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Chile anotaría este año la peor recesión desde los 80: Cómo fue esa crisis, sus costos y qué medidas se tomaron

Según expuso ayer el ministro de Hacienda, Ignacio Briones, 2020 sería el peor año para los hogares chilenos desde el colapso bancario ocurrido hace ya casi cuatro décadas.

15 de Abril de 2020 | 13:14 | Por Tomás Molina J., Emol
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El Mercurio
"Sin duda" será el peor año para los hogares de los chilenos desde la crisis de los 80. Así proyectó el ministro de Hacienda, Ignacio Briones, lo que será el año 2020, al abordar anoche lo que significará el golpe que está provocando el covid-19 en el país.

"Eso es lo que dicen los números, hemos hablado siempre con mucha franqueza, se vienen tiempos muy difíciles, y por eso todo nuestro accionar y lo que nos quita el sueño, es tomar las medidas necesarias para proteger los ingresos de las familias chilenas", aseguró el jefe de la billetera fiscal ayer a CNN Chile, agregando que "Chile va a tener una recesión, se vienen meses muy, muy complicados".

Tan complejo el panorama que prevé Briones, que se remonta a una fecha en donde se vivió una de las crisis económicas más duras que ha enfrentado el país en su historia, cuando el sistema bancario nacional colapsó y el Estado debió tomar control de gran parte de las instituciones financieras.

El inicio

Era el mundo de hace cuatro décadas, los años de la "plata dulce": el motor de la economía mundial, Estados Unidos, venía creciendo a tasas en torno al 5% entre 1976 y 1978. Así, con la alta liquidez, vino el "boom" del consumo que se extendió al resto del mundo. Chile no fue la excepción.

Después de sortear la crisis del petróleo a mediados de los 70, la economía empezaba a recuperarse, con un Producto Interno Bruto (PIB) que volvía a remontar, empinándose en 1980 a un 7,9%. Y en medio de ello, la demanda doméstica por consumo privado y las inversiones de capital fijo habían aumentado rápidamente a cifras récord.

El país recurría en abundante ahorro externo de la banca privada internacional para financiarse, lo que se vio reflejado en los déficit en cuenta corrienta de 6,4% del PIB en 1980 y de 14,5% en 1981. Mientras Estados Unidos, en 1979, comenzaba a desacelerarse, con un crecimiento de 3,2%.

Al año siguiente, la situación empeoró en el gigante norteamericano, y entró en recesión con una caída de 0,2%. Un duro golpe para la economía chilena que dependía fuertemente de los mercados externos. Así se comenzó a cimentar la peor crisis que vivía el país desde 1930.

Los factores que llevaron a la intervención

Para entonces, Chile estaba inundado en dólares y abruptamente se cortó el financiamiento externo. A mediados de 1981 los niveles récord de consumo e inversión ya no eran sostenibles. Las tasas de interés subieron en todo el mundo y comenzó la recesión en Chile.

En ese entonces a nivel local operaba un esquema de tipo de cambio fijo y el precio del dólar anotaba un fuerte aumento, no menor considerando que las empresas y personas estaban altamente endeudas en la divisa estadounidense. También cayeron los precios internacionales de los productos de exportación, sumado a las altas tasas de interés y el fuerte aumento del precio del dólar, fueron los ingredientes que hicieron elevar la morosidad de los créditos y los bancos se fueron a pique.

Y ahí entró el Estado, ¿cómo? Interviniendo.

14,2%cayó el PIB chileno en 1982
En los dos años siguientes a 1981 la Superintendencia de Bancos (SBIF) intervino a 22 instituciones financieras que representaban un 60% del mercado. De hecho, los dos mayores bancos del país en ese entonces estaban entre los intervenidos: Banco de Chile y Banco de Santiago.

Algunas terminaron siendo liquidadas por el Estado, por problemas de liquidez e insolvencia, también se licitaron empresas estatales como Chilectra y la Compañía de Teléfonos.

En 1982 PIB de Chile cayó 14,2% y el desempleo alcanzó el 23,7%, mientras que el Gobierno decidió devaluar el peso en un 18% y el déficit de cuenta corriente llegó a 9,5% del Producto.

"Intervenimos a una parte importante de la banca para evitar el caos de la quiebra generalizada de las instituciones financieras y de otras empresas, con la finalidad de sanear la situación financiera de las empresas viables y permitir la reactivación económica, la que efectivamente se produjo", recordó el año pasado Rolf Lüders a La Tercera, quien fue biministro de Economía y Hacienda en la época.

Mientras que Guillermo Ramírez, quien entre 1981 y 1984 fue director del departamento de Estudios y del departamento de Supervisión de la SBIF, señaló al mismo medio que "el problema era inmenso, pues las carteras deterioradas de créditos bancarios no solo comprometían varias veces el patrimonio de las instituciones, sino que posiblemente equivalían al 25% del PIB a mediados de los 80".

Las soluciones y costo de la crisis

En un estudio que realizó para el Banco Central en 1997, Gonzalo Sanhueza detalló que las intervenciones a los bancos se dieron por transgredir las leyes y regulaciones que les eran aplicables y que estaban en situación de compleja insolvencia debido a las pérdidas que excedían su capital y reservas. Y en ese mismo estudio, expuso las tres, a su juicio, principales soluciones para la crisis.

En primer lugar, la liquidación de las instituciones financieras insolventes o transferencia de sus activos y pasivos a instituciones solventes. Segundo, la compra de cartera riesgosa sin recursos líquidos con compromiso de recompra. Y tercero, la compra de cartera riesgosa con recursos líquidos con compromiso de recompra, sujeto a utilidades.

"Intervenimos a una parte importante de la banca para evitar el caos de la quiebra generalizada de las instituciones financieras y de otras empresas, con la finalidad de sanear la situación financiera de las empresas viables y permitir la reactivación económica, la que efectivamente se produjo".

Rolf Lüders
Según Sanhueza, "los resultados mostraron que la tercera alternativa fue la más eficiente" para sanear la situación de insolvencia de un importante número de instituciones y las facilidades para capitalizar los bancos e incentivos para que recuperaran sus créditos riesgosos aceleraron el proceso de recuperación de la banca.

De acuerdo a sus cálculos plasmados en el documento titulado "Crisis de los bancos chilenos de los 80: Soluciones y estimaciones de costos", el costo de esta crisis fue de 35,2% del PIB.

En total, el Banco Central compró préstamos por un valor de 227 millones de UF entre 1982 y 1987, dice Sanhueza en el estudio. "Estos equivalían al 30% del total de préstamos pendientes del sistema para ese periodo y al 25% del PIB. La mayor compra de esta cartera se realizó en 1985, cuando alcanzaron el 8,6% del PIB de ese año", dijo, agregando que las compras totales de cartera se concentraron en más del 50% en dos instituciones: Banco de Chile (30%) y Banco de Santiago (24%).

De hecho, en abril del año pasado se cumplió un hito en esa línea, cuando SM-Chile, matriz del Banco de Chile, como último de los bancos que mantenía la obligación subordinada con el Banco Central pagó su última cuota, extinguiendo la deuda inicial de 56 millones de UF, y terminando con el último vestigio de la crisis de los 80.
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