"Una manchita en el lago". Así describió María Paz Bezanilla lo que ella y su familia vio el pasado domingo desde la casa en que veranean a la orilla del
Lago Ranco, en la Región de Los Ríos.
Y esa "manchita" no eran más que una familia, compuesta de padre, madre y tres hijos de 15, 12 y
un año y medio, además de dos amigos que se estaban ahogando, luego que el bote zodiac en el que se transportaban se hundiera.
Raúl, el padre de María Paz, bajó en moto a la orilla en compañía de su yerno, un trabajador y su nieta y se subieron a su lancha para ir en rescate de las víctimas.
Al llegar se encontraron con la madre que levantaba con sus brazos a la lactante y a los demás afectados. Braulio, el esposo de María Paz, fue el encargado de lanzarse al agua y rescatar en primera instancia a la guagua, luego a la madre y así sucesivamente.
El accidente
De acuerdo a lo que la familia le señaló a Bezanilla, el accidente ocurrió
20 minutos antes que fueran vistos y rescatados. Todo esto en Puerto Las Rosas, Isla Lleifa, comuna de Futrono.
"Ellos estaban cruzando antes que el tiempo se pusiera mal, con mucho viento, pero
se les echó a perder el motor, con lo que no pudieron seguir. Las olas eran muy altas y comenzó a entrar agua al bote y se les empezó a hundir", cuenta la influencer.
En el bote zodiac viajaban las siete personas y todas quedaron a la deriva en el agua. Trataron por todos medios de llegar a una isla, pero el viento los tiró a otro lado. Hasta que llegó Raúl Bezanilla y su lancha y los salvó.
La alerta llegó a la
Armada a las 16:30 horas del domingo. Ahí se dispuso que la patrulla marítima PM2521, dependiente de la capitanía Lago Ranco, se dirigiera a la zona.
Cuando llegaron ya los siete estaban a salvo, en la casa de los Bezanilla.
Se llamó a una ambulancia del CESFAM de Futrono y "milagrosamente", cuentan que nadie resultó con complicaciones de cuidado ni hipotermia.
María Paz Bezanilla resume que todo lo que vivieron ese día, "fue una segunda oportunidad. Fue unión, fuerza, amor, comprensión y apoyo. Fue ver cómo, frente a un accidente terrible, afloró lo mejor de muchas personas actuando juntas. También fue una lección sobre el respeto a la naturaleza. A veces, como humanos, nos creemos invencibles, creemos tener el control, pero cuando la naturaleza se manifiesta, no hay nada que discutirle. Solo queda respetarla. Ese día, el lago estuvo a punto de llevarse siete vidas. Y no es que se las hayamos quitado ni desafiado; más bien, el lago las devolvió. Nos permitió actuar, nos dejó llegar a tiempo. Hoy no queda una tragedia, queda una historia. Y, por suerte, queda un recuerdo vivo, una conciencia más profunda y un relato que vale la pena guardar para no olvidar lo frágiles que somos y lo poderosa que puede ser la humanidad cuando actúa unida".