Experto en neurociencia analiza el aislamiento: El "dolor social" se puede sentir como dolor físico

Según el doctor Lucas Canga, la situación es particularmente difícil para las personas extrovertidas, debido a que "necesitan tomar energía de afuera, y afuera están la pandemia y las noticias".

13 de Julio de 2020 | 08:01 | Por Consuelo Ferrer, Emol

Lucas Canga

UDP
"Además de la obvia pandemia del covid-19 y de la económica, más del 50% de la población mundial va a tener algún tipo de afección de índole mental. Cuando uno habla de mental, uno cree que es más etéreo, pero el cerebro participa en todo. Si ustedes comparan un 50% de la población con las personas que realmente se están afectando de covid-19, es abismal la diferencia. Significa que estamos frente a una gran pandemia de índole social y mental".

Es una de las primeras ideas que expuso este martes Lucas Canga en un seminario de Bupa. Es médico de la Universidad del Salvador, en Argentina, y doctor en Neurociencias Cognitivas Aplicadas en el mismo país, pero está radicado en Chile dentro de la Facultad de Economía y Empresa de la U. Diego Portales y en la Escuela de Negocios de la U. Adolfo Ibáñez. Desde hace 15 años, Canga usa la neurociencia para explicar el comportamiento humano y aplicarlo a las organizaciones.

"Nuestro cerebro está preparado básicamente para evitar las amenazas y acercarse a las recompensas, pero lo que a mí me gustaría plantear es la relevancia del 'cerebro social', porque el cerebro es un organismo social", explicó el experto. "Hay un montón de patologías y afecciones mentales que aumentan su incidencia, su prevalencia e incluso su morbilidad —significa que son peores en su expresión— cuando hay bajo nivel de contacto social".

Por eso, dice, el aislamiento puede tener consecuencias no únicamente emocionales sino que ellas también pueden llegar a mostrarse como dolencias físicas. "Cuando se hacen resonancias magnéticas funcionales u otros estudios que tienen que ver con las zonas que se activan cuando una persona siente dolor físico y cuando tiene dolor social, muchas se comparten. Esto quiere decir que cuando uno siente dolor social, siente en algún aspecto dolor físico", aseguró.

"Una persona se estresa socialmente porque está aislado, porque la familia puede llegar a enfermarse, porque tiene que trabajar largas horas. Estamos aislados, tenemos problemas, puede haber tensión de las relaciones familiares... todas esas cosas que uno pone arriba de la mesa quieren decir que nuestro cerebro podría estar frente a situaciones de dolor", agregó.

Menos creativos y menos flexibles


Para Canga, es importante entender que ese "dolor social" que puede manifestarse como dolor físico tiene consecuencias concretas. "Cuando uno está con dolor, ¿qué cosas puede hacer y qué cosas no puede hacer? Cuando estás con un dolor de cabeza muy fuerte, con una jaqueca muy importante, ¿puedes ser creativo? ¿Flexible? ¿Puedes relacionarte correctamente? La respuesta es no", dijo.

A eso, explica, hay que sumarle la profunda incertidumbre a la que se enfrenta el ser humano —"al cerebro lo complica no tener ninguna certidumbre ni poder hacer nada"— y considerar su impacto sobre el organismo. "Lo que se genera, cuando existe un dolor de ese tipo y no se puede hacer absolutamente nada, es que el cerebro actúa mediante el Sistema Nervioso Periférico y contagia a todo el cuerpo para que sienta lo mismo que él", expuso.

"Cuando uno está con dolor, ¿qué cosas puede hacer y qué cosas no puede hacer? Cuando estás con un dolor de cabeza muy fuerte, con una jaqueca muy importante, ¿puedes ser creativo? ¿Flexible? ¿Puedes relacionarte correctamente? La respuesta es no"

Lucas Canga
"El cerebro dice: yo no me quiero sentir estresado solo, entonces le voy a decir a todos los órganos del cuerpo, que son autónomos, 'estrésense todos'. Entonces vamos a tener un montón de síntomas y signos de estrés", explicó. Si bien el médico mencionó que existe un nivel mínimo de tensión que es necesario para "activar" y "mantener despierta" a la persona, en circunstancias como la actual eso se ve influido.

Desde hace aproximadamente seis meses, contó, se mide en los laboratorios de neurociencias cognitivas el efecto de la pandemia en la tolerancia al estrés. Además del nivel mínimo de tensión, existe un máximo, que es el que delimita la "extenuación". "El mínimo nivel queda, pero el máximo nivel se te pega, por lo que la gente tiene muy poquito ámbito de acción, de creatividad, de flexibilidad... de todo lo que hace normalmente", explicó.

La situación no afecta a la totalidad de la población de la misma manera. "Los extrovertidos lo sienten muchísimo más, porque las personas extrovertidas se conectan para sacar su energía. Dada su activación, necesitan tomar energía de afuera, y afuera están la pandemia y las noticias. Los introvertidos tienen un nivel de reflexión un poquito mayor, se desconectan, son un poquitito menos permeables", dijo.

Ante este escenario, Canga sugiere ejercitar la "teoría de la mente", que es la capacidad del cerebro propio de "tratar de predecir lo que le pasa a otra persona". Así, explicó, aumentaría la comprensión de que pasamos por un momento complejo que afecta el funcionamiento del ser humano y se podrían paliar sus efectos de forma comunitaria.
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