"El mensaje es que es un partido de fútbol. No busquemos otra cosa". La oración es de
Lionel Scaloni, director técnico de la selección de fútbol de Argentina, tras ser consultado por sus sensaciones previo al trascendental partido entre el combinado trasandino y su par de
Inglaterra por las semifinales del Mundial 2026 que se juega en Norteamérica. Con estas palabras, el entrenador buscaba calmar los ánimos antes de un duelo que, ciertamente, para el pueblo argentino significa algo más que el paso a la final.
Más allá de la tradicional rivalidad deportiva entre ambas naciones, detrás de este partido -a jugarse este miércoles en Atlanta, EE.UU.- hay todo un contexto histórico marcado principalmente por la guerra de las Malvinas, que en 1982 enfrentó a Argentina con Reino Unido y dejó un saldo de 648 argentinos y 255 británicos muertos. Cuarenta y cuatro años después, la herida aún no cierra en el país vecino.
Así lo han dejado claro medios de comunicación e hinchas, que ven en este partido la instancia perfecta de mantener vivo el recuerdo de los soldados caídos y una causa soberana que perdura. Ese es el mismo mensaje que han transmitido algunos veteranos del conflicto que estuvieron en el campo de batalla.
"El partido entre Argentina e Inglaterra tiene una connotación especial para nosotros, porque despierta sentimientos muy profundos (...) Ganarles en un deporte que ellos crearon tendría un significado muy especial y sería una manera de mostrarle al mundo lo que representa para el pueblo argentino la Cuestión Malvinas", dijo Andrés Gazzo, quien combatiera en Malvinas, en conversación con el medio Tiempo de San Juan.
Este exsoldado añadió que "para un veterano de guerra,
ganar ese partido sería una caricia al alma. Son esos momentos en los que las lágrimas tienen otro significado".
Los hechos
Las islas Malvinas -Falklands según los británicos- se encuentran en el Océano Atlántico, a unos 600 kilómetros de la costa patagónica argentina. Se trata de un archipiélago de 11.718 kilómetros cuadrados que actualmente es administrado por Reino Unido y cuya soberanía reclama Argentina.
Se trata de una disputa que data de hace más de 190 años. De acuerdo con Argentina, las islas fueron descubiertas por miembros españoles de la expedición de Hernando de Magallanes en 1520, por lo que desde entonces quedaron "dentro de los espacios bajo control efectivo de las autoridades españolas", según documentos publicados por el Ministerio de Relaciones Exteriores del país vecino. Es por ello que, tras su independencia de España en 1816, Argentina reclamó los derechos sobre el archipiélago y ejerció soberanía desde 1820.
Por su parte,
Reino Unido asegura que las islas fueron descubiertas en 1592 por el marino inglés John Davis a bordo del barco Desire y que, casi un siglo después, en 1690, el capitán
John Strong llevó a cabo el primer desembarco registrado y nombró al territorio en honor al vizconde
Falkland. En 1833, a sabiendas que Malvinas representaba un territorio estratégico en el Atlántico Sur,
las fuerzas británicas expulsaron a los militares argentinos, tomando el control de las islas hasta hoy.
Tras la expulsión, Buenos Aires no abandonó su reclamo soberano del archipiélago y en 1964 logró iniciar negociaciones con Londres tras una resolución de la ONU, sin embargo, las conversaciones quedaron estancadas. La tensión creció aún más en 1982, con una guerra que se extendió por dos meses y medio.
El 2 de abril de ese año, tropas argentinas desembarcaron en Port Stanley (Puerto Argentino, según los trasandinos), capital de las Malvinas. El gobernador británico, Rex Hunt, se rindió, mientras que en Buenos Aires el dictador Leopoldo Galtieri anunciaba desde un balcón ante una multitud que Argentina había recuperado las islas Malvinas, Georgia y Sandwich del Sur.
Mientras el Consejo de Seguridad de la ONU exigía el cese inmediato de las hostilidades y la retirada de las fuerzas argentinas, la respuesta de Reino Unido -entonces gobernado por la conservadora
Margaret Thatcher- no se hizo esperar e inició
la movilización de más de 25.000 soldados y cerca de un centenar de buques de guerra.
El 25 de abril, las tropas británicas atacaron diversos puntos de las islas Georgia. El 1 de mayo, comenzaron los ataques aéreos contra Port Stanley/Puerto Argentino, a los que se sumaron diversos bombardeos por parte de buques de guerra.
Los daños fueron considerables para ambos bandos. Mientras el submarino nuclear británico Conqueror hundía el crucero argentino General Belgrano el 2 de mayo -ataque que acabó con la vida de 323 personas-, dos días después Argentina hacía lo mismo con el destructor Sheffield.
648soldados argentinos murieron en Malvinas
La guerra siguió avanzando. El 29 de mayo,
las fuerzas argentinas se rindieron después de una batalla de 40 horas en la llanura de Goos Green, en la isla Soledad, en el que fue el primer enfrentamiento terrestre de la guerra, donde murieron 17 soldados británicos y 47 argentinos.
Los enfrentamientos continuaban y Reino Unido intensificaba los ataques. La guerra concluyó el 14 de junio de 1982 con la firma de un alto al fuego que significó la rendición de Argentina.
El fin de la dictadura y la resurrección de Thatcher
A nivel político, la guerra de las Malvinas tenía un significado relevante. Tanto la dictadura militar liderada por Leopoldo Galtieri en Argentina como el gobierno de la primera ministra Margaret Thatcher en Reino Unido pasaban por momentos complicados a nivel interno marcados por el descrédito y un bajísimo respaldo popular. Esta guerra, por lo tanto, podría significar un logro rotundo o el peor de los fracasos.
En el caso de Argentina, el régimen militar era masivamente cuestionado tras seis años en el poder, en medio de una fuerte crisis económica y acusaciones de violaciones masivas a los derechos humanos, todo esto cuatro años después de casi haber ido a la guerra con Chile. Según historiadores trasandinos, Galtieri vio las Malvinas como la posibilidad de repuntar la popularidad y "pasar a la historia". Al menos así lo sintió al principio, cuando salió al balcón de la Casa Rosada y recibió el apoyo popular en una Plaza de Mayo repleta.
"La dictadura creó la fantasía del apoyo que tendría de Estados Unidos.
El plan era ocupar, negociar y retirarse. Pero al ver la Plaza de Mayo repleta desde el balcón, Galtieri decide quedarse", afirmaba el historiador
Felipe Pigna, en diálogo con AFP en 2022, con motivo de los 40 años del conflicto.
Similar opinión tenía el escritor, periodista y director del Museo Malvinas, Edgardo Esteban, quien combatió en 1982: "Fue un manotazo de ahogado de la dictadura cívico-militar que buscaba perpetuarse en el poder. Sucede que Malvinas es parte de la identidad y pertenencia de los argentinos", dijo al mismo medio.
"Se subestimó al enemigo a partir del vínculo con Estados Unidos y los elogios a Galtieri del presidente Ronald Reagan", añadió. Sin embargo, el plan no prosperó, Argentina perdió la guerra y este resultado propició la caída de la dictadura un año después.
En Reino Unido, en tanto, este conflicto salvó al Gobierno de Margaret Thatcher. A finales de 1981, tras dos años en el poder, la líder conservadora era la jefa de Gobierno más impopular en Reino Unido desde la Segunda Guerra Mundial, según las encuestas de la época. En medio de esto, las protestas crecían y crecían.
Todo indicaba que Thatcher dejaría pronto el Ejecutivo, sin embargo, su manejo de la guerra lo cambió todo. Desobedeciendo los consejos de asesores cercanos y bajo el riesgo de ganarse el repudio internacional e incluso provocar una posible intervención soviética en el conflicto,
la Mandataria ordenó el envío de tropas al Atlántico Sur. "Debemos hacer lo que sea necesario para recuperar esas islas", decía en una entrevista con el canal ITN el 5 de abril.
La jugada le resultó: Dos meses y medio después, Reino Unido ganaba la guerra y Thatcher era ovacionada en la Cámara de los Comunes. Un año más tarde, los conservadores ganaron las elecciones gracias al envión que significó el conflicto, sumado a las mejoras económicas. La líder derechista gobernó hasta 1990.
Situación actual
Al día de hoy, las Malvinas son uno de los 14 territorios británicos de ultramar. El archipiélago cuenta con una población de unos 3.400 habitantes y es gobernado por el diplomático Colin Martin-Reynolds, quien asumió el cargo en julio de 2025.
En enero de 2009, una nueva Constitución local otorgó a los habitantes de las islas su derecho a la autodeterminación, lo que fue rechazado tajantemente por Argentina, cuya Cancillería remarcó en su momento que los "habitantes de Malvinas no constituyen un 'pueblo' soberano con derecho a la libre determinación, sino una población implantada por la propia potencia colonial".
Desde Reino Unido, además, defienden
los resultados del referéndum celebrado en marzo de 2013, donde el 99,8% del electorado votó a favor de seguir siendo un territorio británico de ultramar.
Las autoridades argentinas desconocieron la consulta y han seguido con su lucha soberana hasta ahora. El pasado 24 de abril, el Presidente Javier Milei aseguró en el canal digital Neura que "nosotros estamos haciendo todo lo humanamente posible para que las Islas Malvinas vuelvan a manos de Argentina. La soberanía no se negocia, pero hay que hacerlo de manera criteriosa, hay que hacerlo con cerebro".
"No hay foro en que no hagamos el reclamo, estamos consiguiendo apoyos nunca vistos, como Chile", afirmó el Mandatario, destacando el respaldo explícito hecho por el gobierno de José Antonio Kast.
El Gobierno argentino ha tomado una postura más dura sobre Malvinas luego de una serie de cuestionamientos por parte de la oposición, que al principio de la Administración Milei acusaron al Mandatario de ceder ante los británicos y no defender la lucha histórica. Incluso, hubo una polémica luego de que un comunicado oficial mencionara a las islas como "Falkland".
El tema tomó notoriedad luego de que se filtrara un documento en el que Estados Unidos estudiaba quitarle el respaldo a las "posesiones imperiales" británicas, en represalia por la falta de apoyo a Washington en la guerra con Irán. En Reino Unido, en tanto, aseguran que el caso está cerrado.