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"Ángeles blancos", el personal sanitario arriesga sus vidas para atender a los infectados por el coronavirus en China

Son la principal defensa ante la enfermedad que tiene el país asiático, trabajan día y noche con los cientos de contagiados que ingresan a los hospitales para ser cuidados.

28 de Enero de 2020 | 06:25 | Redactado por Nicolás Uranga, Emol
AFP
Los bautizaron baise tianshi: ángeles blancos. El color se lo dan los trajes de plástico que los cubren de pies a cabeza. La condición celestial que se les concede viene de la voluntariedad con la que ponen en riesgo sus vidas. Si fuera una jornada ordinaria, los trabajadores sanitarios de Wuhan estarían ahora en sus casas, siguiendo la costumbre de celebrar en familia el estreno del Año Nuevo lunar.

Pero a casi una semana de la cuarentena en la ciudad, el coronavirus rebasó de nuevo el control de las autoridades. Los datos oficiales en China ya alcanzan 80 muertos y más de 2800 infectados.

Mientras tanto, las horas pasan y los "ángeles blancos" siguen prestando cuidados en primera línea, peleando contra el brote sin un momento de descanso y con medios cada vez más escasos. Ellos son los héroes de esta historia.

Aunque se vistan de ángeles, son solo personas, y como tales a veces se rompen. Los derrumbes emocionales del personal sanitario de los hospitales de Wuhan sacudieron las redes sociales chinas.

En uno de los videos que circula, una enfermera se lamenta"si descansamos nos tratan como traidores, solo la muerte nos espera aquí". Otro muestra tres cadáveres en un pasillo abarrotado que nadie tiene tiempo de retirar. El fallecimiento de Liang Wudong, médico de 62 años infectado mientras atendía a los enfermos, es buena muestra del riesgo que entraña el operativo y el sacrificio de aquellos que lo ejecutan.

En el distrito de Qiaokou, cerca del centro, están dos de los hospitales que más infectados acogen: el Tongji y el Wuhan Union. Ahí las medidas de seguridad son más flexibles que en el principal centro médico de la ciudad, el Jinyintian, cuyos accesos están protegidos por fuerzas de seguridad y lo que sucede en su interior se mantiene dentro de esas paredes, evitando así que el virus si propagando.

En el Tongji, en cambio, desde el otro lado del cristal puede verse un par de "ángeles blancos" moviéndose a toda velocidad entre un grupo de pacientes, en su mayoría ancianos y conectados a goteros. Es el vestíbulo, ni siquiera la sala de espera, y no hay ni una sola silla libre.

En el Wuhan Union las puertas están abiertas de par en par. Cuando dos trabajadores sanitarios entran cargando con una botella de oxígeno, una voz en la calle exclama: Jiayou, una expresión de ánimo.

Dentro del edificio los médicos atienden a los parientes de los infectados. Durante dos horas al día, el hospital permite que acudan a consultar el estado de salud de sus seres queridos, con quienes no tienen ningún modo de mantener el contacto, y a llevarles regalos y comida. Alrededor del mostrador se acumulan familiares disparando preguntas y, sobre él, bolsas de plástico cargadas de frutas. Al otro lado, una enfermera que no da abasto.

Un residente de Wuhan, Zhou recorrió la ciudad, grabando todo lo que sucedía y mostrando cómo la población de la ciudad se esfuerza por doblegar el brote. En su paseo llegó a un hospital. "Me dijeron que no podía estar ahí y que no estaba permitido grabar. Supe que lo hacían para protegerme, así que me fui", comentó.

"Los trabajadores sanitarios están desamparados", añadió, pero no tienen alternativa. "He visto a doctores y enfermeras colapsar y desmayarse: toda persona tiene un límite" concluyó.

Zhou comenta que está prohibido circular en vehículo particular y que las gasolineras tampoco permitirán cargar con bencina. De este modo, los residentes solo se pueden desplazar a pie o en bicicleta, lo que demuestra el bloque total que vive la urbe y la mala situación que se está viviendo ahí dentro.

A pesar de las complejidades los "ángeles blancos", lucharán contra el virus en lugar de dormir, mientras el número de víctimas sigue creciendo y el número de infectados aún más, lo que solo resalta lo complejo que es detener una enfermedad de estas características y los sacrificios de su labor.
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