacidad de éxito de uno tiene que ver con migrar de la comuna. Los profesionales que salen de acá se van yendo, entonces van quedándose los viejos no más, que son los fundadores", cuenta. El territorio que comprende la comuna surgió hace 63 años, de la mano de quienes hoy tienen más de 75.

"La gente joven que estudia o que tuvo un buen pasar se va, no más. Somos pocos los que nos quedamos acá, y tiene que ver con ese factor histórico: el éxito viene con migrar de la comuna. Esta es una comuna popular, en la televisión se habla más del tráfico que de la organización social, y eso va impactando. La gente piensa que por ser de esta comuna no los van a contratar, es como un estigma", agrega.

Otros indicadores muestran que el problema social de PAC es complejo: según la encuesta CASEN de 2015, la tasa de pobreza por ingresos fue de 11,02 en la comuna, casi el doble de la cifra regional y por encima del promedio del país. Al ampliar la medición a la pobreza multidimensional, que considera otros aspectos más allá del numérico, el índice sube a un 30,98% de la población.

De acuerdo al Sistema Integrado de Información Social del Ministerio de Desarrollo Social, 9,8% de los habitantes de la comuna no tienen acceso a servicios básicos y existe un 18,9% de hogares hacinados. Esta es una de las razones indicadas por los propios vecinos como fundamental para el escenario actual.

Casas de diez


Los abuelos de Paulina Quinteros son feriantes, pero desde que comenzó la pandemia dejaron de ir a su puesto para protegerse del virus. Sus padres, en cambio, empezaron a vender cosas como "coleros" cuando quedaron cesantes. Así fue, creen, como su madre se contagió y llevó el virus a su casa, un espacio que comparten diez personas, incluyendo a sus dos abuelos, que son adultos mayores, y dos niños de 1 y 2 años. Uno de ellos es hijo de Paulina.

"Fue súper difícil tener algún tipo de aislamiento porque compartimos el baño", cuenta Quinteros a Emol. Cuando diagnosticaron a su mamá, no la enviaron a una residencia sanitaria. "No le preguntaron en qué condiciones vivía ni mucho menos llamaron para hacernos el test a nosotros", dice. Ella también se contagió, lo mismo sus hermanas.

"Fueron días muy difíciles como familia. Fue muy duro tener que separarme de mi hijo porque él aún toma pecho, jamás me había separado así de él y era muy triste saber que en las noches lloraba por su mamá. También saber que en otro lado está tu mamá, al igual que tú, luchando por su vida, es heavy"

Paulina Quinteros
"Fueron días muy difíciles como familia", recuerda. Su madre tenía una mancha en el pulmón, por lo que quedó hospitalizada en el Barros Luco, donde estuvo intubada. A los pocos días, a Paulina la internaron en el Lucio Córdova."Fue muy duro tener que separarme de mi hijo porque él aún toma pecho, jamás me había separado así de él y era muy triste saber que en las noches lloraba por su mamá. También saber que en otro lado está tu mamá, al igual que tú, luchando por su vida, es heavy", agrega.

Para el personal de salud solamente tiene agradecimientos, aunque aclara que "lo que necesitan no son aplausos, es más apoyo del Gobierno". "Luchan día a día contra la muerte con indumentaria mínima de seguridad para no contagiarse", cuenta. Del Gobierno, además, dice que no han recibido ninguna ayuda. En su casa solo su hermana y su marido están empleados, pero a él le avisaron que a fines de julio dejará de trabajar. Aunque los ingresos bajaron, asegura, en la Ficha de Protección Social aparecieron más altos.

Del covid, resume, les quedaron secuelas "no solo físicas, sino también emocionales". Ella tiene crisis de pánico y teme volver a contagiarse, que el virus entre de nuevo en su casa y que esta vez pueda tocar a su hijo o sus abuelos. "En mi barrio hay muchos contagiados, estoy en una de las comunas con más casos de mortalidad por el coronavirus", comenta.

La realidad de la casa de los Quinteros es común en la zona. "Nuestras viviendas son de entre 40 y 50 metros cuadrados y viven de ocho a diez personas", cuenta el concejal Lagos. González complementa: "Somos una comuna que tiene bastante hacinamiento y se hace complicado cumplir con las cuarentenas. Acá hay terrenos donde viven dos o tres familias, muchas veces llegan a ser más de diez personas".

La sombra del hambre


El alto número de habitantes por cada vivienda tiene dos consecuencias, dicen. La primera es el riesgo de contagio, pero también provoca que las estrategias del Estado sean menos eficientes: las cajas de mercadería, calculadas para familias de cuatro personas, no dan abasto.

En el barrio de González, cuando tuvieron un contagio, se organizaron para armar una caja con víveres y llevarla hasta la puerta de la casa, para que los infectados no tuvieran que salir a buscar alimento y exponer a los demás. Ante un nuevo caso confirmado, lo que hacen los vecinos es cerrar la cuadra con cuerdas y declararla en cuarentena. "Pero igual los vecinos tienen que salir a comprar", dice. El abastecimiento es otra de las preocupaciones.

Según el alcalde Juan Rozas (ind.), en la comuna entre el 70% y el 80% de los habitantes se abastece en ferias libres. Esto se da, explica González, porque son más baratas y porque en PAC solo hay un supermercado grande. Por eso no le hace sentido la medida tomada por la administración municipal de reducir a la mitad los días de feria, dejándolos en tres.

500 almuerzos entregan en el comedor popular en un fin de semana. Hace un mes hacían 70
"Nosotros dependemos mucho de las ferias, porque compramos ahí y porque la mayoría de nuestros vecinos son feriantes", cuenta. "Las ferias están en lugares estrechos y si limitas el funcionamiento aumentas las aglomeraciones. Uno esperaría que, en vez de reducir los días y perjudicar el empleo, buscaran una forma de reorganizarlas para que sean más seguras".

Desde la Mesa de Unidad Social PAC creen que ha habido una "desconexión grande" entre el municipio y las organizaciones sociales y dirigencias vecinales. Por eso enviaron una carta al alcalde el 6 de mayo pidiendo mayor comunicación, pero no han obtenido respuesta. "Los dirigentes sociales son los que tienen mayor vinculación con el territorio. Ellos son los que saben dónde se necesitan esas cajas de mercadería", dice.

Según el concejal Lagos, la entrega de cajas además tuvo errores logísticos, como encomendarle la labor a los funcionarios municipales, que también siguieron ejerciendo sus labores normales, en lugar de a las Fuerzas Armadas. "Si alguien moría, el trabajador social tenía que ir y hacer el informe porque nadie tiene plata para comprar el cajón y enterrar al vecino, y el día anterior estuvo entregando cajas de 9 a 6, de lunes a domingo", cuenta. González agrega que los vecinos también han organizado colectas para pagar los trámites funerarios.

Actualmente el concejal trabaja en un comedor social de la parroquia San Martín de Porres, en Lo Valledor, donde ha podido constatar que la comuna está pasando hambre. "Partimos hace un mes entregando 70 almuerzos los fines de semana y hoy estamos entregando cerca de 500", relata. Allí ha visto a personas que antes trabajaban en el cuidado de jardines en el sector oriente, ganando $400 mil mensuales, hacer fila para obtener almuerzo. "Verlos ahí angustia y te parte el corazón. Alguien que llega a hacer fila te está diciendo, sin decírtelo: lo necesito, estoy pasando hambre".

Además del problema de abastecimiento, lo que comienza a preocupar en la comuna es la llegada de un invierno crudo que hasta el momento ha mostrado temperaturas bajas y lluvias copiosas. "Se nos van a venir las enfermedades respiratorias comunes de este tiempo", advierte, y confiesa una preocupación fundamental para él: "Hoy la gente de Pedro Aguirre Cerda ya se está muriendo por coronavirus, pero pronto se va a empezar a morir de hambre y de frío".
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